La cari�tideLo compartido no ha de ser una vomitona que se repite 'ad aeternum' con actitud querulante sin cambiar jam�sUna pareja de amigas en una playa de Estados Unidos en 1905.GettyActualizado Mi�rcoles,
junio
23:16Audio generado con IAHACE UN A�O tuve un encuentro un tanto m�stico con una mujer a la que llamaremos Carmen. Por primera vez en m�s de una d�cada de amistad nos fuimos de vacaciones juntas. Pero cuando se trata s�lo de unos d�as entre la jungla y el marem�gnum yo suelo llamar a esto d�as de asueto. Creo que la primera vez que le� la expresi�n fue en Mujercitas, de Louisa May Alcott.Cuatro o cinco d�as en los que se decide, se compra, se acuerda, se comparte, se vibra y, en nuestro caso, se charla: toda una vida entre desayunos de emperador, pepinillos agridulces y vespertinos, ba�os de mar atolondrados, gritando como loquitas cuando nos alcanzaba la tripa. Tambi�n nos alcanz� el apag�n, experiencia que vivimos como todo lo dem�s: a golpe de relato que nunca fue amargo sino constantemente aut�ntico. Tan aut�ntico que llegaba a picar, como el sol que disfrutamos, pero no por malo sino por presente, por tangible, por estar ah�, delante de nosotras: nuestras vidas, las narrativas propias y ajenas, los derechos, las obligaciones, las negligencias...Como es natural cuando uno habla de uno, perd�n por la redundancia, acaba tambi�n hablando de otros. Sus otros. Sus personas. Y de sus triunfos, sus desastres, sus equivocaciones y sus esfuerzos.De aquella fabulosa deriva que ni los situacionistas, en la que de ser un cuadro nos hubi�ramos titulado La vida, instrucciones de uso, como la novela de George Perec a m� me resuena a�n la historia de dos amigas de juventud de Carmen. El reencuentro a los 20 a�os de conocerse, el relato propio -"pues a m� me va as�"-, la escucha activa del ajeno -si hay suerte- y, normalmente, una llamada al futuro y a la simp�tica expresi�n �habr� que verse m�s�.Pues oiga, depende. Otra de mis grandes amigas, Ang�lica, suele decir de s� misma que con la misma facilidad que dice hola -que acepta a alguien en su vida- es capaz de decir adi�s, y que quien sea desaparezca. Hay que estar muy hecho para manifestarse as�, y tambi�n para concluir que lo compartido no ha de ser una vomitona que se repite ad aeternum con actitud querulante sin cambiar jam�s, sino que llegados a cierto punto de la pel�cula, si hemos de trabajar codo con codo junto a alguien, que sea porque esa persona decide tomar acci�n sobre su vida, y no porque mantiene el mismo discurso que hace tres d�cadas. Y espera que se le comprenda. Pues oiga, no.La idea de tomar acci�n sobre la propia vida, de hacerse cargo en definitva, me hace pensar en el sentido de justicia pero tambi�n en el sentido de aventura. Otro d�a.








