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AlephEl epitafio de la vieja política podría decir: “se lo dijimos, estaba enferma”.

El epitafio de la vieja política podría decir: “se lo dijimos, estaba enferma”. Guatemala vive hoy una nueva oportunidad, con la salida de la incondicional operadora del Pacto de Corruptos, Consuelo Porras, quien estuvo ocho años al frente del MP, asfixiando a nuestro rudimentario Estado de derecho. Sumado a esto, hay una fuerza ciudadana renovada que se ha venido educando en civismo y ha venido desarrollando un potente músculo para pulsear con fuerza en la vida política del país, con mejores argumentos para fiscalizar, exigir y proponer cambios.

Esa fuerza se está oponiendo a la corrupción, a las acciones del usurpador de la Usac y sus sicarios del CSU, así como también a los jueces del mal en la CC, a la Ley de Comisiones de Postulación, entre mucho más. Guatemala tiene cada día mil fuegos que apagar y todos son fundamentales, pero hay uno que puede cambiar muchos otros: una reforma judicial realista, posible y bien fundamentada. Desde el 2002 conocimos propuestas de reforma judicial que, lamentablemente, se quedaron a medio camino porque o eran muy idealistas o no era su momento o tocaban los intereses de las élites corruptas. En cambio, el Pacto de Corruptos sí supo por dónde empezar e hizo su propia “reforma”, secuestrando al sistema de justicia. Tan eficiente fue que hasta un rey del tenis logró mover los hilos de aquella CC que aún tiene muchos vicios. Resultado de aquella cooptación, tres de los cinco jueces del mal que aún integran la actual CC le sirven a sus patrones. Y afectan con ello el presente y el futuro de Guatemala.