Actualizado a las 08:41h.
Alrededor de 61.850 reclusos habitan las cárceles españolas, lo que equivale a 113 internos por cada 100.000 habitantes, una cifra que sitúa la tasa de encarcelamiento de nuestro país en niveles moderados dentro del contexto europeo.
Su día a día en prisión está marcado por restricciones evidentes, pero también por ciertos espacios de normalidad. En función de su grado penitenciario, los presos pueden trabajar, participar en actividades formativas y deportivas o recibir visitas y llamadas de sus seres queridos. También tienen acceso a economatos donde adquieren productos de consumo cotidiano.
Este funcionamiento interno -cómo gestionan su dinero, qué pueden comprar, cuáles son sus rutinas o de qué manera mantienen el contacto con sus familias- es todavía desconocido por gran parte de la sociedad y suscita cierto interés en muchos. Y pocas personas lo conocen mejor que quienes trabajan al otro lado de las puertas de seguridad.
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