Habla

En los accidentes graves de carretera hay una figura en la que pocos piensan, la del mediador de seguros. Puede parecer la tarea menos urgente en esos momentos tan complicados, pero estos profesionales permanecen desde el principio al lado de las familias afectadas. Lo recuerda con claridad y emoción Josep Punset, 50 años de experiencia como agente en Occident: “No se trata solo de gestionar un expediente o una indemnización, sino de acompañar, explicar y dar tranquilidad en circunstancias difíciles”. Punset, que con 18 años ya trabajaba en una aseguradora, afirma como resumen de su carrera: “La satisfacción de ver a una familia agradecida porque les has ayudado a gestionar un tema tan delicado no tiene precio”. Ese trato cercano y empático no ha cambiado ni va a cambiar. Lo que sí ha evolucionado –EL PAÍS ha cumplido 50 años, España se ha modernizado, empresas como Occident han contribuido a este cambio– es la agilidad en la atención a los clientes, la inmediatez con la que se presta el servicio, la capacidad de anticiparse a las nuevas necesidades que surgen en la sociedad; el uso de la tecnología siempre respaldado con el trato y el tacto de un profesional, de una persona. “El seguro tiene mucho de humano”, abunda Punset, que en 1982 abrió su propia oficina de seguros en Olot (Girona) con 26 años. El negocio sigue activo. Su hijo Eduard Punset se sumó al proyecto en 2014. Eduard es ahora el gerente de la oficina, aunque Josep sigue aportando experiencia y visión estratégica. Es un negocio familiar, y a los clientes se los trata como si fueran familia.Cuando se pensaba que la máquina iba a acabar con el humano Eduard recuerda a través de su padre el temor que existía a principios de los 2000 por el crecimiento de internet: “Había un discurso bastante generalizado de que el modelo tradicional de mediación desaparecería. La realidad ha sido justamente la contraria”. El cliente puede hacer múltiples transacciones desde la web, desde la app, desde el teléfono; y ese ‘desde el teléfono’ también es llamar al mediador, visitarlo, preguntarle una duda, buscar consejo sobre inversión, pensar en el futuro de sus seres queridos, mirarse a la cara, entenderse. “Aportamos conocimiento, visión y compromiso. Estamos en el momento de contratar, pero también cuando hay un problema”, explica Eduard, que hasta su incorporación a la oficina de su padre había trabajado en el departamento de Recursos Humanos en una empresa cárnica. “El verdadero valor no está solo en el producto, sino en tener a alguien que te acompaña y te ayuda a tomar decisiones con criterio”, explica.