Lo que parecía un cementerio común en el norte del estado de Nueva York resultó ser el hogar de uno de los descubrimientos más notables sobre polinizadores en los últimos años. Investigadores de la Universidad de Cornell hallaron aproximadamente 5,5 millones de abejas mineras viviendo bajo el cementerio East Lawn en Ithaca, Nueva York. Esta vasta colonia subterránea de abejas nativas podría haber habitado el lugar durante más de un siglo, sobreviviendo gracias a un suelo intacto y condiciones de anidación favorables. Los científicos afirman que el descubrimiento subraya la importancia de proteger los hábitats olvidados y podría proporcionar valiosas pistas para la conservación de poblaciones vulnerables de polinizadores que enfrentan crecientes amenazas debido a la pérdida de hábitat, los pesticidas y el cambio climático.El descubrimiento se centra en la abeja minera común (Andrena regularis), una especie nativa de Norteamérica que anida bajo tierra. Los investigadores estiman que entre 3 y 8 millones de abejas habitan el cementerio, con una estimación promedio de 5,5 millones. Estos insectos ocupan aproximadamente 0,6 hectáreas bajo el cementerio East Lawn, creando lo que los científicos creen que podría ser una de las mayores concentraciones de abejas que anidan en el suelo jamás documentadas.El descubrimiento comenzó cuando investigadores de Cornell notaron una cantidad inusualmente grande de abejas que emergían del cementerio cada primavera. Una investigación posterior reveló una asombrosa concentración de nidos subterráneos ocultos bajo la tierra.A diferencia de las abejas melíferas, las abejas mineras son insectos solitarios. Cada hembra excava y mantiene su propio nido, donde deposita huevos y almacena polen bajo tierra para sus crías. No hay reina ni estructura de colmena.Lo que hace extraordinario al yacimiento de Ítaca no es la presencia de una colonia gigante, sino el hecho de que millones de abejas individuales hayan elegido anidar en el mismo lugar. Los científicos estiman que la agrupación contiene aproximadamente la misma cantidad de abejas que se encontrarían en entre 140 y 200 colmenas de abejas melíferasUn verdadero santuarioLos investigadores creen que la agrupación de nidos puede haber existido desde principios del siglo XX. Los registros históricos muestran que la presencia de Andrena regularis se ha documentado en el cementerio East Lawn durante más de un siglo.El cementerio ofrece varias condiciones que lo convierten en un hábitat ideal. El suelo está bien drenado y es fácil de excavar, el terreno sufre muy poca alteración y la exposición a pesticidas es limitada. A diferencia de las tierras de cultivo o los desarrollos urbanos, que se modifican con frecuencia, los cementerios suelen permanecer prácticamente inalterados durante generaciones.Los científicos creen que esta estabilidad ha permitido que incontables generaciones de abejas mineras regresen a los mismos lugares de anidación año tras año. El resultado es un refugio para polinizadores que podría haber pasado desapercibido durante más de 100 años.La importancia de este descubrimiento trasciende con creces un simple cementerio. Si bien la mayoría asocia a los polinizadores con las abejas melíferas, la mayoría de las especies de abejas silvestres son solitarias y muchas anidan bajo tierra. Estas abejas autóctonas desempeñan un papel crucial en la polinización de flores silvestres, árboles y cultivos agrícolas, pero sus hábitats suelen recibir poca protección.La agrupación de abejas de Ítaca demuestra la importancia de los lugares de anidación intactos para el mantenimiento de poblaciones saludables de abejas. También sugiere que pueden existir otros hábitats importantes para polinizadores en lugares poco explorados, como cementerios, parques, praderas y campos abandonados.Para los conservacionistas, este lugar ofrece una oportunidad única para estudiar qué sucede cuando se permite que una población de abejas autóctonas prospere durante generaciones sin una interferencia humana importante.Agricultura localEl cementerio se encuentra cerca de los huertos de Cornell, donde cada primavera florecen manzanos y otros frutales. Las abejas mineras emergen durante ese mismo período, lo que las convierte en polinizadoras especialmente eficaces.A diferencia de las abejas melíferas, muchas abejas mineras se especializan en recolectar polen de una gama más reducida de plantas, lo que las hace especialmente valiosas para la polinización de ciertas especies autóctonas y cultivos frutales.Los investigadores afirman que las grandes poblaciones de abejas autóctonas pueden actuar como una especie de seguro ecológico, ayudando a mantener los servicios de polinización cuando las colonias de abejas melíferas gestionadas experimentan descensos o brotes de enfermedades.Los científicos creen que la enorme población subterránea de abejas podría haber contribuido a la polinización de los huertos cercanos durante décadas. Las abejas nativas suelen ser polinizadoras muy eficientes porque pueden mantenerse activas en climas fríos y transferir el polen con mayor eficacia que otras especies.Ante la creciente preocupación por el declive de las poblaciones de polinizadores en todo el mundo, comprender y proteger a las abejas autóctonas se está volviendo cada vez más importante para la producción de alimentos y la salud de los ecosistemas.Los científicos no dan créditoLos investigadores continúan estudiando la agrupación para comprender cómo se ha mantenido estable durante tanto tiempo. Esperan que el yacimiento revele nuevos datos sobre el comportamiento de anidación, la dinámica poblacional y los requisitos de hábitat de las abejas autóctonas.Estas lecciones podrían resultar invaluables para los conservacionistas que trabajan para revertir el declive de los polinizadores en toda Norteamérica. El descubrimiento también plantea la posibilidad de que existan otras grandes agrupaciones de abejas que hayan pasado desapercibidas en otros lugares.Por ahora, el cementerio East Lawn se erige como un inesperado ejemplo de éxito en la conservación. Bajo su apacible terreno se esconde una próspera ciudad subterránea de millones de abejas que ha perdurado durante más de un siglo, ofreciendo una visión excepcional de cómo los polinizadores autóctonos pueden prosperar cuando se les proporciona el hábitat que necesitan.
Científicos descubren 5,5 millones de abejas mineras viviendo bajo un cementerio en Nueva York: esta vasta metrópolis subterránea podría haber habitado el lugar durante más de un siglo y ayudaría a salvar a polinizadores vulnerables
Los investigadores creen que la enorme población subterránea de abejas podría haber contribuido a la polinización de los huertos cercanos durante décadas.











