Se conocieron, se amaron, nos dejaron su creatividad en palabras y fotografías, aunque en España apenas son conocidas. Las argentinas María Elena Walsh (1930-2011) y Sara Facio (1932-2024) desarrollaron una trayectoria artística a la que imprimieron su compromiso social y su feminismo, en una época en la que no era lo habitual y podía resultar muy inconveniente. El Instituto Cervantes en Madrid rinde homenaje a ambas con la exposición María Elena Walsh y Sara Facio: la palabra y la mirada, hasta el 26 de julio, gratuita. La muestra se compone de unos 150 documentos, entre manuscritos, libros, objetos y portadas de discos de la primera, más los excelentes retratos a escritores hispanoamericanos de la segunda.Los fondos proceden de la Fundación Walsh Facio, en Buenos Aires, que impulsó la propia Sara Facio en 2017 para preservar el legado de ambas. Una de las dos comisarias de la exposición, Graciela García Romero, subrayó en la presentación a la prensa, el 22 de abril: “Estamos ante dos iconos de la cultura argentina del siglo XX”. El director del Cervantes, Luis García Montero, abundó en ello: “Son dos creadoras con un enorme impacto en la cultura en español, pero no lo suficientemente conocidas en España”.En las vitrinas se muestra cronológicamente la vida artística de Walsh, desde su niñez, con manuscritos de sus poesías tempranas. De pequeña le gustaba también cantar, bailar y leer los muchos libros de la biblioteca familiar. Con solo 15 años publicó su primer poema en una revista y con 17 logró éxito con su libro de debut, autoeditado, el poemario Otoño imperdonable (1947). “Aquí está la poetisa que esperábamos”, se escribió entonces en Argentina de una principiante que recibió las críticas elogiosas de Pablo Neruda, Jorge Luis Borges o Rafael Alberti.También de Juan Ramón Jiménez, a quien, como explicó la comisaria, Walsh había enviado un ejemplar de su libro. El poeta español —entonces exiliado en Estados Unidos— mostró interés en conocerla durante una visita que hizo a Argentina en 1948. El autor de Platero y yo quería descubrir nuevos valores para becarlos y recibirlos en su casa.Así, entre los documentos de la exposición, destacan dos cartas del escritor andaluz. En una de ellas, mecanografiada, le pide a su amigo el poeta Eugenio Florit, que vivía en Nueva York, que acompañe a Walsh, “jovencísima poeta arjentina que está pasando unos meses con nosotros”, en su visita a la Gran Manzana. Al final de la misiva, Jiménez apostilla: “A ella no le gusta poetisa, a mí sí, como me gusta pitonisa y diosa”. Los seis meses que Walsh vivió con Jiménez y su esposa, Zenobia Camprubí, “fueron difíciles, aunque sirvieron para que él le transmitiera la importancia del folclore para su poesía”, añade la comisaria.Walsh amplió su formación en París. Allí se había citado con Leda Valladares, una cantante y poeta a la que había conocido por carta y con la que inició una relación. Esto supuso romper con su novio, con su país, y junto a Valladares formó un dúo musical de folclore argentino. Mientras suman actuaciones, graba discos y publica su primer libro de literatura infantil.De regreso a Argentina, su siguiente amor será la intelectual María Herminia Avellaneda, con quien comienza a escribir guiones para programas infantiles de televisión. Ademas, estrena dos obras de teatro para niños. En todo ello huye de los estereotipos y retóricas dominantes en la literatura infantil para apostar por el juego del lenguaje y la fantasía, apuntó la comisaria.A lo largo del recorrido pueden verse también las cintas de casete y las portadas de sus discos y canciones. La célebre Como la cigarra, de 1973, se convertirá en un himno que, entre otros, interpretó Mercedes Sosa (“Tantas veces me mataron, tantas veces me morí / Sin embargo estoy aquí, resucitando”). Una composición que llegaría a prohibir la dictadura argentina. “A Walsh no le gustaba cómo estaba su país, pero sus canciones no son de protesta, sino irónicas”, precisó la comisaria. “Y hoy se siguen cantando en Argentina”.Fotos familiares, recortes de prensa con sus artículos, imágenes que le tomó Sara Facio en sus actuaciones o su guitarra ayudan a entender la trayectoria de Walsh. Alguien de quien, cuando se cumplieron 10 años de su fallecimiento, la escritora Leila Guerriero escribió en El País Semanal: "Escribía sin demagogia ni complacencia, con un sentido de la rima que sólo logra un oído natural educado con rigor".A finales de los setenta, ante la situación en Argentina, Walsh recaló en España para la producción de una serie a partir de sus Cuentos de Gulubú. Fue ella quien eligió que la encargada de interpretar sus canciones fuera la cantautora española Rosa León. Esta evocó sus recuerdos de Walsh en la presentación de la exposición: “Cuando María Elena vino a España, yo no sabía quién era, pero en cuanto oí un par de cintas con sus canciones quedé impresionada, era un talento en estado puro”.De nuevo en Argentina, inició su relación con Facio (“el amor de mi vida”, aseguró), que se prolongaría más de 30 años, hasta su fallecimiento. Sus canciones fueron censuradas, por lo que decidió dejar los escenarios para refugiarse en el periodismo. En sus últimos años de vida, Walsh dirigió un programa de televisión, escribió libros infantiles y publicó una novela autobiográfica. García Romero concluyó que Walsh fue “una mujer que desoyó los mandatos, creó personajes como parábolas de la libertad y fue una voz temprana del feminismo en su país”.Alrededor de las vitrinas dedicadas a Walsh cuelgan los potentes retratos tomados por Facio, en blanco y negro, a autores entonces muy jóvenes, como el de Julio Cortázar, en París, con un cigarrillo; Pablo Neruda, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Octavio Paz o Alejandra Pizarnik; también está la hoja de contactos de la serie a Jorge Luis Borges y una de sus cámaras, una Leica. Sin pretenderlo, Facio estaba componiendo un archivo de los escritores que marcarían una época de la literatura en español. Silvia Mangialardi, también comisaria de la exposición y crítica de arte, destacó de Facio que no solo fue una gran retratista, también valoró trabajos como su reportaje del funeral del presidente argentino Juan Domingo Perón, en julio de 1974. Y como el talento no está reñido con el humor, sino más bien lo contrario, Rosa León recordó una anécdota que refleja la jovialidad de Walsh. Hablando ambas sobre lo aburridas que eran las reuniones largas que a veces les tocaba sufrir, Walsh le aconsejó qué hacer: “Haces como que te desmayas y se acabó la reunión”.
Una exposición alumbra la creatividad y compromiso de dos mujeres fundamentales en la cultura argentina del siglo XX
El Instituto Cervantes celebra el legado artístico de la escritora María Elena Walsh y la fotógrafa Sara Facio con 150 obras entre manuscritos, libros, canciones y fotografías












