Sor Lucía Caram llegó al programa de Mercedes Milá, Me meto en un jardín, sin intención de esquivar ningún tema. La religiosa, conocida por su trabajo con personas en situación de pobreza en Manresa, habló de fe, guerra, migración e Iglesia con la misma franqueza con la que, según ella misma contó, molestaba en Roma.La llamaron desde Roma para silenciarla. Lejos de achantarse, lo relató ante las cámaras sin dramatismo y con una conclusión directa sobre el papel de las mujeres en la Iglesia: "Cuando las mujeres toman la voz, sacuden estructuras que algunos prefieren intactas". Sobre hasta cuándo aguantará ese modelo, fue tajante: "Esto tiene una fecha de caducidad".Pero antes de Roma estuvo Ucrania. Su vínculo con el país empezó en 2014, pero todo cambió con la invasión a gran escala. Dos días después de organizar una plegaria en el convento, cogió una furgoneta hacia la frontera: "Las monjas se quedaron heladas". Desde entonces ha viajado 43 veces, llevando ambulancias y acompañando a heridos.La conversación bajó también a la realidad cotidiana de su fundación en Barcelona. Explicó que cada día dan de comer a cientos de personas, muchas de ellas con trabajo pero incapaces de pagar un alquiler. Frente a las acusaciones de "efecto llamada" y las pintadas que reciben por acoger a migrantes, su respuesta fue escueta: "Nosotros acogemos personas".Cerró con una advertencia sobre la atracción de los jóvenes hacia discursos de extrema derecha. Quienes compren esa épica violenta, advirtió, pueden ser los primeros llamados al frente. Para Sor Lucía, hablar de paz no es quedarse quieta, sino no callarse.
Sor Lucía Caram, la monja a la que llamaron de Roma para silenciarla, cuenta por qué no se calló: "Tiene una fecha de caducidad"
La religiosa repasó en 'Me meto en un jardín' sus 43 viajes a Ucrania, los ataques que recibe su fundación y el papel de las mujeres en la Iglesia.










