Los datos están ahí: los migrantes no colapsan las fronteras ni aumentan la criminalidad ni arrebatan empleos. Pues ¿cómo tanta gente ha llegado a creer lo contrario? El mexicano Jorge Volpi trata pacientemente de explicarlo en Invasión alienígena (Debate), un pequeño ensayo donde ofrece cifras reales que cuestionan el discurso nacionalpopulista. EFE/ Quique GarcíaEl autor –que intuye que su empeño está condenado al fracaso ante un público que solo busca confirmar sus prejuicios– muestra cómo las sociedades antiguas, de la Grecia a la Roma clásicas a las edades media y moderna, eran mucho más diversas que la nuestra, desmintiendo el mito de un pasado homogéneo. Es más: solo un 3,1 de la población mundial vive en un país distinto al que nació. La paradoja es que los países que más blindan hoy sus fronteras son los que expandieron a sus habitantes por el mundo. El 82% de la emigración que hay en Europa es legal, y los migrantes sin papeles suponen entre el 0,4 y el 0,8% de su población. Los empleos que ocupan, por sus bajos salarios o dureza, son los que los locales rechazan. Y, salvo excepciones ligadas al integrismo islámico, la gran mayoría se integran y acaban permeados en la cultura local.El 82% de la emigración que hay en Europa es legal, y los migrantes sin papeles suponen entre el 0,4 y el 0,8% Económicamente, los países desarrollados necesitan el trabajo migrante pero imponen severas restricciones al tránsito de personas, es decir, se ofrecen empleos a aquellos que tienen el coraje o la temeridad de saltarse las normas. “El alien es a la vez requerido y criminalizado”, observa Volpi, para quien la mayor fuente de discriminación en el mundo es hoy el hecho de nacer en un lugar o en otro del planeta: a un lado, derechos y oportunidades; al otro, privaciones, opresión y hasta terror. ¿Ustedes no querrían cruzar esa línea?El proyecto de regularización de emigrantes sin papeles del Gobierno español, e incluso la visita reciente del Papa a un centro de acogida en Canarias, pone a muchos ante el espejo de sus contradicciones, en tiempos en que todo un presidente de EE.UU. –descendiente de alemanes y casado con una eslovena– ha llegado a decir cosas como “no son personas, son animales”.Cuando escuchen aquello hoy tan en boga de que la emigración latinoamericana sí es aceptable, por católica e hispanohablante, frente a las otras, piensen que su interlocutor es un digno émulo de Bartolomé de las Casas en la Controversia de Valladolid, quien defendió que los indígenas americanos tenían alma, sí, pero lo hizo en contraste con los negros de África, quienes, según él, sí merecían ser esclavizados.Redactor jefe de Cultura. Autor de libros como 'Aquellos años del boom' o 'Planeta Nobel'. Autor de varios documentales de temas literarios
Alienígena lo serás tú, por Xavi Ayén
Los datos están ahí: los migrantes no colapsan las fronteras ni aumentan la criminalidad ni arrebatan empleos. Pues ¿cómo tanta gente ha llegado a creer lo contrario? El mexicano Jorge Volpi trata pacientemente de explicarlo en Invasión alienígena (Debate), un pequeño ensayo...








