No hay registros meteorológicos anteriores al siglo XVII. La medición más antigua se sitúa en el 1659 en el centro de Inglaterra. De ahí hacia atrás la única forma de estudiar el clima son los llamados "archivos naturales", básicamente los anillos de los árboles, testigos de hielo o sedimentos indicadores que permiten a los climatólogos reconstruir cómo actuaban los agentes atmosféricos hace miles de años. Sin tener formación científica, a finales del siglo XIX unos pescadores peruanos advirtieron que algunos años las aguas del Pacífico eran más cálidas en la costa de su país. El fenómeno, cuya causa desconocían, solía tener lugar en la época navideña por lo que empezaron a llamarlo "la corriente del niño", una denominación que con el tiempo hizo fortuna hasta quedar bautizada en la terminología científica como 'El Niño'. Siglo y medio después la ciencia no ha logrado precisar con exactitud qué es lo que determina el inicio de estos ciclos de enfriamiento y calentamiento en el océano Pacífico ecuatorial, aún entendiendo que guardan relación con las variaciones en la presión atmosférica y la velocidad y dirección del viento.De lo que sí tienen probada constancia es de la repercusión que el fenómeno tiene en la modulación del clima a escala planetaria. Los efectos de 'El Niño' son olas de calor exacerbado, sequías intensas y lluvias torrenciales, efectos devastadores que afectan de forma directa a áreas del Pacífico pero que indirectamente inciden en otras partes del planeta con tendencia hacia veranos más intensos y calurosos, inviernos más húmedos, menos fríos y con fuertes precipitaciones. Lo cierto es que la ONU acaba de alertar sobre la inminente formación de un episodio de 'El Niño' que, según pronostican, provocará un calentamiento de gran impacto mundial que se sumará al cambio climático causado por la actividad humana. Es la conclusión a la que han llegado los climatólogos de Naciones Unidas tras constatar que entre finales de abril y mediados de mayo la temperatura de la superficie en el océano Pacífico superaba en 6 grados el promedio habitual. Los científicos de la Organización Meteorológica Mundial, considerados como la fuente de información más autorizada del planeta en este campo, sitúan en un 80% por ciento el nivel de probabilidad de que se produzca un episodio de calentamiento ya entre junio y agosto y de un 90% de que el fenómeno se alargue hasta noviembre. El propio secretario general de la ONU, Antonio Guterres, ha lanzado la alarma global sobre los efectos devastadores que puede tener el que "El Niño avive el fuego del calentamiento global" y pide a la comunidad internacional que lo trate como la grave alerta climática que es. Su mensaje incide en la necesidad de proporcionar sistemas de alerta temprana que protejan a los mas vulnerables además de reiterar la necesidad de acabar cuanto antes con la dependencia de los combustibles fósiles acelerando al máximo el tránsito a las energías renovables. Un mensaje que no deberíamos orillar aquí en España y en todo el Mediterráneo donde ya experimentamos los estragos de las olas abrasadoras con esos incendios inapagables que arrasaron el pasado verano casi cuatrocientas mil hectáreas de nuestro medio natural. El de mayo pasado ha sido el mes con más muertes por calor desde que hay registros. Lo del clima no es asunto menor.