Aunque no todas las críticas fueran entusiastas, Casting Lear se convirtió en uno de los espectáculos-acontecimiento de la temporada pasada en Barcelona. El montaje de Andrea Jiménez hizo temporada en el Espai Lliure y fue un pequeño fenómeno, gracias al boca-oreja de los más teatreros, tanto en su temporada barcelonesa como en los bolos que hizo por Cataluña. Había muchas ganas, por lo tanto, de ver Contra Antígona: teníamos curiosidad por ver si la nueva propuesta de Jiménez conseguiría conectar de la misma forma con todo tipo de públicos. Y salimos del estreno un poco desinflados, la verdad. Contra Antígona parte de una buena idea y un dispositivo original para acabar desaprovechando a los dos, en un montaje de tono bastante escolar. El “contra” del título todavía lo estamos buscando, por cierto. El espectáculo empieza muy bien: la gran Olga Onrubia ejerce el papel de Corifeo y presentadora, entrando en escena al son del temazo History repeating de Shirley Bassey. La actriz es el simpático puente entre la platea del siglo XXI y la obra del siglo V antes de Cristo, y tras una brevísima introducción pide que se levanten aquellos espectadores que deseen participar en la obra. He aquí el quid de la cuestión: el coro de la tragedia será encarnado por catorce voluntarios del público, a los que se les proporciona una audioguía (como las que encontramos en los museos). Mònica Molins es la facilitadora y, como el apuntador de Casting Lear, irá dando en directo las instrucciones al coro. La idea es buena, repetimos, pero no acaba de estar bien desarrollada: los espectadores realizarán acciones sencillas en algunas escenas, pero la mayor parte del tiempo estarán viendo el espectáculo, de pie, desde el escenario. Espectadores privilegiados, sí, pero con poca tela que cortar. Reivindicamos el coro, pero no mucho. La tesis de Jiménez pretende desmontar el icono de Antígona como la gran heroína, la mujer que se rebeló contra el poder, y reflexionar si ella, como Creonte, no fue, también y en cierto modo, un poco tirana. La escena en la que el coro tiene que situarse del lado de uno o de la otra resulta un poco risible. Júlia Truyol encarna una Antígona fuerte y poderosa (vestida en negro y rojo por Silvia Delagneau) y el Creonte de Xavi Sáez es una mezcla de político en campaña electoral (dando la mano a los miembros del coro) y de rey enfurecido. La camisa que se convierte en túnica griega es otro gran acierto de Delagneau. Uno más. Los acompañan Clara de Ramon como Ismene, la hermana de Antígona que Sófocles hace desaparecer cuando ya no le interesa (y que tiene un mini epílogo en forma de chiste chejoviano bastante innecesario) y Marc Soler como resolutivo Hemón, con unos movimientos de danza urbana y parkour que descolocan bastante al personal. La escenografía de Judit Colomer muestra un estilizado templo en ruinas: las columnas partidas, los capiteles jónicos y las bases de piedra hacen las funciones de plataforma o púlpito para los protagonistas de la tragedia, bajo una iluminación elegante y pictórica de Andreu Fàbregas. La sustitución del ciego Tiresias por una niña-lazarillo (Bruna Luz / Nora Pàmies Ricart) y que Eurídice sea interpretada por la bailarina Arantza López Medina son, también, buenas ideas que se quedan un poco a medias. Esta Contra Antígona deja, no un mal sabor de boca, pero una sensación de oportunidad perdida. Y es una pena, la verdad, viendo cómo está nuestro mundo lleno de tiranos y falto de heroínas. Contra AntígonaIdea y dirección: Andrea Jiménez. Dramaturgia: Andrea Jiménez y Victoria SzpunbergReparto: Jan D. Casablancas, Clara de Ramon, Arantza López Medina, Bruna Luz, Nora Pàmies Ricart, Mònica Molins, Olga Onrubia, Xavi Sáez, Marc Soler y Júlia Truyol.Teatre Lliure. Barcelona.Hasta el 21 de junio
‘Contra Antígona’: tragedia, coro y audioguía
Pese al éxito de ‘Casting Lear’, el nuevo montaje de Andrea Jiménez deja, no un mal sabor de boca, pero una sensación de oportunidad perdida








