5 de junio de 202601:009'minutos de lecturaUna imagen. Es otoño y hay mar. Olas suaves sobre un horizonte lánguido. Una mujer de bikini colorida se adentra en las aguas gélidas de Mar Chiquita, provincia de Buenos Aires. Unos metros más allá está La Mecha, su motorhome, su hogar desde hace meses. Si le agregamos una música de fondo, esta podría ser una película. La de una paisajista que dejó su departamento, diseñó una vivienda rodante a medida para ella y su perra, y se lanzó a la ruta a seguir con su llamado de la naturaleza. Pero nada de esto es ficción. La mujer del mar es real, se deshizo de todas sus cosas –muebles, premios, recuerdos– y se animó a dejar una vida cómoda. A los 74 años, Cristina Le Mehauté todavía quiere tomar riesgos. Y sigue haciéndose muchas preguntas.Referente del paisajismo argentino, autora y docente, Le Mehauté decidió desprenderse de sus bienes y comenzar una nueva etapa, sin dejar de trabajarDigamos todo: Le Mehauté fue pionera en el paisajismo argentino, se animó a diseñar con materiales inesperados, colores furiosos. Experimentó en Casa FOA como nadie, tuvo clientes de la talla de Alan Faena y Marley, ganó una lista larguísima de premios, fue jurado en distinciones de gran importancia y publicó el libro El paisajismo como expresión, que reúne toda su obra y da cuenta de gran parte de su legado. Hoy sigue trabajando –con más flexibilidad–, mantiene su curso de formación para creadores (“Anímese”) y trabaja en su segundo libro, mucho más íntimo y especial. -¿Cómo inicia tu camino con el paisajismo?-A los 8 años vivía en Burzaco con mi mamá, que tenía un kiosco, y era un momento duro. Vivíamos con lo justo y entonces ella me mandaba a visitar a la tía abuela Amelia, porque decía que como teníamos el mismo apellido iba a recibir algo de herencia. Un día fui a lo de Amelia y ella estaba acomodando unas tacitas cascadas, les ponía tierra y sembraba suculentas. Lo hacía de una manera particular, se tomaba su tiempo. Y para mí, eso que podría pasar desapercibido para otros, fue un descubrimiento. Hoy digo que esa fue mi herencia. Pero siempre estuve con las plantas.Detalles que suman en una planta baja. Además, su casa y estudio antes de despojarse de todo y comenzar su nueva vida en La Mecha-Cuando fuiste a la universidad no había carrera de paisajismo…-No, por eso empecé estudiando arquitectura. Yo trabajaba y después iba a la facultad, volvía a mi casa tardísimo. Dos años estudié, y después me cambié a biología, que fue lo que me completó. -¿Y cómo llegaste a ser paisajista?-Cuando estudiaba arquitectura, por la tarde era recepcionista en un estudio de análisis de mercado, donde hacía de todo. Era un petit hotel de Palermo que tenía un cantero sin nada, y yo lo miraba todos los días. Así que un día le pregunté al director si me dejaba hacer algo. Lo hice y le encantó, y me pidió seguir con el patio. Cerca había una obra, así que les pedí a los obreros una maza y una carretilla. Empecé rompiendo el piso, la parrilla, todo, y después llevaba los escombros a la obra. El patio daba a muchas oficinas, la gente empezó a ver. Un día vino una mujer que trabajaba ahí y me preguntó qué hacía y le contesté: “Hago lo que más amo en la vida”. Y ella me dijo: “Conozco a alguien que se hizo millonario haciendo lo que vos hacés gratis”. Y bueno, así me contacté y empecé. Este espacio pertenece a su primer cliente, a quién le diseñó el jardín tres veces. La última versión comenzó de cero y buscó armar un lugar para que el dueño de casa saliera a leer afuera-Además sos busca…-Eso lo aprendí en el kiosco de mamá. Cuando le debían plata ella me mandaba a la casa y me decía “te quedás ahí, y si no te atienden, pero ves que se mueve la cortina, te quedás hasta que salgan, y no vuelvas sin plata”. Son las escuelas de la vida.La mirada completaEn 1960, Le Corbusier inauguró el monasterio de La Tourette en L’ Arbresle, Francia. Fue su última obra en Europa y la que se dice más ejemplifica su filosofía y forma de trabajo. Le Mehauté pudo visitar este sitio en un viaje. El edificio se asienta sobre una fuerte pendiente y es una estructura de hormigón armado con superficies ondulantes de vidrio sobre las cuatro fachadas. “En ese viaje contaron que LeCorbu se subía a una escalera y se imaginaba cómo iba a ser cada vista, las copas de los árboles, los colores”, recuerda Cristina.Monasterio de La Tourette en L’ Arbresle, Francia, una obra de Le Corbusier-Tu trabajo también es hacer futurismo. -Es un tema interesante, porque también hay gente que hace lugares que no llega a ver. Y me parece muy valiente y amoroso aquel que pone algo en la tierra que no sabe si luego va a poder contemplar. -¿Cómo es tu método de trabajo? -Mi pensamiento no es organizado. No tengo ley ni regla, ni tampoco plantillas que repito. El cliente y la casa me despiertan cosas, como el vecino, la calle, el semáforo. Pero lo más inspirador es poder jugar con el cliente. Cuando me llamaron de FADU para dar una materia hice el ejercicio de estudiarme a mí misma. Porque yo no sabía cómo diseñaba. Hoy me doy cuenta de que es más intuitivo, no es que soy hippie. Todo tiene que estar justificado, pero nunca pude hacer un jardín igual al otro. Cada uno es único. En el hotel Casa Calma la idea fue que el verde se apoderara de la fachada-¿Y cómo es trabajar desde la motorhome?-Me da mucha libertad. Puedo ir con La Mecha a instalarme en una obra tres meses si quiero. Pero si me llaman para ir a un lugar en avión también lo puedo hacer. Después videollamadas, planos, correcciones, idas y vueltas, todo se hace sobre ruedas. Lo mejor es que puedo sentir la obra a casa paso. -Después, Casa FOA es un espacio donde pudiste poner a prueba la creatividad…-También fui mucho tiempo jurado en Casa FOA, y yo insistía en darle un premio a alguien que se arregla con un alambre. Si tenés todo a tu disposición y además te copiaste de otra cosa, para mí no tiene sentido. En cambio, arreglarte con nada, como en la vida, requiere de inteligencia, humildad y predisposición. Menos es más. Por suerte, yo tengo cada vez más clientes que me dicen a todo que sí. El trabajo en casa FOA con el que obtuvo la medalla de oro: "La idea fue que la gente contara qué quería denunciar acerca de nuestro actuar con el planeta en botellas de vidrio en vez de poner flores". Otra instalación en FOA donde una pareja autosustentable tenía su huerta representada con varillas de escobas verdes -¿Qué es lo que el paisajismo le dio a tu vida?-Mi madre, mi padre, mis hermanos, mis amigos, mis amantes, mi vida. Me agarró de la mano y no me soltó más. No tuve hijos. Mis hijos son mis jardines. -¿Y qué te pasa cuando volvés a un jardín que diseñaste hace tiempo?-Me emociono mucho, algunos clientes son para toda la vida. Gracias a todas las terapias que hice en mi vida, y siendo hija única, dejé de ser insoportablemente castradora de mis jardines y mis clientes. -¿Quiénes fueron tus maestros?-De los argentinos, Thays bisabuelo. A él le habían pedido una París en la Argentina, que planten plátanos por todos lados y él se rebeló y les dijo: “Tienen que poner nativas”. Le hice un homenaje en la Alianza Francesa y cuando gané un concurso en un hotel diseñado por él en Montevideo, cada mañana me despertaba y le pedía permiso para hacer mi diseño en el que había sido su jardín. Mi segundo amor es Roberto Burle Marx, un artista sobre la tierra. Tuve la suerte de estar con él en Brasil, de que me invitara a su fazenda a cenar con otros paisajistas. El paisajismo es un arte, un arte en movimiento. Y Martha Schwartz, que armó jardín con donas, puso sapos en la entrada de un shopping para cuestionar el consumismo. Un día le pregunté si ella tenía laburo siempre, y me dijo “ojalá”. Charles Thays, Roberto Burle Marx y Martha Schwartz, referentes de CristinaEspíritu libreAsí como el convento de La Tourette, Le Mehauté diseñó su casa rodante para vivir con lo mínimo. Pablo Urga, de Guagua Home, fue quien la ayudó a hacer realidad su nuevo hogar, donde vive, y cuyas aventuras comparte en redes. Miles de seguidores acompañan sus descubrimientos, sus reflexiones e invitaciones, siempre fiel a su estilo ecléctico pero honesto, donde lo que impera no es una desconexión de la realidad sino, muy al contrario, la valentía de pensar qué es lo que la naturaleza tiene diseñado para nosotros, y qué podemos aportarle a ella. Cristina Le Mehauté diseñó su casa rodante para vivir con lo mínimo. Desde allí sigue trabajando como paisajista y recorriendo el paísEl boceto del motorhome se diseñó paso a paso, e incluía originalmente el poder ver el paisaje desde la cama, con biblioteca, espacio para las perras y un lugar especial para tocar su teclado Roland. Ahora disfruta el mundo de otra manera. “Yo nunca me había subido a un motorhome –confiesa–. Cuando me dijeron que tenía que dejar mi departamento o comprarlo pensé ‘¿me quiero morir acá?’. Y me contesté que no.” Enormes siluetas que son diseño de la paisajista inspiradas en el nombre del lugar: Barrio La Huella -¿Cómo es vivir ahí?-Ves el mundo de otra manera. Mi vida acá es sentirse homenajeado por la naturaleza, porque en un country la naturaleza es como un cuadro estático. Acá las gaviotas rayan la laguna pescando, los teros son mis guardianes, veo amaneceres con los pies en la tierra. Hay un vínculo que es verdadero, como cuando hacía andinismo. Y, de repente, manejo hasta Mar del Plata y voy al teatro. Por eso me quedo tanto en Mar Chiquita, porque está como quieto en el tiempo. Con carretes de madera para cables en desuso armó un lugar para encuentros al lado de la huerta. El mobiliario para exterior está diseñado in situ-¿Y cómo manejás tu Estudio?-Tengo una coequiper top, con la que podemos trabajar a distancia. Además, si me tengo que ir a ver una obra a Bahía Blanca, me voy con La Mecha. Soplé las velas con una familia de por acá. -Tenés una nueva vida desapegada.-Sí, vendí todo. Ahora bajé mil cambios. Pero sigo trabajando. Yo soy adicta a mi trabajo, es lo que me da felicidad, lo que me hace mal es no tenerlo. -¿Te cuesta la soledad?-Toda la vida le tuve pánico, pero ahora me doy cuenta de que paso épocas en que no hablo con nadie, y después escucho murmullos y me emociona ver gente. Para mí este renacimiento fue una construcción, es haberme amigado conmigo. Las dos primeras fotos son de un proyecto en un hotel en Miramar, con murales que tenían que ver con la arquitectura del lugar. En la tercera foto se la ve a Cristina jugando con espantapájaros en La Huella. En ambos sitios se alojó en su motorhome -¿Qué es hacer un jardín para vos?-Algo mágico, casi milagroso. A los clientes los agarro de la mano y los llevo a jugar. Cuando el señor de zapato lustrado y traje me ve llegar quiere salir corriendo, pero si me acompaña, puede salir un gran jardín. Volver a la ternura y la inocencia, y darse cuenta de que todo está permitido, de que cada familia es diferente y de que cada jardín es único. Fotos: Archivo Revista Jardín, Inés Clusellas y Gentileza Cristina Le Mehauté y Ana Piaggio.
“En un country, la naturaleza es como un cuadro estático”. A los 74 años vendió todo para vivir en un motorhome
Pionera, premiada y siempre disruptiva, la paisajista Cristina Le Mehauté cambió una vez más las reglas: abandonó la vida convencional para seguir su propio camino









