Opinión
Columnas Diarias
Rincón de PetulNavegar por este problema sin los datos necesarios puede provocar un choque inesperado futuro.
Este artículo parte de dos certezas: La primera, que Guatemala es un país expulsor de migración internacional; y la segunda, que existen factores externos que provocan que el deseo o la necesidad de abandonar el país se convierta en algo más colectivo y menos individual. Una cosa es una familia peregrina por motivos personales. Y otra, una comunidad arrasada por una afectación generalizada, que es expulsada colectivamente. Esto está asociado a lo que llamamos factores de expulsión, como la economía, el desempleo; la violencia, la falta de servicios públicos de calidad, la fragilidad política y el clima.
Si aceptamos las premisas anteriores, debiéramos también reconocer una más. Que si esos factores son medibles en su individualidad, también pueden ponderarse en su conjunto para determinar algo concreto: Qué tanta presión externa tiene la población -o las poblaciones particulares- para dejar su tierra, en un momento determinado. No hablamos aquí de medir la intención. Eso se logra con una encuesta. En cambio, medir los factores que la historia nos ha enseñado que provocan la inminencia del viaje hacia el norte.















