Cuando un fenómeno como El Niño fuerte se superpone a una atmósfera ya recalentada, los efectos se multiplican (Imagen Ilustrativa Infobae)Hay fenómenos que la ciencia puede anticipar con semanas de antelación. Y hay otros que se ven venir con meses, e incluso años. El Niño 2026-2027 pertenece a la segunda categoría. El Centro de Predicción Climática de la agencia del Océano y la Atmósfera de Estados Unidos (NOAA) confirmó una probabilidad del 82% de que el fenómeno se desarrolle entre mayo y julio de este año, y del 96% de que continúe a lo largo del invierno boreal 2026-2027. Algunos lo llaman Súper Niño. Otros, directamente, Niño Godzilla. Las lecturas actuales sugieren que el fenómeno 2026-2027 podría ser el más intenso de la historia moderna. Lo que lo hace diferente de todos los anteriores no es solo su magnitud proyectada, sino que llega sobre un planeta que ya viene batiendo récords de calor año tras año. Cuando un fenómeno como El Niño fuerte se superpone a una atmósfera ya recalentada, los efectos se multiplican. La ventana para actuar existe. Pero no es indefinida.La historia tiene una memoria climática más larga que la nuestra. Hace casi 150 años, entre 1877 y 1878, el mundo vivió un evento de características análogas. El saldo fue devastador, ya que se calcula que entre 30 y 50 millones de personas murieron por hambre y falta de agua, aproximadamente el 4% de la población mundial de entonces. Las sequías destruyeron cosechas simultáneamente en India, China, Brasil y partes de África; las inundaciones arrasaron las costas del Pacífico sudamericano; y las epidemias completaron la catástrofe sobre poblaciones ya debilitadas.PUBLICIDADLa diferencia es que en ese entonces no existían sistemas de pronóstico ni alertas tempranas. El Niño tiene sobre nuestro territorio una firma reconocible. A partir de la primavera de 2026 se consolidaría una señal húmeda en el noreste argentino, con anomalías de precipitación superiores a 100 mm. Durante el verano 2026-2027, el núcleo lluvioso cubriría Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe y el noroeste bonaerense. Se espera también mayor frecuencia de tormentas severas, inundaciones repentinas y olas de calor, con impacto directo sobre la producción agropecuaria, la disponibilidad de agua y la infraestructura. El momento más crítico coincide exactamente con la campaña gruesa: la influencia más marcada se espera entre octubre de 2026 y marzo de 2027, el período clave para soja y maíz.PUBLICIDADLa región tampoco llega en buenas condiciones. El informe más reciente sobre el clima en latinoamérica de la Organización Meteorológica Mundial, presidida por la argentina Celeste Saulo, describe una América Latina que ya registra señales “inequívocas” de cambio climático: temperaturas históricas, glaciares andinos en retroceso acelerado, sequías que afectaron el 85% del territorio mexicano, déficits hídricos del 40% en el sur de Sudamérica, y un huracán que en 2025 le costó a Jamaica el equivalente al 41% de su PBI. El mensaje es contundente respecto a que los eventos extremos ya no son excepciones sino la nueva normalidad.Aquí es donde el análisis debe convertirse en acción. Porque lo notable (y llamativamente poco discutido) de este momento es que tenemos algo extraordinariamente valioso: la capacidad de anticiparnos.PUBLICIDADLa antelación científicamente respaldada es un privilegio histórico. Y ese privilegio se traduce en tres conversaciones urgentes que las economías regionales, los gobiernos provinciales y el sector privado deben tener ahora, no cuando las cosas sucedan.La primera conversación es hídrica. Las cuencas del Paraná, el Uruguay y el Salado tienen comportamientos conocidos bajo El Niño. Las cámaras agropecuarias, los consorcios de riego, los municipios ribereños y los operadores logísticos pueden ya hoy revisar protocolos, actualizar seguros, ajustar calendarios de siembra y planificar contingencias para el exceso hídrico. Quien lo haga primero, pierde menos.PUBLICIDADLa segunda conversación es productiva. El Niño 2026-2027 no solo trae riesgos sino también oportunidades. Las economías del norte argentino, históricamente golpeadas por la sequía, podrían ver mejoras en la disponibilidad de agua. Las economías del centro-este deben preparar su infraestructura para absorber el exceso sin colapsar. El sector energético debe anticipar variaciones en la demanda y en la generación hidroeléctrica. Esto requiere planificar de manera oportuna y responsable.La tercera conversación es institucional. Los sistemas de alerta temprana son infraestructura crítica, exactamente igual que una ruta o un puente. La OMM fijó como meta global para 2027 que ninguna comunidad quede sin cobertura de alertas tempranas. La Argentina tiene una red meteorológica de más de 150 años de historia y capacidad técnica reconocida internacionalmente. Fortalecerla es sentido común económico. Cada hora de anticipación ante un evento extremo se traduce en vidas protegidas y pérdidas evitadas.PUBLICIDADEn 1877, nadie sabía lo que venía. Hoy lo sabemos con algunas semanas de anticipación, con modelos climáticos de alta resolución, con series de datos históricas y con experiencia acumulada en gestión de riesgos. La diferencia entre una catástrofe y una crisis manejable no la hace el fenómeno. La hace la preparación que elegimos tener antes de que llegue.