Más oro y menos euros y dólares. Así puede sintetizarse la estrategia de los bancos centrales a la hora de gestionar sus reservas de divisas. Lo dice el informe anual que hace el Banco Central Europeo (BCE) sobre el comportamiento del euro en el mercado global de divisas, que revela que el oro, en 2025, ha sido el activo que más ha crecido. En concreto, la participación del oro en las reservas oficiales totales —que comprenden tanto divisas como metales preciosos— aumentó hasta el 27% a finales de 2025. Por lo tanto, ya supera al euro (15%) y a los bonos del Tesoro de EEUU (22%). El BCE achaca este sorpasso a la valoración de los activos a precios de mercado. No en vano, el precio del oro se disparó alrededor de un 60% y un 30% durante 2025 y 2024, respectivamente, lo que incrementa mecánicamente la participación del oro en las reservas oficiales totales. Esto significa que si se compara con los precios que había en 2023, la participación del euro en las reservas de divisas de los bancos centrales se situaría en el 16%, a la par, sostiene el BCE, del oro, y por debajo del 26% de los bonos de EEUU. En el caso de la deuda estadounidense, hay que tener en cuenta que el valor de los bonos del Tesoro cayó en 82.000 millones de dólares, hasta los 2,7 billones de dólares en marzo de 2026, el nivel más bajo desde 2012. Los analistas del banco central, en todo caso, no creen que el sorpasso sea de naturaleza estructural, ya que, en su opinión, el oro “presenta limitaciones como activo de reserva oficial en comparación con las principales monedas fiduciarias”. Cita, en concreto, que su precio de mercado es extremadamente volátil debido a que está fuertemente influido por la geopolítica al ser considerado un activo refugio. Igualmente, no genera ingresos y, cuando se mantiene en forma física, su almacenamiento es costoso. Y lo que es más importante, afirman, la oferta de oro no es totalmente elástica y no se ajusta sin problemas a las fluctuaciones de la demanda internacional de liquidez. Riesgos geopolíticos Ahora bien, reconoce el BCE, “las compras de oro también podrían reflejar los esfuerzos de algunos bancos centrales por fortalecer la solidez de sus balances ante el aumento de los riesgos geopolíticos". Es más, los datos de encuestas sugieren que los bancos centrales mantienen oro no solo para diversificar sus carteras, sino también como protección contra el riesgo geopolítico. Según sus datos, de hecho, las persistentes tensiones geopolíticas continúan impulsando una fuerte demanda de oro por parte de los bancos centrales. Si bien las compras de oro de los bancos centrales disminuyeron a alrededor de 850 toneladas en 2025, frente a las más de 1.000 toneladas anuales entre 2022 y 2024, se mantuvieron por encima de su promedio histórico pese a unos precios anormalmente elevados. En 2025, Polonia, un país fronterizo con Bielorrusia y Ucrania, se consolidó como el mayor comprador público de oro, adquiriendo alrededor de 100 toneladas, seguida de Kazajistán, Brasil, China y Turquía. Si la mirada es más profunda, resulta que desde la invasión de Ucrania por parte de Rusia en 2022, China ha comprado más de 350 toneladas de oro, seguida de Polonia (320 toneladas), Turquía (220 toneladas) e India (130 toneladas). Sin embargo, tras el estallido de la guerra en Oriente Medio, el banco central turco vendió o prestó unas 130 toneladas de oro —una de las mayores reducciones de reservas de los últimos años— para defender su moneda, mitigar el aumento vertiginoso de los costes de importación de energía y gestionar las consecuencias económicas. En 2026, además de Turquía, entre los vendedores conocidos se encuentra Rusia, supuestamente para financiar su guerra contra Ucrania. El auge del oro como activo de reserva de los bancos centrales, coincide en el tiempo con la estabilidad del euro, aunque a la baja, como divisas de negociación. La moneda única continúa siendo la segunda moneda más negociada —tras el dólar— en los mercados de divisas globales, pero su participación ha disminuido. Según la última Encuesta trienal de bancos centrales sobre los mercados de divisas y derivados extrabursátiles (OTC) realizada por el BIS en abril de 2025, el euro participó en el 28,5% de todas las operaciones de cambio de divisas. Ahora bien, su participación ha mostrado una tendencia a la baja desde 2010 y también cayó alrededor de dos y cuatro puntos porcentuales en comparación con las encuestas anteriores realizadas en 2022 y 2019, respectivamente, lo que refleja la creciente importancia de otras monedas. El BCE destaca, en este sentido, que el yuan chino registró el mayor aumento de cuota de mercado desde 2022, alcanzando el 9% en 2025. Alternativas al dólar El avance del yuan hay que enmarcarlo en una estrategia de largo alcance de los países BRIC (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) para crear un medio alternativo de pagos al sistema SWITCH, que es el más utilizado en Occidente, y cuyo funcionamiento depende de EEUU. India, recuerda el BCE, ha propuesto vincular las monedas digitales de los bancos centrales (CBDC) de los países BRICS para facilitar las transacciones transfronterizas. Rusia, por su parte, promulgó su ley de rublo digital en julio de 2025 y planea un lanzamiento masivo en septiembre de 2026. Se ha informado, igualmente, la creación de una nueva criptomoneda estable vinculada al rublo ruso, el token A7A5, lanzado en enero de 2025, que se habría utilizado para mover grandes flujos financieros hacia y desde Rusia a pesar de las sanciones internacionales. Además, China ha tomado medidas para promover el uso global del yuan digital (e-CNY), incluyendo la apertura de un centro en Shanghái y la remuneración del e-CNY al tipo de cambio de depósito. Además, el yuan digital chino sigue siendo la moneda dominante en el proyecto mBridge, una plataforma multcriptos diseñada para liquidar pagos transfronterizos en la que participan el Banco Popular de China, la Autoridad Monetaria de Hong Kong, el Banco de Tailandia, el banco central de los Emiratos Árabes Unidos y el banco central de Arabia Saudí, representando aproximadamente el 95% de las transacciones, Y es que la guerra en Oriente Medio, en este sentido, también ha dado alas a los medios de pagos y divisas alternativas. Como señala el informe, el estallido de la guerra coincidió con un aumento significativo en la actividad de liquidación en el Sistema de Pagos Interbancarios Transfronterizos de China (CIPS), que se incrementó en aproximadamente un tercio en marzo de 2026 en comparación con el promedio de los 12 meses anteriores. Esto se achaca, principalmente, al pago del petróleo en yuanes y no en dólares. Aún así, el dólar se mantiene (un 57% de cuota) como la moneda más utilizada, seguido del euro (20%), el yen japonés (6%) y la libra (5%), mientras que el renminbi continúa representando en torno al 2%. En lo que sí ha avanzado el euro es su utilización como moneda de emisión. La emisión internacional en euros para financiación de deuda —incluidos bonos y préstamos— aumentó el año pasado un 30% en comparación con 2024, superando los 1,1 billones de dólares, el nivel más alto desde la creación del euro. Este aumento fue impulsado por la fuerte emisión de bonos internacionales denominados en euros, que creció casi un 50%, mientras que la emisión de préstamos disminuyó ligeramente. Y todo ello, como recuerda el BCE, pese a que Europa no cuenta con un mercado de capitales integrado, lo que podría facilitar el uso del euro frente al dólar y otras monedas.