Con una expresión solemne, el ministro de Asuntos Exteriores alemán, Johann Wadephul, aceptaba uno de los reveses más duros para la política exterior del país de los últimos tiempos. En la Asamblea General de la ONU, Portugal y Austria se convertían la semana pasada en miembros no permanentes del Consejo de Seguridad para 2027 y 2028. Alemania se quedaba fuera por no conseguir los votos necesarios. Pocos esperaban el fracaso de Berlín. El propio Wadephul reconocía antes de la reunión de la ONU que tenía muy buenas sensaciones, pero que no quería adelantarse al resultado. No le quedó más remedio, horas después, que dar marcha atrás. “No tengo nada de qué culparme”, declaró el político del partido democristiano, la CDU. Sin embargo, reconoció que la decisión fue “una verdadera decepción” y prometió realizar un “análisis exhaustivo” de las razones del batacazo alemán. Los funcionarios alemanes no eran los únicos que daban casi por sentado que serían votados por los miembros de la ONU para formar parte temporalmente del Consejo de Seguridad. En otro momento, una gran parte de los que estaban en la sede de la ONU en Nueva York hubieran asegurado que un país con el peso internacional como Alemania sería uno de los elegidos. Siempre lo había sido. ¿Qué ha pasado para que Berlín haya pasado a un segundo plano? Muchos dedos apuntan directamente al canciller Friedrich Merz. Durante la campaña electoral del año pasado, antes de formar la coalición con los socialdemócratas del SPD, el democristiano prometió: “Recuperaremos la confianza de nuestros socios y aliados en todo el mundo”. Sus críticos sostienen que el mandatario ha acabado haciendo todo lo contrario. “Esta humillante derrota para Alemania es culpa del canciller Merz y del ministro de Asuntos Exteriores Wadephul”, declaró Agnieszka Brugger, experta en defensa del Partido Verde. “Alemania ha dilapidado mucha confianza en el ámbito internacional en los últimos meses”, añadía la líder del Partido Verde, Franziska Brantner. Alice Weidel, colíder del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AFD), que actualmente encabeza las encuestas de voto alemanas, escribió en una publicación en X que esto confirmaba una narrativa de decadencia nacional. Las críticas llegaron hasta de miembros del partido que gobierna con Friedrich Merz. “No haber ganado las elecciones no es casualidad, sino una señal de alerta”, declaró Adis Ahmetović, portavoz de política exterior del grupo parlamentario del SPD. Habló de un “retroceso notable en política exterior”, ya que las elecciones “también son un indicador de cómo se percibe a nuestro país a nivel internacional”. ¿'Alemania ha vuelto'? Cuando el canciller llegó al poder el año pasado, empezó su legislatura con un tropiezo. En un giro inesperado tras conseguir una mayoría de los votos en las elecciones, no consiguió el apoyo necesario en el Parlamento para jugar el cargo como canciller de Alemania. Fue el resultado de un movimiento de un grupo de “rebeldes” de los que nunca se supo la identidad ni el partido al que pertenecieron. Horas después, el democristiano reagrupaba su bloque dentro de la coalición y conseguía los votos para el cargo por el que llevaba luchando durante años. Este tropiezo se convirtió muy pronto en una anécdota. El nuevo canciller volaba al día siguiente a París y de ahí empezaba una gira por países como Varsovia, Roma, Bruselas y Kiev. Y, semanas después, tenía su primera reunión con Donald Trump en la Casa Blanca. A diferencia de las malas experiencias de otros líderes como Volodímir Zelenski, el canciller salía airoso y la conversación estuvo marcada por la cordialidad. Pero en prácticamente todos sus mensajes con líderes europeos, Merz quería mostrarse como el líder de un bloque que todavía se estaba recuperando de los primeros sustos diplomáticos de Donald Trump tras su regreso a la Casa Blanca. “Alemania ha vuelto”, aseguraba el canciller. “Bajo su liderazgo, Merz buscó reforzar la posición internacional de Alemania, especialmente en lo que respecta al papel de liderazgo dentro de la Unión Europea, algo que se había reclamado repetidamente. De hecho, al inicio de su cancillería, Merz impulsó una política exterior muy activa”, explica Henning Voepel, director del Centro de Política Europea (CEP) de Berlín, a El Confidencial. Sin embargo, continúa, pronto se dio cuenta de lo difícil que resulta, particularmente para Alemania, asumir y consolidar un papel geopolítico. “Un rol de este tipo implica inevitablemente dilemas incómodos, como el reconocimiento de que el derecho internacional no es el único criterio orientador. El hecho de que Alemania aún no haya encontrado plenamente su papel ha perjudicado el prestigio y la credibilidad de su política exterior”, añade. La “debacle” del plan internacional de Friedrich Merz ha estado, en muchos sentidos, estrechamente relacionada con las políticas del presidente estadounidense. Mientras el canciller prometía un mayor papel del país en el ámbito exterior y aligeraba el peso de su pasado histórico, Trump lanzaba su operación militar en Venezuela y capturaba al líder chavista Nicolás Maduro. Después, amenazaba con tomar el control de Groenlandia sin descartar el uso de la fuerza. Y, recientemente, lanzaba junto con Israel la Operación Furia Épica contra Irán. En enero de este año, después de la captura de Maduro, empezaban las críticas por la respuesta de Merz. A diferencia de otros líderes, el alemán no mencionó la violación del derecho internacional por parte de Washington; según algunos analistas, para no incomodar a Trump. “Quienes se proclaman guardianes del orden internacional basado en normas no deben aplicar un doble rasero en materia de derecho internacional. Cuando surge la impresión de un doble rasero, la credibilidad se resiente”, dijo Adis Ahmetovic, portavoz de política exterior del SPD en el Bundestag. Pocas semanas después del inicio de la Operación Furia Épica el 28 de febrero, Merz volvía a la Casa Blanca con la promesa de no “dar lecciones” a la Casa Blanca sobre derecho internacional. Y, frente al mandatario estadounidense, le elogió por hacer el “trabajo sucio” en Occidente al eliminar al líder supremo iraní Ali Jamenei y debilitar el poder nuclear de Teherán. Opinión “En un primer momento, el nuevo papel de Alemania fue valorado positivamente por muchos observadores, especialmente en Europa, que sufría la falta de ese tipo de liderazgo. Para Merz, era importante construir una buena relación con Trump, ya que esto también era una demanda y una expectativa de la comunidad empresarial alemana”, sostiene Henning Voepel a este periódico. Las críticas de Merz a la operación militar en Irán llegaron cuando se alejó de Washington. En suelo europeo, en los días posteriores al encuentro con el republicano, Friedrich Merz se distanciaba de los posicionamientos internacionales de Washington y sugirió que Trump había perdido la guerra. “Toda una nación está siendo humillada por el liderazgo iraní, especialmente por estos supuestos Guardias Revolucionarios. Así que espero que esto termine cuanto antes”, declaró. No pasó ni una semana para que el magnate respondiera. Empezó con una retahíla de reproches contra el país que culminó en el anuncio de la reducción de 5.000 soldados estadounidenses en Alemania, por motivos logísticos según la versión oficial. El doble rasero de Merz no pasó desapercibido para la opinión pública tanto dentro como fuera del país. Para algunos, era un punto más de una lista de polémicas del canciller. Al igual que otros muchos países europeos, Alemania aumentó sus críticas contra Israel por su ofensiva en Gaza después del ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023. El Gobierno también ha mostrado su preocupación por la ofensiva militar de Tel Aviv en el Líbano. Pero, hasta ahora, Berlín ha rechazado sistemáticamente las sanciones contra Israel, alegando su responsabilidad histórica hacia ese país por el Holocausto. “La postura hacia Israel constituye una constante histórica de la política exterior alemana. Dada la situación global actual, esta constante implica que no es posible adoptar una posición mediadora en varios de los conflictos contemporáneos. La política exterior alemana no puede estar libre de limitaciones derivadas de principios normativos y de la experiencia histórica”, asevera el analista. Este tipo de factores ha provocado que el país “ya no esté en condiciones de adoptar la postura moral, estrictamente basada en el derecho internacional y multilateralista que tradicionalmente había exigido a otros”, concluye el director del Centro de Política Europea desde Berlín. Merz, en la cuerda floja La crisis también viene de dentro. Los índices de popularidad de Friedrich Merz han caído en picado en los últimos meses. Entre otros factores, porque su coalición ha incumplido la promesa de llevar a cabo reformas complejas, como recortes de impuestos para las personas con ingresos medios y bajos, y la estabilización de los planes de pensiones. “El principal problema de Merz es que generó expectativas muy elevadas antes de las elecciones, que hasta ahora no ha logrado cumplir. Otro es que, hasta el momento, a menudo ha comunicado de manera deficiente y, como consecuencia, ha perdido liderazgo político y la confianza en su capacidad para mejorar significativamente el deterioro de las perspectivas económicas de Alemania”, aclara Henning Voepel. Mientras sube el descontento, también lo hace el apoyo a Alternativa para Alemania (AfD). El partido ultraderechista tiene una ventaja significativa en las encuestas de voto, y ha superado tanto a la CDU de Merz como a sus socios socialdemócratas. No solo en zonas de Alemania Oriental, donde concentra la mayor parte de los apoyos, sino a nivel nacional. Con una posición más débil internacionalmente y con reformas pendientes dentro del país, parece que lo único que sigue manteniendo unido a la coalición alemana es la narrativa de que Alemania podría estar en una situación mucho peor: podría estar gobernada por AfD a nivel federal.