El sistema sanitario chileno atraviesa hoy un escenario de inédita complejidad donde la fragmentación del discurso público parece bifurcar los intereses partidistas sin un destino claro, los sectores de la oposición manifiestan críticas aisladas, los grupos parlamentarios llevan agendas propias y la discusión sobre el presupuesto, a ratos, parece olvidar que detrás de las cifras hay personas esperando atención. En este contexto de confusión y ruidos cruzados, la reunión convocada por la ministra de Salud, May Chomali, junto a una decena de exministros y exministras (incluida la expresidenta Bachelet) destaca no solo como un gesto de madurez democrática, sino como la señal de un faro en esta tormenta de ideas vagas. Experiencias variadas, distintos enfoques pero una misma reflexión institucional sobre el desarrollo reunió a los exministros Jaime Mañalich, Pablo Erazo, María Soledad Barría, Osvaldo Artaza, Ximena Aguilera, Helia Molina, Carlos Massad, Enrique Paris, Carmen Castillo y Michelle Bachelet junto a la actual máxima autoridad sanitaria en una instancia, que, se aseguró, se repetirá cada seis meses. Como Fenats (Federación Nacional de Trabajadores de la Salud) Unitaria, saludamos este encuentro. Nos parece una excelente señal que, en medio de la crisis de gobernanza que hemos advertido en distintas oportunidades, la autoridad actual tenga la visión de recurrir a la experticia acumulada de quienes lideraron la cartera en las últimas décadas. Vimos en la misma mesa a figuras como Jaime Mañalich, María Soledad Barría, Enrique Paris u Osvaldo Artaza, una postal que demuestra que es posible pasar por encima de las diferencias para encontrar puntos concordantes cuando el objetivo superior es fortalecer la gestión y gobernanza del Estado. Chile necesita hoy, más que nunca, compactar la conducción desde el ministerio hacia abajo y dar un mensaje de claridad que termine con la lógica de los compartimentos estancos, donde cada director de hospital o servicio parece querer inventar la penicilina cada vez que asume.Sin embargo, para que esta instancia no sea simplemente una lluvia de verano, debe transformarse en un trabajo permanente de suma de fuerzas. La foto institucional es valiosa para todos, claro; pero debe significar también un compromiso del ministerio y los asistentes para apuntar a una continuidad de políticas públicas que el país anhela. Valoramos profundamente el compromiso de la ministra de no reducir el presupuesto a ningún programa vigente, según señaló a las principales organizaciones gremiales de la Salud Pública. La defensa de iniciativas como Chile Crece Contigo, PRAIS o el fortalecimiento de la Atención Primaria son líneas rojas que ningún ajuste fiscal debería cruzar. Este valioso espíritu de diálogo es solo el primer paso. El siguiente, y más urgente, es que esta actitud de encuentro se extienda hacia quienes sostenemos el sistema día a día: los trabajadores y trabajadoras. En dicha línea de proactividad, la ministra Chomalí se reunió con la totalidad de las organizaciones gremiales del país para realizar un diagnóstico integral sobre los detalles con que los gremios pueden aportar al proyecto del ejecutivo. Ante la preocupación general frente a los recortes de recursos planteados desde el Ejecutivo, la autoridad reiteró que, desde las direcciones de servicio, ningún programa sanitario en curso se vería afectado por este ajuste ni tampoco la atención directa a los usuarios o los beneficios alcanzados por los trabajadores de la salud.Asimismo, recibió con interés propuestas destinadas a blindar a los servicios del sector y mejorar la gobernanza en estas administraciones.Creemos que este es el camino. Es imperativo instalar una mesa tripartita -Gobierno, expertos y gremios- que emule la mística de convergencia que permitió, en su momento, el nacimiento del Plan Auge. Aquella fue una época de grandes miradas que se tradujeron en beneficios reales para la población que persisten hasta hoy y son respetadas transversalmente desde el mundo político; ese es el estándar que debemos recuperar.La salud pública es la prioridad única de Chile y no puede ser moneda de cambio de la contingencia política. El camino hacia la legitimidad pasa por la participación real. Esperamos que este hito entre la experiencia de ministros de distinto signo, pero una misma visión de país sea el inicio de una senda de gobernanza donde la participación de los usuarios y los trabajadores sea el motor de un gran acuerdo nacional que de verdad fortalezca lo que es de todos y trascienda los colores de turno.