Lo que en principio se veía en Alemania como una votación sin grandes quebraderos de cabeza acabó convirtiéndose el miércoles en un jarro de agua fría. El país aspiraba con salir de nuevo elegido como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU —un puesto que ha ejercido anteriormente, en distintos períodos—. Pero no lo logró: fue derrotado por las candidaturas de Portugal y Austria.Mientras en los corrillos políticos de Berlín se alzan las voces que exigen que se tomen medidas tras este fracaso, en los principales medios se habla de la “arrogancia alemana” y de la brecha existente entre la imagen que Alemania tiene de sí misma y su prestigio en el mundo, así como entre los valores que proclama y la realidad de su política exterior.El Consejo de Seguridad, compuesto por 15 países, es el único órgano de la ONU que puede adoptar decisiones jurídicamente vinculantes, como autorizar operaciones militares o imponer sanciones. Solo cinco de esos 15 países son miembros permanentes y tienen, por ello, capacidad de veto: Reino Unido, China, Francia, Rusia y Estados Unidos. Los otros diez puestos se reparten entre países de distintas partes del mundo, y van siendo renovados por períodos de dos años.El fracaso de Alemania en la votación del miércoles, a la que llegó confiada y segura de su éxito, ha sido a lo grande: obtuvo solo 104 votos, muy lejos de la mayoría de dos tercios necesaria, que se situaba en 127. Fue derrotada por Portugal, que obtuvo 134 de 190 votos emitidos, y por su vecina Austria, que obtuvo el apoyo de 131 países miembros. Estos dos países de la UE ocuparán así, durante un periodo de dos años (2027-2028), los dos puestos que había reservados en esta convocatoria para Europa Occidental en el Consejo de Seguridad. Para Alemania —el Estado más poblado de la UE, el segundo mayor contribuyente de la ONU y la tercera economía más grande del mundo— se trata de una humillación. El país reclama desde hace tiempo un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y, hasta que lo consiga, aspira al menos a ser elegida cada ocho años como miembro no permanente.Desde la reunificación alemana en 1991, eso siempre había ocurrido: en las seis ocasiones en las que el país presentó su candidatura para ocupar ese asiento, lo logró. Hasta ahora. En 2018, por ejemplo, Alemania obtuvo 184 votos. ¿Qué ha ocurrido en este tiempo? ¿Por qué el Gobierno del canciller Friedrich Merz ha perdido una votación que se veía como una pura formalidad?El primero en intentar analizarlo fue el ministro de Exteriores alemán, Johann Wadephul, que calificó el resultado de “amarga derrota”. Wadephul afirmó que, en algunos temas, se tienen “posturas que no siempre comparten todos los Estados miembros”, y citó como ejemplo el “apoyo inquebrantable a Ucrania”. En su opinión, Rusia no quería “una voz así en la mesa del Consejo de Seguridad” y ha creado un clima de hostilidad contra Alemania.Ese argumento ya lo habían mencionado antes algunos diplomáticos, aunque otros expresaron sus dudas. Y el propio ministro apuntó: “Quizá también le haya costado votos a Alemania el hecho de que, en el conflicto de Oriente Próximo, siempre asuma una responsabilidad especial hacia Israel”. La demanda de Nicaragua ante la Corte Internacional de Justicia, con la grave acusación de que Alemania ha sido cómplice del genocidio israelí en Gaza, ha sido recibida con interés en muchos países, aunque probablemente no tenga perspectivas de éxito. De hecho, también Austria se ha posicionado claramente a favor de Israel. Sin embargo, los partidarios de los palestinos perciben la política austriaca como más matizada, sobre todo porque el país no suministra armas a Israel y oficialmente se mantiene neutral. Algo que no ocurre con Alemania. A pesar de la derrota, el canciller Merz ha asegurado que el compromiso de Alemania con la política internacional y, en especial, con Naciones Unidas no disminuirá. Pero no todo el mundo lo ve igual. El conservador Manfred Pentz, ministro regional de Asuntos Internacionales del Estado federado de Hesse, abrió la puerta a una reducción de las contribuciones financieras alemanas a la ONU, que en 2024 se situaron en 4.400 millones de euros. “Si en el futuro no tenemos allí la influencia que nos corresponde, surge la pregunta: ¿por qué deberíamos seguir invirtiendo tanto dinero en la ONU?”, declaró al periódico Bild. Seguramente esta pregunta sobrevuele las cabezas de más de uno en un contexto de serios problemas económicos y estructurales en un país que se prepara para emprender dolorosos recortes en su Estado social.Para el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), socio de los conservadores de Merz en el Gobierno de coalición, esta derrota es una señal de alarma. El portavoz de política exterior del grupo parlamentario del SPD, Adis Ahmetović, la calificó como un “notable revés en política exterior” y un “indicador de cómo se percibe a Alemania a nivel internacional”. Asimismo, llamó a hacer un análisis honesto de qué señales ha enviado el país en los últimos años.“Quien pretenda ser guardián del orden internacional basado en normas no puede aplicar un doble rasero en materia de derecho internacional”, dijo Ahmetovic a Der Spiegel. Su compañera de partido, Siemtje Möller, vicepresidenta de la bancada socialdemócrata, también cree que Alemania debe ser “aún más clara” con el derecho internacional. “Esto también significa que el Gobierno debe calificar claramente todo lo que sea un comportamiento contrario al derecho internacional, independientemente de quién lo cuestione”, afirmó al grupo mediático Funke.Desde la oposición ven este fracaso como una derrota para Merz y para su ministro de Exteriores. “Quien aspire a un puesto en el Consejo de Seguridad debe defender a la ONU y sus valores, incluso cuando resulte incómodo. No basta con mantenerse al margen en las crisis internacionales o defender el derecho internacional solo cuando conviene políticamente”, declaró la líder de Los Verdes, Franziska Brantner, a la red de medios RND. Mientras, la líder de La Izquierda (Die Linke), Ines Schwerdtner, ha resaltado que esta derrota también es la “consecuencia de que Alemania haya guardado silencio en los conflictos decisivos de estos días y no haya denunciado claramente las violaciones del derecho internacional”. “Ya sea en Gaza, Venezuela o la guerra de Irán, Alemania ha guardado silencio ante la violación del derecho internacional cuando la han cometido Estados Unidos o Israel. Son ejemplos paradigmáticos de doble rasero. Así no se ganan elecciones en la ONU”, afirmó en T-Online.Durante décadas, la política exterior alemana tuvo éxito con un rumbo claro que consistía en presentarse como una potencia pacífica, defender el derecho internacional humanitario y destinar grandes cantidades de dinero a la ayuda al desarrollo. Pero esa época ha terminado. Y numerosos países ven con desagrado la falta de principios de la política exterior del país en los últimos meses, según diversos analistas. El Gobierno alemán sigue eludiendo la pregunga de si el secuestro de Nicolás Maduro el 3 de enero en Venezuela por parte de EE UU ha violado el derecho internacional. Tampoco ha querido dar una valoración sobre los ataques estadounidenses e israelíes sobre Irán desde el punto de vista del derecho internacional. “Existe una enorme brecha entre la imagen que Alemania tiene de sí misma y su prestigio en el mundo”, opina al respecto Der Spiegel en su editorial titulado La derrota de Alemania en la ONU: el castigo por la arrogancia y la falta de principios. Tampoco ayudó seguramente el hecho de que el canciller faltara a la inauguración del debate general de la ONU el pasado septiembre. A pesar de la candidatura alemana, Merz no consideró necesario aparecer en Nueva York. Se justificó alegando que era indispensable en Berlín. Para el diario Süddeutsche Zeitung, ahora se trata de analizar a fondo una derrota “que duele”. “La política exterior alemana debe despedirse de la idea de que goza de una especie de crédito de confianza permanente en el mundo”, sostiene.A pesar de todo el revuelo, el rotativo conservador Frankfurter Allgemeine Zeitung intentó rebajar la discusión al señalar que se trata de “mucho esfuerzo por un puesto que no habría aportado gran cosa” y sin derecho de veto. “El Consejo de Seguridad de la ONU no es el órgano rector de la política mundial. Lo que Alemania realmente necesita para su seguridad debe buscarlo en otra parte”, publicó.
Revuelo político en Alemania tras perder por primera vez la votación para sentarse en el Consejo de Seguridad de la ONU
Numerosas voces interpretan la derrota sufrida a manos de Portugal y Austria como un castigo por la “arrogancia” del Gobierno de Merz, el apoyo a Israel y su “doble rasero” ante los ataques al derecho internacional










