Opinión
Columnas Diarias
AlephGuatemala está sobrediagnosticada y sobrelegislada, y a pesar de ello, paralizada.
Más allá de algunas leyes que realmente promueven la justicia y nacieron bien intencionadas, hay cientos de leyes obsoletas, otras que nacieron mal intencionadas y que no han sido actualizadas o que han sido desprovistas de los colmillos suficientes para cumplir su propósito. Leyes inútiles hechas o aprobadas, tantas veces de prisa y a oscuras, que hoy adornan la Dirección Legislativa del Congreso de la República y benefician a un Estado sostenido por el lawfare y la corrupción.
Por otra parte, cientos de consultorías carísimas han buscado diagnosticar y ordenar a Guatemala en el camino hacia una democracia que no se alcanza. Muchas de ellas siguen hoy engavetadas en escritorios y oficinas. Consultorías para diagnosticar, generar líneas estratégicas de trabajo o evaluar proyectos e instancias nacionales, con el fin de determinar su importancia y la necesidad de hacer cambios sustantivos estratégicos, que nadie se atreve luego a impulsar o que se quedan a medio camino en su ejecución.











