La vida en el mayor centro de investigación contra el cáncer de nuestro país es como un capítulo de Juego de Tronos. Cuando te encariñas con uno de los personajes, un giro de guion lo fulmina en mitad de una guerra interna y una crisis de reputación sin precedentes. La última salida del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), la de Raúl Rabadán, ha sido un mazazo para la plantilla, que veía en el nuevo director científico una esperanza de cara al futuro. Este lunes, como adelantó elDiario.es, el brillante investigador español presentó su renuncia ante el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades sin llegar a tomar posesión del cargo, solo nueve meses después de su nombramiento.
Rabadán fue elegido por unanimidad el pasado 4 de septiembre de 2025 por el patronato del CNIO para sustituir a María Blasco tras la crisis desatada a principios de ese año. Ese mismo día, para reemplazar al gerente del centro, Juan Arroyo, el patronato designó a José Manuel Bernabé, que salió incluso más rápido. En febrero de 2026, solo seis meses después de su entrada, se acordó su salida tras un supuesto caso de acoso. Si tomamos como referencia estas fechas, la receta del Ministerio y el Patronato para salir de la crisis ha saltado por los aires en menos de un año.












