Pocas cualidades se valoran más en un ser humano que las intenciones buenas y puras. Encontrar en un individuo una fuente de confort y confianza no es tan frecuente en una sociedad donde abunda la codicia y la falsedad. Y es que este tipo de voluntades están construidas sobre valores fuertes y férreos que son difíciles de trabajar. En este sentido, existe una confusión muy habitual centrada en asegurar que ser bueno implica dar cabida a todo tipo de discursos. Sin embargo, esta afirmación resulta incompatible con la defensa de unos principios sólidos en las diferentes situaciones que se nos presentan en la vida cotidiana. Y es que son conceptos que son realmente diferenciales. De hecho, algunos de los referentes más recordados e influyentes del ámbito cultural han plasmado en multitud de obras la necesidad de identificar cada realidad en su contexto. En el caso de la literatura, Antonio Machado dejó, como parte de su valioso legado, una frase que define muy bien este aspecto de la naturaleza humana. Mantener los valores “Benevolencia no quiere decir tolerancia de lo ruin, o conformidad con lo inepto, sino voluntad de bien”, redactó el escritor y poeta en su obra Juan de Mairena. Y es que el significado de estas palabras apunta al objetivo honesto y transparente de una persona que no se deja llevar por las tendencias capciosas y persuasivas de otros. Hacer el bien no solo gira en torno al rechazo de la malicia, sino a combatir esas opiniones y actos que están motivados con la finalidad de perjudicar al prójimo. Marcar los límites y señalar estas actitudes es parte de esa benevolencia de la que habla el autor. Y es que la indiferencia ante ellas puede convertirse en complicidad en muchos casos. La confrontación y la ofensa pueden ser episodios indeseados, pero necesarios para hacer tangible un deseo positivo. La presión social y las corrientes de opinión no deben desviarnos de nuestra intención de realizar una buena acción, aunque el que la recibe no la conciba de esa manera en primera instancia. Sin embargo, toda virtud acaba por entenderse en el momento adecuado. Pocas cualidades se valoran más en un ser humano que las intenciones buenas y puras. Encontrar en un individuo una fuente de confort y confianza no es tan frecuente en una sociedad donde abunda la codicia y la falsedad. Y es que este tipo de voluntades están construidas sobre valores fuertes y férreos que son difíciles de trabajar.