Cuando una organización procesa previamente un mal resultado, los golpes, por duros que sean, parecen más llevaderos. El otrora todopoderoso socialismo andaluz cosechó este domingo su peor dato, pero la gestión de expectativas ha moderado mucho la sensación de fracaso. Ni en Sevilla ni en Madrid parecían esperar otra cosa, diputado arriba o diputado abajo. Han pasado de 30 a 28 y nunca han tenido un grupo tan esquelético en el Parlamento. El PP ha perdido la mayoría absoluta y eso les compensa el batacazo. El escenario es muy adverso, ocho años ya en la oposición y ahora cuatro más sin levantar cabeza. Aunque a corto plazo no pasará nada. Ferraz quiere que María Jesús Montero siga al frente del PSOE andaluz al menos hasta las elecciones generales y que se vuelque durante este año en preparar las municipales. No es una decisión improvisada, ya sabían que iba al matadero. Para la dirección nacional es fundamental consolidar su liderazgo territorial y el partido en Andalucía está dispuesto a respetarlo. El tiempo de los cuchillos no ha llegado. La idea de una tregua interna hasta las generales del próximo verano es compartida por todos. Los socialistas celebraron la reunión de la Comisión Ejecutiva Regional sin sustos. Solo tres personas tomaron la palabra y todas a favor de la exvicepresidenta y exministra de Hacienda. Ella ya había dejado claro que se queda en Sevilla para ejercer como "jefa de la oposición". En las próximas semanas renunciará a su escaño en el Congreso para tomar posesión del acta de diputada autonómica. Y en Andalucía le agradecen el gesto. "Ella ha puesto su cabeza al servicio del partido para que se la destrocen", sostienen fuentes del PSOE-A. "Si no se llega a presentar, el resultado habría sido más o menos el mismo y la estarían criticando", apuntan en la organización. TE PUEDE INTERESAR La otra noche de Vox: desbanca al PSOE en 43 municipios Luis Vertedor Gráficos: Unidad de Datos Gráficos: EC Diseño El socialismo andaluz acudió a Montero ante las dudas de si Juan Espadas reunía las condiciones para batirse de nuevo con Moreno. El resultado del 17-M confirma que las debilidades electorales del PSOE-A van más allá de la identidad de su secretario general. Pese a la estrategia del presidente de dar poder territorial a sus ministros y convertirlos en candidatos, en la dirección destacan que en el caso de Montero fue una petición de Andalucía. Pero a nadie en la organización se le escapa su absoluta sintonía con el presidente del Gobierno. La noche electoral hablaron varias veces por teléfono. Al margen de que él no fuera el autor intelectual de su regreso, la relación que les une mitiga las consecuencias inmediatas de la derrota. "Meterse con Montero es meterse con Pedro", señalan en el partido. Esta circunstancia favorece el alineamiento entre Madrid y Sevilla y que la organización permanezca en calma hasta las generales. En Ferraz tienen la impresión de que el liderazgo de la exvicepresidenta es clave en esta fase y el PSOE puede ser más competitivo en las municipales. "Ella tiene tablas y experiencia para construir un proyecto". Ahora, explican, "va a poder recorrer el territorio", algo que ya está haciendo la exministra Pilar Alegría en Aragón y el nuevo jefe de filas del socialismo extremeño, Álvaro Sánchez Cotrina. Con Montero el plan es únicamente a 14 meses. Nadie la cuestiona, pero ni ella se atrevió a comprometer este lunes, en una entrevista en la Ser, que volverá a ser la candidata. En el PSOE andaluz opinan que si dentro de un año Sánchez consigue retener la Moncloa, se producirá "una transición pactada entre Montero y el presidente" que le proporcione una salida y la celebración de un congreso extraordinario para escoger a un nuevo líder. Si el jefe del Ejecutivo no logra continuar, avisan, "se buscará una catarsis e iremos a la guerra". Andalucía pone fin al ciclo electoral que comenzó en diciembre en Extremadura y continuó con Aragón y Castilla y León. Salvo la mejora de dos escaños en esta última autonomía, el balance es pésimo. El PSOE firma los resultados más negativos de la democracia. Y, pese a ello, en la cúpula socialista no se apean de que PP y Vox no tienen garantizada la suma en las generales. En Ferraz sostienen que la dependencia de Moreno de la ultraderecha (le han faltado dos diputados para conservar la mayoría) hará daño a Alberto Núñez Feijóo. Su tesis es que, como sucedió en 2023, habrá una participación extraordinaria de los progresistas para evitar un gobierno que tenga de vicepresidente a Santiago Abascal, azuzada, además, por la inestabilidad mundial que ha provocado el nuevo mandato en EEUU de Donald Trump. Esa movilización se producirá por varias vías: los abstencionistas que no votan en autonómicas, votantes que en sus territorios escogen a otras fuerzas de izquierda e incluso electores que han apostado por Juanma Moreno para que no dependa de Vox. Este horizonte priva a los socialistas de un análisis más profundo que, sin estridencias, se exige tras cada cita electoral. Emiliano García-Page, puntualmente, hace la petición. Esta vez no se ha quedado solo. El presidente de Asturias, Adrián Barbón, y el secretario general del PSOE de Castilla y León, Carlos Martínez, se han unido a su coro. Page advirtió de que los ciudadanos están mandando un mensaje "muy claro y nítido", pero el "destinatario", en referencia a Sánchez, "no lo quiere entender". Aludía así a que los españoles no están conformes con el pacto suscrito con Junts y se manifiestan "elección tras elección". A juicio de Barbón, "la izquierda tiene que hacer un análisis crítico" y "examinar por qué no somos capaces de conectar con la ciudadanía". Para Martínez es también imperiosa esta reflexión en el ámbito interno del partido. El problema, aseguró, no es "haber perdido en Andalucía", sino la "desconexión" con los ciudadanos. Cuando una organización procesa previamente un mal resultado, los golpes, por duros que sean, parecen más llevaderos. El otrora todopoderoso socialismo andaluz cosechó este domingo su peor dato, pero la gestión de expectativas ha moderado mucho la sensación de fracaso. Ni en Sevilla ni en Madrid parecían esperar otra cosa, diputado arriba o diputado abajo. Han pasado de 30 a 28 y nunca han tenido un grupo tan esquelético en el Parlamento. El PP ha perdido la mayoría absoluta y eso les compensa el batacazo.