James Ellroy, a los 78 años, publica una nueva novela titulada Red Sheet (Hoja roja, o La lista roja, veremos cómo la traducen), que sale a la venta el martes próximo en el mercado de habla inglesa. Como es clásico para un escritor de super ventas con acceso directo al cine y en un rubro donde el morbo amarillista nunca deja de acaparar admiradores, como es el policial negro, brindó dos entrevistas promocionales, llamativas y provocadoras, algo que es su costumbre. Una publicada el 20 de mayo en The Hollywood Reporter y otra en The Guardian –el público británico es atractivo–, el miércoles pasado. No hay noticia sobre la meca del cine americano que se le escape a THR, además Ellroy es un hijo de Los Ángeles, del ecosistema del cine en su hábitat próximo. Su padre fue representante de Rita Hayworth, mientras que la madre –enfermera, alcohólica y promiscua– fue asesinada allí cuando James tenía 10 años. Con el crimen impune, la falta de crianza lo llevó a un abandono entre rufianes, alcoholismo, actitudes rebeldes (como ser nazi en un colegio judío), robos, drogas, detenciones y demás cataclismos. Esa fue su escuela existencial, junto con la biblioteca pública donde encontró la verdadera educación que lo salvaría del sacrificio inútil, con novelas de misterio y las anticomunistas de Mickey Spillane, un maestro de la conspiración propagandística. No sin soberbia, Ellroy aclara: “Soy más hammetiano que chandleriano. Creo que Chandler es un completo farsante; sus tramas no tienen coherencia y están plagadas de símiles que no funcionan, a pesar de que se desarrollan en Los Ángeles, y yo soy de Los Ángeles y estoy obsesionado con esa ciudad. Creo que Los Ángeles es una coincidencia afortunada en mi caso. La geografía es el destino. Nací en Los Ángeles, el epicentro del cine negro en 1948, en pleno apogeo de la era del cine negro”.