Una parte poco conocida del mundo digital depende de enormes sistemas de refrigeración que trabajan sin descanso. La inteligencia artificial necesita agua porque los equipos que procesan millones de operaciones generan grandes cantidades de calor y deben mantenerse dentro de márgenes seguros para evitar averías o pérdidas de rendimiento.

Esa demanda aumenta a medida que crecen los centros de datos y se multiplican las consultas. El consumo hídrico aparece, por tanto, como una consecuencia del esfuerzo necesario para alimentar y enfriar una infraestructura que funciona de manera continua.

La inteligencia artificial abrió el debate sobre su impacto ambiental

El debate sobre el coste ambiental de la inteligencia artificial ha ganado fuerza en los últimos años. Según informa BBC Science Focus, la expansión de esta tecnología ha puesto de relieve hasta qué punto los servicios digitales dependen de grandes cantidades de energía y agua.

Un informe publicado a comienzos de 2026 calculó que el uso global de la IA, en particular los centros de datos que la hacen posible, genera cada año una cantidad de CO₂ comparable a la de toda la ciudad de Nueva York. Otra estimación señala que entre cinco y 50 consultas a ChatGPT pueden requerir medio litro de agua para refrigerar los servidores.