El Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), el mejor organismo de investigación del cáncer en España y uno de los principales del mundo, lleva 18 meses sumido en una grave crisis, resultado de años de enfrentamientos internos larvados. El último capítulo de este preocupante deterioro ha sido la renuncia irrevocable del físico y bioinformático Raúl Rabadán a ser su nuevo director científico, nueve meses después de que el Ministerio de Ciencia lo presentase como el fichaje estrella que debía sacar del pozo a la institución. Rabadán, con un deslumbrante currículo que le ha llevado a ser uno de los investigadores más citados en su campo, llegó a presentar en enero un plan de actuación con el que liderar la renovación del CNIO. Debería haber asumido el 1 de mayo. Su renuncia sin ni siquiera llegar a tomar posesión del cargo, atribuida a razones personales, resulta indisociable del trance que vive el centro.Años de dedicación de los casi 500 trabajadores del CNIO han situado a España a la vanguardia de la investigación biomédica. Todo ello, y por extensión el propio prestigio de la ciencia española, ha quedado sepultado por los sucesivos escándalos, cuyo peor exponente es la investigación que Anticorrupción y la Policía mantienen abierta desde noviembre por supuesto amaño de contratos. La red corrupta presuntamente encabezada por quien fue durante 16 años gerente hasta su destitución en enero de 2025, Juan Arroyo, es sospechosa de haber robado durante tres lustros hasta 30 millones de dinero público, en lo que sería el mayor caso de corrupción en un centro científico español. El presupuesto actual de la institución suma 40 millones anuales.El patronato del centro, del que ya solo forman parte el Gobierno y cuatro ejecutivos autonómicos tras la renuncia de los patronos privados por la crisis reputacional, se reunirá el lunes que viene para abordar la situación creada y dar explicaciones a la plantilla sobre la espantada de Rabadán. Es demasiado tarde. La ministra de Ciencia, Diana Morant, debería dar esas explicaciones de inmediato. Morant actuó con contundencia después de que este periódico revelase las notables carencias que sufrían los científicos por la mala gestión de su entonces directora, María Blasco, destituida junto con Arroyo. La ministra afirmó que existía un “clima de trabajo incompatible” con un centro de excelencia, y se preció de haber “actuado a tiempo y con decisión”. Sin embargo, la situación solo ha empeorado y no tiene trazas de mejorar. Es necesaria una investigación independiente aparte de las actuaciones judiciales que aborde en profundidad todo lo que ha ocurrido en los últimos años, establezca un relato coherente y transparente de la supuesta corrupción y determine responsabilidades. El CNIO y sus profesionales merecen un poco más de seriedad política para su trabajo.
La interminable crisis del CNIO
La renuncia irrevocable de quien iba ser el director científico de la institución revela que no se han atajado los problemas de fondo
Raúl Rabadán rechaza dirección del CNIO tras nombramiento ministerial; investigación anti-corrupción: presunto desvío 30M sobre 40M presupuesto anual en 15 años. Ilustra colapso de centros científicos por governance failure; alerta sobre accountability en ciencia pública para liderazgo tech.













