En la historia contemporánea de la calle de Ferraz hay un día que comenzó todo. María González Veracruz, entonces miembro de la ejecutiva federal, embarazadísima, entró en la sede del PSOE e hizo correr la voz de alarma: “Ya vienen”. Había visto a un par de periodistas sentados en el banco frente al número 70 y barruntó que estaba cerca del registro de las firmas con la dimisión en bloque de los afines a Susana Díaz con el fin de hacer caer a Pedro Sánchez. Minutos después entró por el garaje el coche con el brazo ejecutor de la operación y la calle fue por primera vez el callejón del gato de la política española. Lo grotesco se instaló para siempre. Aquel mes de septiembre de 2016 terminó con la sede socialista cerrada a cal y canto y Sánchez y su guardia pretoriana encerrados dentro. Arrancó octubre con una paella al aire libre para los periodistas, mariachis y, ya de noche, pizzas para los exhaustos miembros del comité federal. Hubo cámaras en los balcones para grabar el patio donde se aireaban y muchas intoxicaciones que ocuparon titulares durante toda esa jornada de canibalismo político. Y por primera vez en tiempos de Sánchez, una imagen que se ha repetido después: una multitud se congregaba para apoyarle. “Son de Podemos”, sentenció la gestora después de sudar la gota gorda para apearlo del poder. Por aquellas fechas desfiló por Ferraz el futuro, distorsionado por los espejos cóncavos y convexos. María Jesús Montero, la consejera andaluza que llevó el papel que avalaba que Pedro Sánchez ya no era legítimo secretario general, y Quim Torra, camisa blanca de manga corta y una bolsa de plástico en cada mano, dos años antes de ser molt honorable president de la Generalitat. Y se empezó a fraguar todo lo que vino después: la primera victoria electoral y la remontada de la última vez. Las cargas policiales por las concentraciones ultras y las concentraciones para rezar el rosario por España. En la Nochevieja de 2023, colgaron de un semáforo un muñeco que representaba a Pedro Sánchez y lo apalearon por turnos porque había que “acabar con él”, decían. Estuvieron a punto de ver su final cuando el presidente amagó con dimitir por la imputación de Begoña Gómez; y la multitud volvió a la calle a implorarle que se quedara. Aquel comité federal también fue todo un homenaje al esperpento y dice el auto que el juez Santiago Pedraz ha emitido esta semana que, en esos días de reflexión de Sánchez, empezó a urdirse una trama para contener los daños de los casos judiciales que asedian al PSOE bajo el liderazgo de Santos Cerdán; el “zorro que guardaba las ovejas”, según sostiene ahora el equipo de Sánchez. Esa investigación es la que justifica que los agentes de la Guardia Civil y las hordas de periodistas volvieran el miércoles pasado y, con ellos, los mariachis, un violín pagado por Hazte Oír y un magistrado jubilado dispuesto a afiliarse: “Esto es una operación contra el PSOE”, dijo. Una semana antes, la Policía se había personado en el número 35 de la misma calle para registrar la oficina de José Luis Rodríguez Zapatero. Hay muchos socialistas preocupados por la letra de los autos; en unos casos, por la condena política sin juicio que suponen estas largas investigaciones y, en otros, por las prácticas corruptas que se describen. Mientras, Ferraz promueve el mensaje de que son víctimas de una campaña orquestada y devuelve a sus simpatizantes a ese “ya vienen” sobre el que se levantó la leyenda de la resistencia de Sánchez. El “ya vienen” que desde 2016 cohesiona a un PSOE sin contrapesos orgánicos en el que la deslealtad con el líder se paga ante las bases. “Van a ir por nosotros con todo lo que tengan”, avisó Sánchez cuando estaban negociando la ley de amnistía al principio de la legislatura. “Hay un Gobierno al que se quiere doblegar con métodos no democráticos”, sentenció el ministro Puente el día después de que la UCO estuviera 15 horas en la sede socialista, aferrándose a la sentencia del fiscal general del Estado. “Rajoy es inocente pero la gente sabe que es culpable y el fiscal culpable pero saben que es inocente”, explica en privado una dirigente para ilustrar el sentir de la militancia. Porque el juego de los espejos de Valle-Inclán inspira hoy la estrategia del PSOE.
El “ya vienen” vuelve a resonar en Ferraz
El PSOE promueve el mensaje de que todo forma parte de una campaña orquestada y que se quiere acabar con el Gobierno por medios no democráticos














