CineJon�s Truebas remonta, rehace, revive y pinta de colores su pel�cula fundacional de hace ahora 13 a�osAura Garrido y Francesco Carril en Los ilusos 13 +13.Actualizado Jueves,

junio

21:05Alain Bergala —franc�s antes que solo cr�tico y cineasta— estaba convencido de la necesidad de crear un v�nculo entre hacer y ver cine. Lo suyo ten�a mucho de pedagog�a de nuevo cu�o, de revoluci�n pendiente, pero tambi�n de actitud delante y detr�s tanto de la pantalla como de la c�mara. Y, apurando, de la misma vida. Jon�s Trueba lleva a�os, alguno m�s que solo 13, empe�ado en convertir el cine en algo m�s. M�s que una expresi�n art�stica, m�s que un oficio, m�s que una manera elegante de evitar unas oposiciones, m�s que una tradici�n familiar, m�s que casi todo lo dem�s. Ni m�s ni menos. El suyo es un cine que se hace y deshace a medida que avanza, que se mueve por la pantalla como la expresi�n de un deseo. Pero no un deseo de algo, sea determinado o abstracto, sea cercano o muy lejano, sino m�s bien el deseo mismo de desear. Suena l�rico, quiz� tremendo, aunque en realidad es simplemente la voluntad de colocar en alg�n lado la obligaci�n de la utopia. Sin cinismos y muy consciente de la ingenuidad de una proclama que tambi�n es provocaci�n, no es tanto cine para ver como para montar. Cine que se busca en cada plano.Todo lo anterior, en su confusi�n y entusiasmo, qued� claro no tanto en la primera pel�cula como en la segunda. Fue en 2013 (es decir, hace 13 a�os) cuando Jon�s Trueba sorprendi� con una pel�cula esencialmente peculiar. Los ilusos, as� se llamaba aquel prodigio pintado antes que solo proyectado en el aire, acababa con un cr�o con los pies enredados en cinta un viejo VHS. Aquella imagen acab� en el cartel de la pel�cula y, a su modo, en manifiesto. La pel�cula contaba la historia de un joven cineasta (Francesco Carril) algo (o muy) pedante detr�s de completar una pel�cula sobre el suicidio a la vez que hac�a esfuerzos por ordenar su vida sentimental (es decir, follar). En realidad, el argumento no era m�s que una excusa para narrar el propio proceso de elaboraci�n de la pel�cula que est�bamos viendo. Pero no, como tantas otras veces, en clave metacinematogr�fica (cine de cine), sino m�s bien dejando que la propia pel�cula explicara sus errores, sus intenciones, sus tentativas, sus citas y, por qu� no, sus aciertos. Ver, vivir y hacer cine se convert�an en lo mismo en el reducido espacio de cuatro calles del barrio madrile�o de Lavapi�s. Tal cual.Ahora, lo que hace el director es seguir con el proyecto original dando carta de validez a ese primer intento. De por medio, han pasado, ya se ha dicho, 13 a�os y media docena de largometrajes, pero el impulso original se mantiene intacto. La nueva pel�cula a�ade im�genes en color, sustituye otras, alarga las menos y, sobre todo, ofrece la posibilidad de revivirlo todo. Se trata de volver a ver, para verlo todo por primera vez. Es nostalgia, pero no de la mala. Es nostalgia que, en verdad, es m�s recuerdo y aviso para navegantes. Es una preciosidad que ofrece al espectador la posibilidad de asuntos tales como repensarse, volver a desear y, ya puestos, avergonzarse. S�, da mucha verg�enza recuperar lo irrecuperable, pero tambi�n es cierto que nada comparable a revivir la emoci�n de una emoci�n ya olvidada. —Direcci�n: Jon�s Trueba. Int�rpretes: Francesco Carril, Aura Garrido, Vito Sanz, Isabelle Stoffel. Duraci�n: 93 minutos. Nacionalidad: Espa�a.