Si nos preguntamos para qué existe el Estado, la respuesta necesaria es para prestar servicios públicos, sea de manera directa o a través de terceros contratados. El servicio público, de manera general, se traduce en la atención de necesidades públicas. Por su enorme importancia, la Constitución le fija determinados estándares: obligatoriedad, generalidad, eficiencia, continuidad, calidad, etc. En el campo de la administración de justicia, para asegurar la calidad del servicio el artículo 170 de la Constitución garantiza la profesionalización mediante la formación continua y la evaluación periódica de los servidores judiciales como condiciones indispensables para la permanencia (y promoción) en la carrera judicial. Es decir, se queda en la institución el que es apto para servir con calidad en dicho servicio público. El servicio de salud pública en el Ecuador está altamente devaluado desde hace algunos años. En tiempos actuales pareciera que existe cierta saña en algunos reportajes de televisión para hundir más la imagen de dicho servicio. El rumbo de la salud pública debe reorientarse radicalmente. La credibilidad del ministerio competente es casi nula. Por ello el giro innovador que le ha dado el Gobierno nacional a la institucionalidad de la salud pública a través de la creación de una empresa pública que se hará cargo del abastecimiento, infraestructura y logística en salud se presenta como esperanzador. Es una nueva cara que reemplaza a una trajinada. La dimensión de los problemas solo la conoce el que los ha analizado desde lo profundo. Está claro que la nueva institución no debe repetir los graves y continuos errores del ministerio del ramo. El administrador de la empresa debe ser una persona especialmente competente, la comisión técnica de contratación debe ser particularmente pulcra y ágil; los seguimientos desde el Gobierno nacional deben ser especialmente ágiles; el cumplimiento de los hitos en forma oportuna es una condición necesaria de la gestión de dicha empresa. La iniciativa deberá cuidarse de los lobistas que prometen el oro y el moro. La agilidad, la eficiencia, la eficacia de sus procedimientos seguramente serán objeto de intensos seguimientos en el mundo político y periodístico.Lo importante es trabajar bien, con dedicación, con estrategia, siguiendo un patrón claramente establecido, rodeado de gente competente, honrada y comprometida, que siempre hay. El desafío no es solo de la empresa y del Gobierno, es de todo el Ecuador, que exige resultados. El usuario está cansado de comprar medicamentos ante las carencias de los hospitales públicos. En el gobierno de Alfredo Palacio se creó con el Municipio de Guayaquil una fundación que se encargó de proveer eficazmente servicios de salud descontando un dólar del Bono de Desarrollo Humano.Esa iniciativa ágil y eficaz pudiera retomarse, por ejemplo, con la Junta de Beneficencia de Guayaquil o la renovada Junta Cívica (que cuenta con una directiva de primera), entes alejados de la política y con muy buena imagen. La Junta de Beneficencia es un símbolo de nobleza, eficacia y solidaridad. (O)
Miguel Hernández Terán: Salud y empresa pública | Columnistas | Opinión
El desafío no es solo de la empresa y del Gobierno, es de todo el Ecuador, que exige resultados.











