Carlos FresnedaEnviado especial RomaActualizado S�bado,

junio

09:00D�as antes de su consagraci�n como el Papa Le�n XIV, Robert Francis Prevostconcedi� una entrevista al TG1 de la Rai en la que reconoc�a sus "momentos de duda sobre la vocaci�n" cuando estaba a�n en el seminario: "Cuando uno es joven piensa: mejor dejo esta vida y me caso, quiero tener hijos y llevar una vida digamos que normal, como la que hab�a visto en mi familia". Un a�o despu�s de haber sido elegido Papa, Le�n XIV visita Espa�a entre el 6 y el 12 de junio en la primera visita papal en los �ltimos 15 a�os.La influencia de su padre, Louis Marius Prevost, educador y catequista, fue sin embargo "fundamental" para ayudarle a elegir finalmente el sacerdocio. "El no era te�logo, pero hablaba de las cosas concretas. Me hablaba de la intimidad con mi madre, de la importancia del amor, y de lo importante que era conocer a Cristo en la vida"."Mi vocaci�n naci� en una familia muy cat�lica que se implicaba en la parroquia, por eso tuve esa experiencia parroquial de ni�o", recordaba el Papa cuando a�n era cardenal. "Ve�a la dedicaci�n de mis padres y la de los sacerdotes diocesanos, y eso hizo nacer en m� del deseo de convertirme en sacerdote".Prevost hace referencia tambi�n a su madre bibliotecaria, Mildred Agnes Mart�nez: "Ahora ellos est�n con Dios... Los dos nacieron en Chicago como yo, pero los abuelos eran todos inmigrantes, franceses y espa�oles"."Despu�s conoc� a mi familia religiosa, los agustinianos", agregaba el entonces cardenal. "Y tras un breve per�odo de discernimiento, conociendo tambi�n a j�venes que se hicieron agustinianos me dije: est� bien, voy a este seminario y ya veremos. De hecho, entr� en el seminario menor con 14 a�os y la historia sigui� avanzando".Estudi� en la escuela parroquial y al ingresar en el noviciado, y por influencia de sus amistades, ya ten�a claro que pertenecer�a a la orden que marc� su vida y con la que se ha convertido en el primer Papa agustiniano de la historia.Estudi� Matem�ticas y Filosof�a en su primera experiencia universitaria, aligerada por su afici�n al tenis. Y finalmente entr� en el noviciado. "Y as� acaba la primera parte de la historia, la de un chaval que vive con otros j�venes, conoci�ndose a s� mismo, lo cual es un tema importante tambi�n como hijo de San Agust�n, reconociendo el valor de la amistad y de la vida comunitaria".De la ciencia dio el salto a la teolog�a y finalmente se licenci� en derecho can�nico en Roma (donde perfeccion� su impecable italiano, una de las seis lenguas que habla). Al completar sus estudios sinti� "el deseo de ser misionero y no quedarme en mi pa�s, de participar de alguna manera en otro tipo de trabajo como sacerdote y como religioso".El destino le hizo partir hacia Chulucanas, en Per�, donde fue vicario parroquial, pasando por Trujillos y finalmente como obispo en Chiclayo, a cuya di�cesis salud� afectuosamente en espa�ol desde el balc�n de San Pedro. Entre idas y venidas, fueron m�s de veinte a�os como misionero en Per�, que acab� calando hondo en �l, hasta el punto adoptar la doble nacionalidad peruano-estadounidense.La parte final de la entrevista, que tiene algo de confesi�n personal, la dedicaba a su visi�n de la Iglesia, "no como instituci�n sino como comunidad de fieles, de m�rtires, con la presencia y el testimonio de hombres y mujeres que dan su vida incluso en situaciones de violencia y de guerra"."La Iglesia es una voz que ofrece gran esperanza al mundo", conclu�a Prevost. "Desgraciadamente, no todos tienen la voluntad de escuchar el mensaje. Y ese es un desaf�o muy grande para la Iglesia. Demasiadas veces la hemos dejando convertirse en una instituci�n. Y hay dimensiones institucionales, pero ese no es el coraz�n de lo que debe ser la Iglesia".