Las muertes del mexicano Lorenzo Salgado Araujo, en Texas, y del colombiano Joan Sebastián Durán Guerrero, en Maine, ambos abatidos por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) con apenas seis días de diferencia, reavivaron el debate sobre el uso de la fuerza en los operativos migratorios en Estados Unidos. A estos casos se sumó la muerte de otro inmigrante mexicano en Florida, quien fue atropellado mientras huía de un operativo de la agencia. Estos trágicos hechos coinciden con la ofensiva de la administración del presidente Donald Trump para elevar las detenciones hasta un objetivo de 2.000 arrestos diarios, una estrategia que ha despertado interrogantes sobre si la presión por cumplir esas metas está incrementando los riesgos durante las intervenciones y derivando en más episodios de violencia. ¿Existe una relación entre ambas situaciones?