La expansión acelerada de la inteligencia artificial (IA) genera una nueva presión sobre un recurso cada vez más escaso: el agua. Mientras empresas tecnológicas compiten por desarrollar modelos más potentes y millones de usuarios utilizan plataformas como ChatGPT, Gemini o Copilot a diario, detrás de cada consulta existe una gigantesca infraestructura física que necesita funcionar las 24 horas. Y para evitar el sobrecalentamiento de miles de servidores y chips especializados, los centros de datos consumen recursos hídricos. Aunque el debate público sobre la IA suele centrarse en la energía eléctrica o el impacto laboral, especialistas y organizaciones ambientales advierten que el consumo hídrico de esta industria se ha convertido en un problema emergente con consecuencias ambientales, económicas e incluso sanitarias. De acuerdo con el informe Water Implications of AI-Driven Digital Infrastructure Expansion, elaborado por Trends Research & Advisory, un gran centro de datos puede utilizar hasta cinco millones de galones de agua al día, una cantidad comparable al consumo de pequeñas ciudades de entre 10.000 y 50.000 habitantes. La razón principal es el enfriamiento. Los modelos de IA funcionan mediante miles de procesadores de alto rendimiento conocidos como GPU, chips que consumen grandes cantidades de energía y generan calor constante. Para evitar fallas o interrupciones, se utilizan sistemas de refrigeración que requieren agua de manera continua. En muchos casos, esta se evapora durante el proceso de enfriamiento. Google informó que sus centros consumieron alrededor de 5.600 millones de galones en 2023, un incremento de 24% respecto al año anterior. Microsoft, por su parte, reconoció que el 41% del agua que utiliza proviene de zonas con estrés hídrico. El impacto ambiental y sanitario El crecimiento de esta infraestructura tecnológica genera preocupación en regiones donde el recurso ya es limitado. El problema no se restringe únicamente al consumo directo de los centros de datos: también existe un gasto indirecto asociado a la generación de electricidad y a la fabricación de chips semiconductores, procesos industriales altamente dependientes del agua. La creciente demanda hídrica de la IA podría convertirse en un riesgo de salud pública. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que la falta de agua segura favorece la propagación de enfermedades diarreicas, cólera y otros patógenos. Los niños menores de cinco años son los más vulnerables: actualmente representan el 84% de la carga global de enfermedades diarreicas. En Estados Unidos ya existen denuncias ciudadanas vinculadas a la problemática. En el condado de Newton, Georgia, donde Meta inició en 2018 la construcción de un centro de datos, vecinos reportaron posteriormente agua turbia y con sedimentos en sus viviendas. Situaciones similares se registraron en Fayette County y en comunidades cercanas a la bahía de San Francisco, donde organizaciones ambientales denuncian que las infraestructuras agravan problemas de contaminación. ¿Y qué ocurre en Perú? Nuestro país tampoco es ajeno a la expansión. Según el reportaje difundido por La Encerrona y elaborado por el Environmental Reporting Collective (ERC), los centros de datos crecen sin regulación específica ni lineamientos ambientales claros. Actualmente, las empresas dedicadas a esta actividad no cuentan con una clasificación diferenciada en los registros oficiales. La Sunat las agrupa dentro del rubro general de 'procesamiento de datos, hospedaje y actividades conexas', categoría que incluye más de 330 compañías y más de 3.100 personas naturales. Según el reportaje, el Ministerio del Ambiente indicó que no existe un Plan Nacional de Data Centers ni evaluaciones técnicas relacionadas con el tema. La Autoridad Nacional del Agua (ANA) señaló que no dispone de registros sobre permisos otorgados para uso hídrico de estas empresas, mientras que el OEFA confirmó que esta actividad no figura dentro de las categorías bajo su supervisión. El crecimiento proyectado del sector es significativo. La plataforma de investigación Research and Markets estima que el mercado peruano de centros de datos pasará de 130.000 millones de dólares en 2023 a más de 310.000 millones en 2029, impulsado por la digitalización y el auge de la inteligencia artificial. La carrera tecnológica frente al límite A nivel mundial, empresas tecnológicas intentan reducir el impacto hídrico mediante nuevas tecnologías de enfriamiento. Algunas utilizan agua reciclada o incluso proveniente del mar. Google, Microsoft y Amazon también han prometido convertirse en compañías 'water positive', es decir, devolver más recurso del que consumen mediante proyectos de recuperación hídrica. Sin embargo, especialistas advierten que estas medidas todavía son insuficientes y carecen de supervisión independiente. Además, compensarlo en una región distinta no necesariamente resuelve el impacto local sobre las comunidades afectadas. El problema adquiere mayor relevancia en un contexto de cambio climático y sequías cada vez más frecuentes. Países como Irlanda, Estados Unidos, India o Emiratos Árabes Unidos ya enfrentan tensiones entre el crecimiento de la infraestructura digital y la disponibilidad de recursos hídricos. “Cada vez más empresas —y personas en general— utilizan la IA. Por lo tanto, la demanda de refrigeración aumentará a medida que los sistemas informáticos de IA se vuelvan cada vez más complejos”, afirma David Atienza Alonso, profesor del Instituto Federal Suizo de Tecnología de Lausana (EPFL) y experto en arquitecturas informáticas de IA. “Todos quieren tener mayor control sobre los datos y su almacenamiento, lo que requiere infraestructura local. Pero esto implica construir cada vez más centros de datos, con un impacto creciente en el consumo de agua y energía”. Si esta tendencia continúa, advierte el experto, “podríamos llegar a un punto en el que el suministro de electricidad y agua sea difícil de garantizar en algunas regiones, si no se anticipan con antelación las necesidades de la infraestructura de IA”.
La sed oculta de la inteligencia artificial: el costo hídrico de los centros de datos
El aumento global de instalaciones tecnológicas reabre cuestionamientos sobre consumo de recursos, planificación urbana y protección de comunidades locales, mientras en Perú crecen los centros de datos sin regulación ambiental.
Google consumió 5.600M galones en 2023 (+24%): enfriamiento de GPU de IA requiere infraestructura hídrica masiva. Sin regulación en mercados emergentes, CTO enfrentan riesgos de compliance ambiental y disponibilidad regional en decisiones de data center.









