El concepto de soberanía digital europea se ha hecho popular. Se trata de la alternativa democrática a la tecnooligarquía de EE.UU. y al vertiginoso e inquietante avance de China. La expresión comienza a infiltrarse en los discursos políticos –al menos, en los de los dirigentes menos reaccionarios–, en los espacios de opinión de los periódicos y en el activismo.Hay una aplicación, Charles, que detecta en tiempo real los servicios no europeos que está utilizando el usuario. Además, le propone “alternativas soberanas”. Cuando se trabaja, por ejemplo, con Google Docs, la app advierte de que el sitio se aloja fuera de la red de la UE y ofrece variantes europeas como la francesa CryptPad o la alemana Nextcloud Office.Algunos avances los impulsa la propia Comisión Europea, que, ahora se propone reservar las comunicaciones satelitales gubernamentales a los operadores europeos, frente al peligroso dominio de las empresas de oligarcas como Elon Musk o Jeff Bezos. A buena hora, podría decirse. Bruselas impulsa un plan europeo de IA que incluye las AI Factories. También la fabricación de semiconductores europeos o una política propia de cuántica. Pero ha tardado mucho en despertar: durante años, ha parecido conformarse con la elaboración de su Ley de IA, muy avanzada y pionera, pero que es poco más que papel mojado cuando se intenta aplicar a los grandes operadores no europeosEl auge ultra plantea dudas sobre el tipo de soberanía tecnológica de la Europa futuraSin embargo, algo está cambiando, Bruselas se dispone a lanzar en los próximos días un ambicioso plan que podría suponer un antes y un después en el intento de recuperar soberanía digital, según ha publicado el Financial Times . La hoja de ruta, en cualquier caso, esta ya definida en la iniciativa EuroStack, impulsada por la economista Francesca Bria.Más allá del terreno institucional, una empresa europea como Mistral , fundada en Francia, protagoniza también avances. Esta firma de IA ha captado 890 millones de dólares en su primera operación de financiación para construir centros de datos en Europa, aunque, a día de hoy, la soberanía completa es una quimera: los centros se equiparán con chips de Nvidia.Elon Musk interviene en un mitin de la ultra alemana Alice Weidel Sean Gallup / GettyEn el plano local, el Barcelona Supercomputing Center (BSC) va incorporando también elementos de soberanía digital europea, como otro flamante ordenador cuántico integrado en la Empresa Común Europea de Computación de Alto Rendimiento. Y más relevante aún, por innovador y necesario: el BSC ha creado el primer laboratorio de arte y ciencia en un centro de supercomputación. Lo dirige Fernando Cucchietti junto al comisario José Luis de Vicente y cuenta en el consejo asesor con referentes como Ricard Robles (cofundador del Sónar), Mónica Bello (Platform Dalí) o la propia Francesca Bria.Este laboratorio, a través de una elaborada política de alianzas, permitirá probablemente que Barcelona lidere el discurso cultural en el marco de la soberanía digital europea. En el próximo festival de la Nueva Bauhaus Europea, a mediados de junio, el laboratorio dará sus primeros pasos en este sentido.Lee tambiénLos retos son ahora mayúsculos, pero no solo por el tiempo perdido respecto a EE.UU. y China, sino por la evolución que pueda experimentar la propia Europa. Ya no se trata solo de ganar soberanía respecto a otros, sino de preguntarse cuáles son los valores que van a sustentarla.La cuestión no es menor si se observa el auge electoral de los partidos ultraderechistas, algunos de ellos plenamente alineados con las tesis (si existiera tal cosa) de Donald Trump. El debate de fondo es más semántico que tecnológico: se trata de dilucidar en qué momento el concepto de Europa dejó de evocar valores democráticos, de libertad, de paz y de progreso.Para no acabar sin aportar algo de luz: comenta un activista tecnológico que, para evitar el riesgo de que la soberanía digital europea recaiga en estructuras centralizadas susceptibles de ser controladas por fuerzas antidemocráticas, habría que apostar por infraestructuras transparentes y compartidas, así como por la participación ciudadana. Son ideas.Director adjunto de La Vanguardia. Escribe cada semana un artículo de opinión sobre cultura y ciudades. Novelista. Último libro: 'Siete días en la Riviera'
Soberanía digital europea pero, ¿de qué Europa?, por Miquel Molina
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Bruselas lanza EuroStack y Mistral captó 890 M$ para data centers en Europa, aún con chips Nvidia. El auge ultra cuestiona los valores democráticos que respaldan el proyecto, señal de riesgo en la governance de infraestructuras tech europeas.















