Una de las primeras enseñanzas que Laura González recibió de sus compañeros cuando entró a trabajar en una prisión fue nunca dar por hecho que un día iba a ser tranquilo. "Aquí no digas que el día va bien, porque en cualquier momento el día puede dar un giro totalmente inesperado", declara esta joven funcionaria de prisiones de 31 años en el exterior de la cárcel de Valdemoro, Madrid, donde lleva trabajando cuatro años.En este tiempo, sus jornadas de 14 horas de trabajo han sido generalmente similares. Recuentos, verificaciones de estado de salud, revisión de celdas y convivencia con los internos hasta que llega la noche y estos vuelven a la celda. Cada módulo, con 100 internos y dos funcionarios. Uno en la garita, otro en el exterior. En cualquier momento, eso sí, puede saltar la chispa."De repente los internos se empiezan a pelear y tienes que entrar y no sabes lo que te vas a encontrar. Lo único que sabes es que estás tú solo y ahí fuera hay 100. Ahora bien, los que se estén peleando, no lo sabes. Lo que tengan para pelearse tampoco lo sabes. Pero tienes que ir y tienes que intervenir, tienes que separarlos", explica González, que decidió voluntariamente trabajar en una prisión masculina, lo que hace que tenga que lidiar con situaciones de riesgo que se suman a las que viven la totalidad de los funcionarios en su día a día."Los internos que generalmente tienen comportamientos machistas lo que no quieren es ni hablar contigo. A mí me ha ocurrido con este tipo de internos el darles una orden y que su comportamiento sea totalmente desafiante, que te estén todo el día mirando, desafiándote, tratando de intimidarte, que les digas algo y automáticamente te contesten, te griten", relata la funcionaria. "Es complicado, pero la parte buena es que no es por parte de todos los presos".119 casos de violencia sexualLos sindicatos de funcionarios de prisiones vienen denunciando un aumento de las agresiones que vinculan con el incremento de la población reclusa en los últimos años. Estas agresiones afectan a funcionarios hombres y mujeres por igual, si bien estas últimas son víctimas también de acoso e incluso agresión sexual, según las centrales sindicales."En los últimos años ha habido un repunte tanto en número como en la gravedad en las agresiones que se están produciendo a los trabajadores de prisiones", declara Jorge Vilas, responsable Nacional de Csif Prisiones. "Tenemos claro que cuando se produce un incidente de estos es por una conjunción de motivos. Existe una sobreocupación ahora mismo en los centros penitenciarios de toda España, tenemos módulos de cárceles sin abrir por falta de personal, al no tener esos módulos abiertos, lo que se produce es una acumulación, eso genera una tensión, mayores incidentes reglamentarios y más agresiones".El sindicato Acaip-UGT, el mayoritario del sector, denunció en febrero un preocupante aumento de la violencia sexual contra funcionarias de prisiones en 2025 con 119 casos. Concretamente, los datos corresponden a ocho agresiones sexuales, 51 casos de acoso sexual y 60 incidentes por exhibicionismo o provocación sexual. Los datos los obtuvo el sindicato tras una consulta al Portal de Transparencia.Detrás del aumento de este tipo de incidentes está también el incremento de funcionarias en un cuerpo históricamente muy masculinizado y en el que, según fuentes sindicales, representan ya el 38% de la plantilla, según datos aportados por Instituciones Penitenciarias a 20minutos. Las próximas jubilaciones de una generación conformada casi en exclusiva por hombres no harán sino incrementar ese porcentaje."Cuantas más mujeres haya, es más factible que puedan tener también una agresión, porque están expuestas a los mismos riesgos que estamos expuestos las personas que trabajamos dentro, pero con una situación añadida, que es la agresión sexual o el acoso sexual", declara José Ramón López, presidente Acaip-UGT. "Ya se han producido en varias ocasiones y nosotros como sindicato lo hemos denunciado en varios centros".Las mujeres están expuestas a los mismos riesgos que las personas que trabajamos dentro pero con una situación añadidaFuentes de la Secretaría General Instituciones Penitenciarias, órgano dependiente del Ministerio del Interior que gestiona las prisiones en toda España salvo en País Vasco y Cataluña, señalan a 20minutos que "en 2022 se produjo un cambio metodológico en el registro de las agresiones ampliando en el apartado 'Sin lesiones' los supuestos y recogiendo casos que antes no se contabilizaban", a lo que se atribuye el ascenso numérico de las agresiones registradas. "Por ejemplo: empujones, escupitajos o arrojar agua, etc...", señalan estas fuentes.A pesar de las inquietudes iniciales, Laura Gómez tomó muy pronto la decisión de trabajar en una prisión masculina. "Es verdad que el tema de trabajar con presos que en muchos casos iban a estar condenados por violencia de género, por agresiones sexuales a mujeres o incluso que pudiesen tener algún odio irracional hacia las mujeres era algo que evidentemente me preocupaba y me generaba mucha incertidumbre", explica la funcionaria. "Pero trabajar en cárceles de mujeres es más complicado, están más demandadas, y yo quería trabajar aquí porque sabía que a esa situación de ser funcionaria con presos me iba a tener que enfrentar en algún momento. Pensé que era buena opción quitármelo desde el primer momento y así fue".Agentes de la autoridadEn el repertorio de reclamaciones de los sindicatos del sector para contrarrestar este supuesto aumento de las agresiones destaca la aprobación de una legislación que convierta a los funcionarios de prisiones en agentes de la autoridad. Esta figura -que ya fue aprobada en Cataluña en enero- les equipararía con policías y guardias civiles y supondría mayores penas para sus agresores y otra serie de ventajas, como la presunción de veracidad o el derecho a indemnización por parte de la Administración si sufren daños.El Congreso reactivó en abril una proposición de ley orgánica que reconocería esta posición a los funcionarios de prisiones que había planteado el PSOE dos años antes y este martes la Comisión de Interior de este organismo acordó, con el respaldo de PSOE, PP y PNV, reconocer a los funcionarios de prisiones como agentes de la autoridad, el paso previo necesario para que la norma sea finalmente votada en las dos cámaras legislativas para su aprobación antes del verano.El plan inicial de Paula, que prefiere mantener su anonimato tras un nombre ficticio, era opositar a Policía Nacional, pero no tenía la altura exigida hasta 2022 y "las pruebas físicas son duras y soy fumadora", recuerda ahora esta funcionaria de prisiones de 28 años. "Vi que prisiones no tenía físicas ni altura y dije, para allá que vamos, además que cuando me informé de las condiciones no lo dudé -turnos de tres días trabajados y cinco libres, es decir, 12 días de trabajo al mes-. Además, quería un trabajo con adrenalina ya que soy una persona bastante activa y con necesidad de emociones nuevas y un trabajo dinámico como este".Tras tomar algunas referencias de funcionarias que trabajan en cárceles de mujeres y habían tenido una mala experiencia optó por elegir una prisión masculina y aunque no considere que haya tenido un riesgo añadido por ser mujer sí que admite que le costó ganarse el respeto de los internos más que a sus compañeros. "Llego yo, una chica femenina con 28 años a dar órdenes a 100 tíos sin autocontrol, con la cara tatuada y unas pintas que acojonan pues te puedes imaginar que cuesta mucho, pero haciendo bien el trabajo acabas consiguiendo su respeto y a mí, a día de hoy, me respetan", declara Paula que, a pesar de todo, describe haber vivido agresiones en primera persona y sentirse desprotegida por la institución."Aunque suene machista y en realidad lo es, a nosotras nos tienen un respeto mayor por ser mujeres ya que los internos quedarían como débiles si pegan a una funcionaria mujer, es un lema de allí: 'Pegar a funcionario hombre ok, pero a una funcionaria mujer es de débiles'", declara la funcionaria, que no obstante fue víctima de un intento de agresión grave tras la que, lamenta, no ha habido consecuencias. "Un interno de 1,85 m me intentó lanzar un puñetazo, a mí que mido 1,63 m y sin previo aviso ni motivo, tenía trastornos mentales, nunca sabes cómo van a actuar. No le pasó nada y a mi casi me revienta la cara e igual me deja secuelas porque fue con mucha fuerza, de hecho él se lesionó mucho la mano ya que dio contra la pared al intentar darme. Ese tío no ha tenido ni una sola consecuencia, otra vez más que estamos vendidos".El mencionado reconocimiento como agente de la autoridad podría suponer un cambio en situaciones como esta, según defienden las funcionarias entrevistadas y los representantes de los principales sindicatos del sector. Para Paula, haría que los internos más violentos se lo pensaran dos veces antes de agredir a un funcionario debido a las repercusiones más graves a las que se enfrentarían."Si nos agreden es como si agredieran a una persona de la calle, por lo que la pena es mucho mucho menor que si agreden a un policía o un guardia civil. Eso hace que tengan mucho menos miedo de agredirnos porque las consecuencias son bastante leves, y si no hay parte grave de lesiones, solo lesiones leves no tienen condena penal ni multa ni consecuencias, es decir, agredirnos de manera leve o moderada les sale gratis", declara la funcionaria, que, a pesar de su relato, no reclama medidas específicas destinadas a proteger a las funcionarias: "Nadie me obligó a trabajar de esto siendo mujer por lo que sería también injusto pedir favores, ¿que no es igual yo con 60 kilos que un tío más alto y de 90 kilos?, correcto, pero ¿qué le hacemos?".Usar la psicologíaTras haber pasado un año trabajando en la cárcel masculina de Alcalá-Meco, Madrid, Blanca, otra funcionaria de 27 años que también prefiere usar un nombre ficticio, nunca ha sentido miedo por su integridad física trabajando con hombres, y de hecho, prefiere trabajar con ellos. Otra cuestión son las insubordinaciones y faltas de respeto, con las que la joven funcionaria lidia con psicología en una prisión que, según admite, no es especialmente turbulenta."Lo más conflictivo de Alcalá-Meco son los dos módulos de internos de entre 18 y 21 años. La mayoría son árabes o latinos. Entre latinos hay muchas bandas distintas y muchos se conocen de la calle o chocan y la mayoría de las peleas suelen ser en este módulo", explica Blanca. "Cuando estoy sola, quizá a lo mejor más con los árabes, que son mucho más machistas, es como: 'A mí no me vas a dar una orden'. Lo que hago es, en vez de dar una orden directa, en plan jefa marimandona, es mejor hacer como que me molesta: 'Tira, anda, pero ¿cómo vas a hacer eso? ¡Madre mía! Que ya eres mayorcito'. Y te suelen decir: 'Perdón, doña, lo siento'. Sin embargo, si yo doy una orden, por ejemplo, de no fumar, a lo mejor hasta fuman por joderme".A pesar de todo, a veces las situaciones de violencia se vuelven inevitables y los recursos con los que cuentan los funcionarios, son escasos. Desde los sindicatos se reclaman desde hace tiempo más medios y una formación específica a los funcionarios, más aún en un contexto de aumento de la población reclusa y de un mayor número de denuncias de agresiones por parte de las centrales sindicales."Necesitamos una formación específica tanto en materia de género, que es importante, como en materia de intervención porque cuando tú tienes que intervenir contra un interno que mide 1,90 m o 1,95 m y pesa 100 kilos y está todo el día haciendo pesas en el gimnasio del centro, pues tienes un problema importante, seas hombre o seas mujer. A lo mejor las mujeres un poquito más, pero seas hombre o mujer, tienes un problema", declara José Ramón López, de Acaip-UGT.La respuesta que funcionarios y funcionarias como Blanca dan a este tipo de situaciones, a falta de capacidad coercitiva, se basa más en actuar en grupo. "Nosotros tenemos pocos medios coercitivos que están en un armario y necesitas autorización del jefe para utilizarlos. Está la defensa personal, que es una porra, un spray, los grilletes y la fuerza personal que ya es un arma y es la que se utiliza, ¿por qué? Porque siempre tiene que ser proporcional a la fuerza que están utilizando contra ti y cinco funcionarios con cinco porras ya no es proporcional a un interno", explica la funcionaria. "Si se necesitan 20 funcionarios para reducir a un tío, pues 20 funcionarios, es lo que hay".Una vez más, para esta funcionaria la clave está en usar la psicología y tratar de evitar que el conflicto estalle o una situación de tensión con un interno pueda terminar en agresión. Recursos a los que cientos de nuevas profesionales que se están incorporando al sector están recurriendo ante su hándicap en cuanto a capacidad de intimidación física y que están cambiando la forma de trabajar en las prisiones."No se trata de ser benevolente, sino a lo mejor como de llevarles a mi terreno o intentar caer bien entre comillas", declara Blanca, que, a pesar de todo, no quiere generalizar con la conflictividad de las personas que cumplen condena en prisión. "Yo creo que quitando conflictivos, que además hay muchos que tienen problemas psicológicos o que son agresivos por naturaleza, siempre te tratan con respeto si tú les tratas con respeto. Incluso los internos que llevan 40 años ahí metidos, que no son nada profuncionario ni propolicía, te tratan con indiferencia".Si quieres contactar con 20minutos, realizar alguna denuncia o tienes alguna historia que quieres que contemos, escribe a pablo.rodero@20minutos.es. También puedes suscribirte a las newsletters de 20minutos para recibir cada día las noticias más destacadas o la edición impresa.
Funcionarias de prisiones en cárceles de hombres: "Algunos presos te desafían y tratan de intimidarte"
Las mujeres ya suponen el 38% de la plantilla del cuerpo de funcionarios de prisiones en un contexto de aumento de agresiones denunciadas por los sindicatos. En 2025, se produjeron 119 casos de violencia sexual contra funcionarias.









