El Niño de 2026-2027 va a ayudar a consolidar la aceleración del calentamiento del planeta. Eso dicen científicos como James E. Hansen, considerado el padre del concepto de calentamiento global. Lo cierto es que los modelos estacionales apuntan a que el Niño que llega va a ser de una intensidad moderada a fuerte.Pero vayamos por partes, ¿qué es el Niño? Se trata del calentamiento anómalo de las aguas del océano Pacífico tropical. Sucede cada pocos años (entre 5 y 8) y desencadena una cascada de efectos que alteran el clima en regiones situadas a miles de kilómetros de distancia.Es una de las dos fases extremas del ciclo conocido como ENSO (El Niño-Oscilación del Sur). La fase opuesta es La Niña, con aguas más frías de lo normal (la última ocurrió entre 2024 y 2025). El Niño dura normalmente entre 9 y 12 meses, aunque algunos episodios muy fuertes pueden prolongarse hasta 18 meses.El peor desastre ambiental jamás vistoEn sus manifestaciones más intensas, El Niño provoca estragos en la zona intertropical y ecuatorial debido a las intensas lluvias, afectando principalmente a la región costera del Pacífico de América del Sur. Es lo que pasó en una dimensión nunca vista en 1877: el SuperNiño, una de las mayores crisis climáticas y alimentarias de la era moderna.Se le considera el peor desastre ambiental que jamás haya sufrido la humanidad: mató a unos 40 millones de personas, un 4% de la población mundial de ese momento. El SuperNiño fue un conjunto de anomalías oceánicas que empezaron en 1876 y no acabaron hasta 1878.Aquella "tormenta perfecta" tuvo lugar al juntarse dos fenómenos. Por un lado, el Niño indio, el dipolo del Océano Índico (una oscilación irregular de las temperaturas superficiales donde la parte occidental del Índico se vuelve más tibia o más fría, que la parte oriental). Y por otro, aguas anormalmente cálidas en el Atlántico Norte. La unión de ambos factores desajustó los regímenes de lluvia y arruinaron las cosechas en varias regiones del planeta.Hambrunas, enfermedades y crisis socialesSe estima que murieron entre 30 y 50 millones de personas por hambre y falta de agua. Y ocurrió en medio planeta. En la India y China tuvieron sequías catastróficas; en la costa pacífica de Sudamérica, especialmente en Perú y Ecuador, hubo lluvias torrenciales; en el noreste de Brasil padecieron una sequía histórica, con desplazamientos poblacionales; y en Asia sudoriental sufrieron pérdidas masivas de cultivos y incendios.En realidad, fue una cadena de anomalías que incluyó años previos de enfriamiento en el Pacífico tropical, seguida por un Niño extremadamente intenso (1876–78), un dipolo índico de récord y temperaturas inusuales en el Atlántico Norte. Así lo describe el estudio Climate and the Global Famine of 1876–78, publicado en Climate Journal de la American Meteorological Society.En India, China, partes de África y Brasil, la falta de lluvia provocó la pérdida de cosechas, desencadenando hambrunas generalizadas, enfermedades emergentes y crisis sociales, detalla Meteored. Porque, además de las muertes directas por inanición, las sociedades sufrieron colapsos económicos, perturbaciones sociales y profundas desigualdades que marcaron el inicio de transformaciones geopolíticas importantes.¿Puede repetirse? ¿Cómo de fuerte será el Niño 2026?¿Se puede anticipar El Niño? Con limitaciones. Los modelos pueden predecir su inicio con 6 a 9 meses de antelación, explican en Meteo. Entonces, ¿puede repetirse un episodio como el de 1877?Los modelos apuntan a un Niño fuerte en 2026–2027. Como ese Niño llegará con un planeta aún más cálido (no hemos frenado el cambio climático), algunos científicos se temen una conjunción letal. Ya se calificó de "fuerte" El Niño de 2023-24, que contribuyó al récord de temperatura de 2024.Un SuperNiño es poco frecuente. El período sostenido más reciente tuvo lugar entre 2015 y 2016, aunque se registraron unos meses de Niño fuerte a finales de 2023. Ahora, el Centro de Predicción Climática de Estados Unidos sugiere que hay una probabilidad de alrededor del 33% de que ocurra entre octubre y diciembre de este año.El North American Multi-Model Ensemble de la NOAA (Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de EEUU) proyecta "el Niño más fuerte registrado" entre octubre 2026 y enero 2027, con un pico de 3,1 °C más en noviembre. Lo contaba hace unos días el meteorólogo del Washington Post, Ben Noll:La tesis de Noll es que lo que llega se parece a lo de 1877. Es lo mismo que sostiene el colombiano Diego Restrepo, profesor de Ciencias del Agua y Gestión del Riesgo de Inundaciones. "El Niño se está intensificando rápidamente, y ahora 8 de 10 modelos apuntando a un súper evento y cuatro proyectando el más fuerte registrado", asegura.Un Niño sobre un planeta más cálido aumenta la probabilidad de olas de calor, sequías y eventos hidroclimáticos extremos. Belén Rodríguez Fonseca, catedrática en la Universidad Complutense e investigadora del Instituto de Geociencias (IGEO), lo explicaba en la televisión de Castilla-La Mancha así: cada Niño puede elevar por etapas la temperatura media global, y las Niñas no bastan para revertir por completo esa subida acumulativa.También es cierto que en 1877 el verdadero problema no fue tanto el SuperNiño como su gestión. Las políticas coloniales y la mala gestión de recursos aumentaron la mortalidad durante aquella hambruna, explica Francisco Jiménez Espejo, paleoclimatólogo del CSIC. Hoy, se supone que lo sabremos hacer mejor: contamos con sistemas de alerta temprana, redes de asistencia internacional y tecnologías agrícolas que ayudan a anticipar sequías y movilizar recursos.Pero Restrepo tiene sus dudas: "A pesar de contar con más información y conocimiento, hoy tenemos océanos más calientes, ecosistemas mucho más vulnerables y una biodiversidad en colapso". El científico considera que todo ello "podría generar impactos en la salud y riesgos para la seguridad alimentaria, hídrica y energética".
Así fue el SuperNiño de 1877, el evento que acabó con el 4% de la población del planeta
Entre 30 y 50 millones de personas murieron por hambre y sed a partir del calentamiento anómalo de las aguas del océano Pacífico tropical.












