Ni haciendo el pino. Alberto Núñez Feijóo no tiene prácticamente ninguna posibilidad de presentar una moción de censura exitosa contra el Gobierno. Por mucho que algunos de los que llevaron a La Moncloa a Pedro Sánchez reclamen ahora elecciones anticipadas, la opción de conseguirlas votando al líder del PP como nuevo presidente supone un trago indigerible para PNV y Junts aunque desde Génova les intenten convencer de que sólo sería para un ratito. El PP paga así de caro el continuado desprecio político que ha cultivado hacia los nacionalismos catalán y vasco para engordar sus votos en el resto del país. Feijóo se ha atado a Vox y sólo con Abascal podrá llegar a gobernar España.La respuesta de Junts a la última propuesta de moción del PP, después de rebajarla a meramente instrumental, sin Vox en ese Gobierno transitorio y durando lo mínimo para convocar elecciones, no podía resultar más esclarecedora. Su secretario general, Jordi Turull, ha retado al líder de los populares a presentar su plan al presidente de Junts, Carles Puigdemont, en Waterloo. Poca sutileza la de los posconvergentes poniendo como condición un encuentro de Feijóo con su líder, que ni siquiera se ha producido aún con Sánchez.Junts ha votado en no pocas ocasiones en el Congreso junto a PP y Vox en iniciativas económicas afines a su ideario y sería el partido más cercano al programa económico y social de un futuro Ejecutivo popular, pero el historial de Génova durante el procés y su rotundo enfrentamiento a la Ley de Amnistía o cualquier decisión en favor de normalizar la tensión de Cataluña con el Estado ha cegado determinadas vías de tránsito con los de Feijóo. Una cosa es votar con ellos para proteger a los caseros frente a los inquilinos y otra, ponerlos al frente de un gobierno sin pasar por las urnas y sin saber cuánto duraría el periodo transitorio prometido.La falta de confianza es el otro cerrojo que impide abrir la puerta a la anhelada moción de censura. Feijóo ha dicho que el gobierno que formase duraría lo mínimo y tendría un sólo objetivo: convocar elecciones y "limpiar las instituciones". Este objetivo 'secundario' al que dedicaría el tiempo que necesite la convocatoria electoral es el que aún no ha explicado y también levanta suspicacias entre los interpelados a sumarse al plan: ¿qué instituciones? y ¿cómo pretende higienizarlas sin activar el Congreso, supuestamente durmiente durante la corta vida de ese Gobierno instrumental? No serían pocas las excusas que podrían aducirse desde Moncloa para ampliar el tiempo al mando ni escasas las medidas que, vía decreto, podría tomar ese hipotético Ejecutivo para situarse en mejor posición para la inminente carrera electoral.En el PNV aún lo tienen más claro pese a las exigentes palabras de su presidente, Aitor Esteban, sobre el insostenible mantenimiento del actual Gobierno. En Vitoria, el lehendakari Imanol Pradales depende de los socialistas, con quien gobierna en coalición desde junio de 2024 tras encajar un histórico empate en escaños con EH Bildu, por lo que el tradicional entendimiento entre jetzales y socialistas en la gobernabilidad de Euskadi resulta para el PNV más necesario que nunca. El trato recibido por el PP de Feijóo tampoco les ha dado margen de distensión alguna durante los ocho años de gobiernos de Sánchez. Recordemos, sólo como detalle, el firme rechazo del PP a la devolución al PNV del palacete de París que fue sede del gobierno vasco en el exilio, requisó la Gestapo nazi, entregó al régimen de Franco y hasta el año pasado no le fue devuelto oficialmente.Esta semana, justamente, se han cumplido ocho años de la única moción de censura de nuestro Parlamento que cambió al presidente del Gobierno sin mediar elecciones. Pedro Sánchez llegó a la Moncloa de un día para otro gracias al apoyo de todas las fuerzas a su izquierda y de los nacionalistas catalanes y vascos, el entonces PdCAT y el PNV. Sólo el PP, Vox y UPN y los diputados de los ya desaparecidos Ciudadanos y Foro Asturias se opusieron. Incluso Coalición Canaria se abstuvo. Desde entonces, 2018, llevan sosteniendo los sucesivos gobiernos en minoría de Sánchez y, todavía hoy, prefieren un adelanto electoral a provocar ellos un gobierno del PP. Algo tendrán que hacerse mirar en Génova si, con la que está cayendo, siguen contando sólo con Vox para llegar al Gobierno.