Viktor Frankl, psiquiatra austríaco: “Hay situaciones en las que el perdón se convierte en complicidad y la tolerancia en cobardía”La frontera entre la nobleza y la debilidad suele ser peligrosamente delgada. En una época dominada por los manuales de autoayuda que imponen una obligatoria cultura del optimismo y el perdón incondicional como única vía hacia la paz mental, las palabras del psiquiatra austríaco Viktor Frankl irrumpen como un mazazo de realismo ético. Su advertencia es tajante: la tolerancia y el perdón no son absolutos morales. Desprovistos de coraje y de justicia, son otra cosa: complicidad con el agresor.Esta idea, que hoy resuena con una vigencia alarmante en debates políticos y sociales, no nació en la comodidad de un escritorio académico, sino en el fango y las alambradas de los campos de exterminio. Para comprender el peso de la frase es obligatorio mirar la biografía de su autor. Viktor Frankl (1905-1997) no fue un filósofo de salón. En la década de 1930, ya era un brillante neurólogo en Viena que dirigía el llamado “Pabellón de las Suicidas”, salvando a miles de mujeres de la depresión post-crack financiero. PUBLICIDADPor su origen judío, los nazis lo deportaron en 1942 y pasó tres años encadenando traslados entre cuatro campos de concentración, incluidos Theresienstadt y Auschwitz. Allí vio morir a su madre, a su hermano y a su esposa embarazada, Tilly Grosser. Al ser liberado en 1945 por las tropas aliadas, Frankl pesaba apenas 38 kilos y lo había perdido todo, excepto una certeza: el ser humano conserva una última libertad indestructible, la de elegir su propia actitud ante el destino."El hombre doliente", de Viktor FranklDe ese dolor fundó la logoterapia, la escuela psicológica centrada en la búsqueda de sentido. Pero su humanismo jamás fue ingenuo. El psiquiatra sabía perfectamente de qué era capaz la condición humana. “Hay situaciones en las que el perdón se convierte en complicidad y la tolerancia en cobardía”, es una frase que encuentra su desarrollo teórico más profundo en El hombre doliente: Fundamentos antropológicos de la logoterapia, una obra capital publicada originalmente en alemán en la posguerra.PUBLICIDADSi bien su libro testimonial El hombre en busca de sentido (1946) funciona como una crónica descarnada de la supervivencia, El hombre doliente es el artefacto filosófico y clínico donde Frankl sistematiza el sufrimiento. En sus páginas, el autor analiza lo que denomina la “tríada trágica” de la existencia humana: el dolor, la culpa y la muerte. Es precisamente al abordar el cruce entre la culpa de los verdugos y el dolor de las víctimas donde Frankl advierte sobre los peligros de la falsa reconciliación. La escritura de este libro está marcada por una Europa en ruinas que intentaba digerir el horror del Holocausto. Mientras algunos sectores reclamaban un borrón y cuenta nueva en nombre de la paz social, y otros exigían la venganza ciega, Frankl propone una tercera vía: la responsabilidad individual irrenunciable. El hombre doliente es vital porque rescató a la psicología de la época de su obsesión por los impulsos biológicos (el determinismo de Freud) para devolverle una dimensión espiritual y ética. PUBLICIDAD"El hombre en busca de sentido" (1946)¿Por qué esta frase condensa de manera el pensamiento frankliano? Porque la logoterapia es una filosofía de la resistencia existencial. Frankl insiste en que el ser humano es un ser responsable: perdonar a quien no reconoce su falta, a quien no repara el daño o a quien continúa ejerciendo el sadismo, es despojarlo de su condición de sujeto responsable. Es tratar al malvado como a un niño o a un animal que no sabe lo que hace. Para el autor, el perdón ciego deshonra tanto a la víctima como a la justicia.Del mismo modo, la tolerancia hacia la intolerancia —un concepto que también exploraría el filósofo Karl Popper— destruye los cimientos de la convivencia democrática. Tolerar la crueldad por miedo a la confrontación, o por el deseo de mantener una armonía ficticia, es lo que Frankl etiqueta sin anestesia como “cobardía”. El enojo ético y la firmeza moral no solo son reacciones válidas para la logoterapia, sino herramientas indispensables para preservar la dignidad.PUBLICIDADViktor Emil Frankl nació el 26 de marzo de 1905 en Viena, Austria, en el seno de una familia judía, y desde joven demostró una mente brillante. Se escribió con Sigmund Freud y se formó en neurología y psiquiatría. Durante la década de 1930 dirigió el pabellón para mujeres suicidas del Hospital Psiquiátrico de Viena, pero su prometedora carrera fue truncada por el nazismo. En 1942 fue deportado junto a su familia y su esposa; pasó tres desgarradores años en cuatro campos de concentración. Viktor Frankl falleció a los 92 años el 2 de septiembre de 1997 en Viena, dejando un legado imperecedero (Wikipedia)Esta experiencia extrema, en la que perdió a casi todos sus seres queridos, se convirtió en el laboratorio existencial de donde nació su obra cumbre, El hombre en busca de sentido (1946), un libro testimonial y teórico que vendió millones de copias en todo el mundo y transformó la psicología contemporánea. Tras ser liberado por las tropas aliadas, regresó a su ciudad natal, donde fue nombrado director de la Policlínica Neurológica de Viena, cargo que ejerció durante un cuarto de siglo.PUBLICIDADTambién dicó cátedra en la Universidad de Viena y en prestigiosas instituciones estadounidenses como Harvard y Stanford. Como fundador de la logoterapia, considerada la tercera escuela vienesa de psicoterapia, publicó más de treinta libros traducidos a decenas de idiomas. Viktor Frankl falleció a los 92 años el 2 de septiembre de 1997 en Viena, dejando un legado imperecedero sobre la capacidad del espíritu humano para hallar un propósito incluso en medio del sufrimiento.
Viktor Frankl, psiquiatra austríaco: “Hay situaciones en las que el perdón se convierte en complicidad y la tolerancia en cobardía”
Detrás de una de las máximas más incómodas del siglo XX se esconde la experiencia de un hombre que sobrevivió al horror nazi para enseñarnos que la bondad, sin límites éticos, no es una virtud, sino una capitulación moral. Un recorrido por las páginas de "El hombre doliente" y el legado de un pensador imprescindible














