Lorenzo Salgado Araujo un hombre que transitaba en su carro por Houston, Texas, fue asesinado a tiros por un agente de ICE. La justificación es que el mexicano desobedeció la orden de detenerse. Los acompañantes han declarado que el agente disparó sin que su vida estuviera en peligro. El Condado clasificó la muerte como homicidio. El gobierno mexicano anunció que emprendería medidas jurídicas. La realidad es que todos los días cientos de migrantes son perseguidos en los Estados Unidos. La lógica nos dice que no se puede esperar otra cosa en un país que es gobernado por un dictadorzuelo bananero, un populista que ha destruido la vida institucional llegando al extremo de festejar su cumpleaños con un espectáculo de artes marciales en la Casa Blanca. Estos días ha aparecido un breve y profundo ensayo de Jorge Volpi. El título no solo es sugerente, sino que incita a replantear la discusión del tema migratorio: Invasión alienígena. El falso problema migratorio (En debate, 2026). Las fronteras son un constructo imaginario. Podemos ver las mismas características en un terreno, pero basta con que demos un paso para encontrarnos en otra patria y sin pensarlo convertirnos en delincuentes, ser de afuera significa un peligro para los de adentro, por lo menos para la legitimidad del discurso político construido mediante conceptos que permiten generar un enemigo en común, un culpable de todos nuestros males. Los líderes del “nacionalpopulismo: creen que sus pueblos tienen un <<alma>> -una esencia- que deben preservar de la contaminación externa.” Esos seres que amenazan con contaminar la pureza de las naciones y cierran sus fronteras se enfrentan a una ambivalencia: son rechazados por su nacionalidad y se les necesita por su trabajo. La función que realizan en las naciones desarrolladas es fundamental, justamente para que el desarrollo económico se mantenga. Volpi describe de manera inteligente cómo las fronteras se convierten en constructos de la imaginación que legitiman el discurso, que no son cerradas porque necesitan de los que vienen de afuera, los incentivan a cruzar hacia el otro lado. Ofreciéndoles la oportunidad de una vida con mayores oportunidades de desarrollo y bienestar. En el discurso se les rechaza y en la práctica se les necesita, la mano de obra de los habitantes de los países en vías de desarrollo es fundamental para mantener las grandes economías. El fondo del problema no son las migraciones sino el discurso que se ha creado contra ellas. El verdadero conflicto se encuentra en las desigualdades que el sistema capitalista ha construido. Volpi escribe: “El problema migratorio no es, en el fondo, sino un problema laboral. Un problema, como bien lo vio Marx, de clase, por más que los nacionalpopulistas insistan en dirigirlo hacia la raza o la cultura.” En un mundo donde genéticamente somos casi iguales se convierte en una contradicción como humanidad ser alien, “extraños”, en fronteras construidas de forma ficticia. Resulta irracional pensar que todos los días alguien es asesinado por amenazar el adentro de una nación gobernada por cavernícolas. En los años que vienen las migraciones serán cada vez más necesarias para el futuro de las naciones y tendremos que diluir las fronteras para conquistar la racionalidad o mantenernos en el falso discurso que amenaza con borrar el sentido de pertenencia. Borrar las fronteras implica mirarnos como iguales, esto exige erradicar la discriminación. Jorge Volpi abre un debate de forma brillante, su ensayo es necesario para entender el debate de nuestro tiempo. Hasta aquí Monstruos y Máscaras… Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.
“Invasión alienígena”, escribe Jovany Hurtado García
Lorenzo Salgado Araujo un hombre que transitaba en su carro por Houston, Texas, fue asesinado a tiros por un agente de ICE. La justificación es que el mexicano desobedeció la orden de detenerse. Los acompañantes han declarado que el agente disparó sin que su vida estuviera en peligro. El Condado clasificó la muerte como homicidio. El gobierno mexicano anunció que emprendería medidas jurídicas. La realidad es que todos los días cientos de migrantes son perseguidos en los Estados Unidos. La lógica nos dice que no se puede esperar otra cosa en un país que es gobernado por un dictadorzuelo bananero, un populista que ha destruido la vida institucional llegando al extremo de festejar su cumpleaños con un espectáculo de artes marciales en la Casa Blanca. Estos días ha aparecido un breve y profundo ensayo de Jorge Volpi. El título no solo es sugerente, sino que incita a replantear la discusión del tema migratorio: Invasión alienígena. El falso problema migratorio (En debate, 2026). Las fronteras son un constructo imaginario. Podemos ver las mismas características en un terreno, pero basta con que demos un paso para encontrarnos en otra patria y sin pensarlo convertirnos en delincuentes, ser de afuera significa un peligro para los de adentro, por lo menos para la legitimidad del discurso político construido mediante conceptos que permiten generar un enemigo en común, un culpable de todos nuestros males. Los líderes del “nacionalpopulismo: creen que sus pueblos tienen un <<alma>> -una esencia- que deben preservar de la contaminación externa.” Esos seres que amenazan con contaminar la pureza de las naciones y cierran sus fronteras se enfrentan a una ambivalencia: son rechazados por su nacionalidad y se les necesita por su trabajo. La función que realizan en las naciones desarrolladas es fundamental, justamente para que el desarrollo económico se mantenga. Volpi describe de manera inteligente cómo las fronteras se convierten en constructos de la imaginación que legitiman el discurso, que no son cerradas porque necesitan de los que vienen de afuera, los incentivan a cruzar hacia el otro lado. Ofreciéndoles la oportunidad de una vida con mayores oportunidades de desarrollo y bienestar. En el discurso se les rechaza y en la práctica se les necesita, la mano de obra de los habitantes de los países en vías de desarrollo es fundamental para mantener las grandes economías. El fondo del problema no son las migraciones sino el discurso que se ha creado contra ellas. El verdadero conflicto se encuentra en las desigualdades que el sistema capitalista ha construido. Volpi escribe: “El problema migratorio no es, en el fondo, sino un problema laboral. Un problema, como bien lo vio Marx, de clase, por más que los nacionalpopulistas insistan en dirigirlo hacia la raza o la cultura.” En un mundo donde genéticamente somos casi iguales se convierte en una contradicción como humanidad ser alien, “extraños”, en fronteras construidas de forma ficticia. Resulta irracional pensar que todos los días alguien es asesinado por amenazar el adentro de una nación gobernada por cavernícolas. En los años que vienen las migraciones serán cada vez más necesarias para el futuro de las naciones y tendremos que diluir las fronteras para conquistar la racionalidad o mantenernos en el falso discurso que amenaza con borrar el sentido de pertenencia. Borrar las fronteras implica mirarnos como iguales, esto exige erradicar la discriminación. Jorge Volpi abre un debate de forma brillante, su ensayo es necesario para entender el debate de nuestro tiempo. Hasta aquí Monstruos y Máscaras… Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.












