28 de junio, 2026 - 07h30Todas las acciones que ejecuta el hombre deben estar inspiradas en la templanza, esto es, la “sobriedad y continencia”. La templanza es una de las cuatro virtudes cardinales, y ha servido para morigerar deseos, impedir excesos. Es verdad, por desgracia, que no siempre procedemos así, pero los seres humanos están obligados a tratar de hacerlo. Benito Juárez, ilustre mexicano, sostenía que lo más indicado para las sociedades democráticas era respetar el derecho ajeno, fórmula que incluía precisamente la templanza en el ejercicio del poder.De esta manera, siguiendo el criterio de Spinoza, procedemos mal cuando nos dejamos llevar de nuestros apasionamientos y pensamos que somos más nosotros mismos “cuando nos sentimos apasionados, y en realidad es cuando estamos más pasivos, arrastrados por algún torrente de impulsos o sentimientos y conducidos a una reacción precipitada que no alcanza sino una parte en la situación en que nos hallamos”. Actuar así es dejarse llevar por la pasión y, de acuerdo con Lope de Vega, sería lo mismo que “desmayarse, atreverse, estar furioso// áspero, tierno, liberal, esquivo// alentado, mortal, difunto, vivo// leal, traidor, cobarde y animosos”, o, dicho de otra manera, proceder casi instintivamente. Por otra parte, en los Estados modernos siempre produjo muy malos resultados actuar única y exclusivamente impulsados por la pasión. Bismark, consideró una guerra contra Francia para lograr la unidad alemana y ordenó la publicación de un telegrama de Guillermo II, alterando las comas y los puntos, al mismo tiempo que les decía a sus colaboradores: “Este es un trapo rojo que embestirá el toro francés”. La acción produjo movilización y posteriormente la guerra.Además, la necesidad de la morigeración abarca a todas las personas que dirigen las diversas funciones del Estado, pues ellas deben de actuar armónicamente para que el Estado pueda cumplir su fin. Si eso no ocurre, las consecuencias son terribles. Todos los que están al mando de esas funciones tienen la obligación de distinguir entre conocimientos realmente definitivos y menos suposiciones. Lamentablemente, por regla general y sin ningún fundamento, se cree que es más fácil mandar que obedecer, cuando es todo lo contrario. “No solo porque el que manda soporta la carga de todos los que lo obedecen y esa carga puede serle negativa. En todo mando existe un esfuerzo y un peligro”.La pasión sin razón es ciega, la razón sin pasión es inerte, pero para combinar la razón con la pasión es necesario que la primera ilumine la segunda, y esta, la segunda, debe entenderse como afán de justicia, equidad que conduzca al bien común.Frente a los graves desafíos económicos, sociales y de seguridad que atraviesa el Ecuador, el país necesita en todas las funciones del Estado que se convoque a los mejores ecuatorianos, privilegiando el mérito, la experiencia y la capacidad por encima de intereses políticos o personales.Por lo demás, solo con equipos integrados por personas idóneas y comprometidas con el servicio público será posible construir soluciones duraderas en beneficio del país. (O)
Carlos Estarellas Velásquez: El valor de la templanza | Columnistas | Opinión
La pasión sin razón es ciega, la razón sin pasión es inerte... es necesario que la primera ilumine la segunda...








