Viajar y recorrer el mundo arriba de un motorhome debe serde las fantasías más repetidas de las últimas décadas, leit motiv de libros y películas y, últimamente, aspiracional multiplicado en redes sociales. ¿Quien no pensó alguna vez en cambiar un trabajo full time, la misma dirección y el mismo paisaje cotidiano, para despertar a orillas de un lago, almorzar a metros del mar y levantar campamento cuando la rutina aburra? Tal vez muchos lo sueñan, pero no todos se animan a dar el portazo y salen a encontrarse con lo que la ruta les depara. Aquí, tres historias de quienes se animaron.Cambio de rumbo“¿Y si vendemos todo y nos vamos a dar la vuelta al mundo?“, se preguntaron en 2019 Carolina Fenoy y Santiago Bertaina. Era domingo en Jesús María, Córdoba, y en el tedio de la tarde llegaron las revelaciones. Estaban cerca de los 30 años, tenían buenos puestos en una multinacional, un lindo departamento, y aun así, algo que no les cerraba. “Sentíamos que se nos pasaba la vida”, dicen. Nueve meses después renunciaron a sus trabajos y, el 6 de enero de 2020, arrancaron el viaje a bordo de una camper, una casilla que montaron sobre la caja de una camioneta que tenían y acondicionaron para salir a la ruta. “Este sueño surgió como un cambio de vida, no como un viaje ni como un año sabático: queríamos encontrar la manera de vivir viajando por el mundo, con un poco de comodidad; queríamos tener nuestra ‘casita sobre ruedas’”, recuerdan. Carolina Fenoy y Santiago Bertaina en su paso por ParísSu primer plan de viaje fue unir Ushuaia con Alaska, pero los agarró la pandemia y quedaron varados nueve meses en Bariloche. Finalmente, y tras dos años y medio totalmente adaptados a su nuevo estilo de vida, cambiaron la camper por un motorhome montado sobre el chasis de una Toyota Hilux 4x4. Allí cumplieron ese primer sueño de recorrer toda América y llegar a Alaska. “Vamos definiendo sobre la marcha en función de distintas variables, como el clima o cuestiones puntuales de alguna zona. El objetivo es conocer el mundo lo más que se pueda”, relatan los viajeros, hoy desde Europa.La pareja llegó hasta Alaska en su motorhome¿Cómo se mantienen? Carolina y Santiago se convirtieron en su propio emprendimiento: hakunamatataxelmundo.com.ar. La misma experiencia comenzó a solventarlos con la venta de contenido, libros, cursos, asesoramiento y hasta una tienda online de productos para viajeros. La misma experiencia comenzó a solventarlos con la venta de contenido, libros, cursos, asesoramiento y hasta una tienda online de productos para viajerosEn cuanto al día a día, detallan: “Nuestra rutina es como la de cualquier persona. Nos levantamos, hacemos la cama, desayunamos, trabajamos, hacemos actividad física, tenemos nuestros ratos de ocio... La diferencia son las particularidades de este estilo de vida: encontrar un lugar en el que esté permitido parar y llevar a cabo los quehaceres diarios de la vida de motorhome como cargar agua, gas, vaciar los tanques y demás”, explica Carolina. Para evacuar dudas de inexpertos, la pareja describe el ABC de la vida sobre ruedas: “En el motorhome tenemos autonomía completa, lo cual nos permite parar en cualquier lugar sin necesidad de ir a un camping, porque tenemos baterías con paneles solares y abastecemos el motorhome a 12 voltios; también tenemos un conversor a 220 para las computadoras”. Además, cuentan con una heladera de 120 litros con freezer, un tanque de GLP (dura unos cuatro meses) y un tanque de aguas limpias de 200 litros, que dura entre cinco días y una semana. “Todo eso nos facilita dormir en lugares al aire libre, en medio de la naturaleza. Además, con el Starlink, tenemos internet en cualquier lugar y podemos trabajar de forma remota”, agrega Carolina. El interior del motorhome, desde donde trabajan. "Tenemos baterías con paneles solares y abastecemos el motorhome a 12 voltios", dicenViajar solaShiru Lerner tiene 35 años y hace tres viaja sola en un motorhome que apodó La Zorra. Lleva más de 50.000 km recorridos y llegó hasta los Estados Unidos siguiendo a la ScalonetaShiru Lerner en su motorhome "La Zorra"Shiru Lerner tiene 35 años y hace tres viaja sola en un motorhome que apodó La Zorra. Lleva más de 50.000 km recorridos y llegó hasta los Estados Unidos siguiendo a la Scaloneta. “Toda mi vida estuve un poco en movimiento. Desde la secundaria y la universidad armaba emprendimientos para juntar plata y viajar. Estudié Arquitectura y gané una beca de intercambio para estudiar un año en Israel; ahí entendí que, aunque volvía para terminar la carrera, las ganas de viajar estaban más vivas que nunca”, cuenta Shiru desde Miami, y agrega: “Apenas me recibí, recorrí Argentina y Chile en trenes, a dedo, vendiendo artesanías. Después volví a salir un año entero para recorrer Asia e India”. Al regreso de tantos viajes, en 2018, fundó su proyecto de cosmética sostenible y, gracias al crecimiento de Shiri Natural, logró tener el sustento para trabajar de forma 100% remota. Así, el viaje en motorhome empezaba a dibujarse.En 2022 compró la camioneta y al año terminó de construirla. Dejó su alquiler en Buenos Aires y salió a la ruta. Recorrió Argentina, Uruguay, Brasil, Venezuela y Colombia. En ese entonces faltaba aproximadamente un año para el Mundial, así que se dijo: “¿Qué mejor plan que llegar manejando?”"No tengo una rutina fija, pero busco un equilibrio"“No tengo una rutina fija, pero busco un equilibrio –dice hoy–. Por un lado está la intensidad de vivir en una casa rodante (manejar, conseguir agua, chequeos mecánicos, cruzar fronteras, barcos, planificar rutas) y la adrenalina de conocer lugares y personas. Por el otro, elijo vivir esta rutina en un modo slow. Me encanta estar cerca de la naturaleza: amanecer en un bosque o frente a lagunas. Despertarme y tomar un mate mirando el paisaje no se negocia”.Las dinámicas de alguien que viaja en solitario tienen sus desafíos. Shiru se encargó de equipar su motorhome con cocina, hornallas y horno. También hay un baño con inodoro, ducha, calefacción y agua caliente. “Me abastezco cada siete días, que es el espacio que tengo en la heladera. Tengo una garrafa que se va acabando cada dos o tres meses y eso sí es un desafío en cada país”, explica.Hoy, la ruta de Shiru está planeada hasta Nueva Jersey, donde se realizará la final del Mundial. Luego de recorrer Canadá, EEUU y parte de México, seguirá hacia el norte hasta Alaska.Familia rodante“Este viaje comenzó el día que nos subimos a una camioneta, incluso antes de convertir un micro escolar en nuestro hogar”, dice Patricia Fehr desde Estados Unidos. Allí llegó junto a su hija adolescente, Inti, y su pareja, Germán de Córdova, para ver el Mundial.Ambos nacieron en San Nicolás de los Arroyos, a orillas del río Paraná, y se conocieron muy jóvenes. Ella tenía 16, Germán 24, y pese a la diferencia de edad compartían la curiosidad por descubrir qué había más allá del lugar donde habían nacido. “Yo soñaba con ser maestra de frontera, estudié el profesorado de primaria, trabajé con niños y familias en situación de vulnerabilidad, una experiencia que despertó aún más mi interés por conocer otras culturas y realidades. Germán era triatleta profesional y, más tarde, comenzó a trabajar en un banco, lo que abrió una etapa de traslados por el país”, recuerda Patricia, y destaca un momento clave que los impulsó a concretar el proyecto: cuando producto del corralito perdieron sus ahorros para el viaje que planeaban desde hacía años. “Esa lección podía interpretarse de dos maneras: como una señal para no cometer la ‘locura’ de dejar todo por un viaje y volver a empezar en busca de estabilidad, o como la certeza de que el momento perfecto no existe y que lo único que no se recupera en la vida es el tiempo. Nos quedamos con esta segunda mirada. Con esa decisión y recuperando solo una parte de los ahorros, el 10 de marzo de 2003 nos subimos a la camioneta con la idea de llegar a Alaska y regresar a la Argentina en 12 meses”. "Este viaje comenzó el día que nos subimos a una camioneta, incluso antes de convertir un micro escolar en nuestro hogar"Tiempo después, en Ecuador, cuando los ahorros comenzaron a terminarse, entendieron que volver no era una opción. La pregunta ya no era si regresar, sino cómo continuar. En ese momento buscaron que el proyecto tuviera un valor más allá del viaje: lo encontraron en las fotos que realizaban y en la experiencia que vivían, que luego compartirían a través de charlas en empresas. Así nació una de las formas con las que financian el viaje hasta hoy, y que con el tiempo se amplió también a escuelas de todos los niveles y universidades.La tercera gran decisión fue entender que viajar en familia también era posible. “Inti, nuestra hija, nació dentro del mismo proyecto de vida, porque siempre supimos que nuestro sueño no era solo viajar, sino también formar una familia. En ese proceso comprendimos que no existe una única forma de vivir ni una sola manera de ser felices. El viaje nos mostró que hay múltiples formas de habitar el mundo”, explican los Amunches (el nombre que los identifica como familia y proyecto, y que significa “viajero” en mapuche).El interior del motorhome familiar, decorado y prolijo“El viaje nos enseñó a vivir en el presente, resolviendo el día a día y adaptándonos constantemente a lo que va surgiendo. El micro es nuestro hogar y también la escuela de Inti, que creció en el camino y hoy tiene 17 años. Estudia secundaria a través de un programa de homeschooling y también chino mandarín. Su vida tiene su propio ritmo, sus intereses y sus proyectos. Y se sumó Aurora, nuestra perra, que nos acompaña en este recorrido”, dice Patricia.Inti, de 17 años, estudia la secundaria a través de un programa de homeschooling“Lavamos nuestra ropa principalmente en el micro y en la casa de las personas que nos invitan a pasar unos días y, también, obviamente, en lavaderos. En una época lavábamos en los ríos, cada vez que parábamos en algún lugar, aprovechábamos. Nunca tuvimos lavarropas, pero nos vamos arreglando. Siempre la solución aparece”, dice Patricia. Con el tiempo, la dinámica del viaje fue cambiando y adaptándose a las distintas etapas de la familia. Hoy siguen en movimiento para cumplir con la segunda parte de su sueño: encontrar un lugar donde instalarse, dejar descansar el motorhome por un tiempo y permitir que el viaje continúe, pero de otra manera: en otro espacio y con un nuevo sentido.
El sueño del motorhome: tres historias de quienes se animaron a hacerlo realidad
Sin rutinas ni trabajos fijos, valoran amanecer cada día ante un paisaje distinto, pero también enfrentan complejidades: del agua a la comida y el espacio reducido, imprescindibles para una vida nómade











