La gran mayoría de seres humanos que han pasado por la existencia se han preguntado alguna vez el sentido de sus propias vidas. La clave de ello está en los propósitos, los cuales difieren dependiendo del individuo al que nos refiramos. Desde el éxito profesional hasta el bienestar personal, son varias las metas que cada uno puede marcarse. Sin embargo, lograrlo requiere una inversión de tiempo y esfuerzo acorde a la distancia a la que estamos de convertir ese deseo en realidad. Si bien luchar por lo que creemos es una virtud, convertirlo en una obsesión puede distanciarnos de la esencia del propio final del camino, reduciendo la trayectoria vital a una naturaleza plenamente utilitaria. Es por ello que algunos pensadores han ofrecido su punto de vista al respecto a lo largo de la historia. Y es que podemos tener en cuenta una de las lecciones más importantes que nos ha dejado el recientemente fallecido Edgar Morín, el último de los grandes intelectuales del siglo XX. "La vida es un combate entre la prosa y la poesía. Cada uno debe intentar vivir poéticamente", esgrimió como parte de su legado. Disfrutar de la existencia El filósofo y sociólogo francés apelaba con estas palabras a la renuncia de someter nuestra existencia a un mero objetivo útil. La productividad es importante en un ser humano, siempre y cuando la frontera entre la pasión y la contemplación esté bien delimitada y con margen para poder prosperar de manera natural. Y es que se trata de un rasgo puramente humano. “Del mismo modo que hace falta sufrimiento para conocer la felicidad, hace falta prosa para que haya poesía. (…) “En la prosa hay ausencia de alegría; en la desgracia hay presencia de sufrimiento. Aquellos, como los encarcelados o excluidos, que padecen la desgracia, sí están condenados a la prosa, aunque a veces conozcan instantes fugaces de poesía”, explicaba el pensador en una de sus muchas entrevistas. Dejar paso en nuestro interior a la emoción y la reflexión es un elemento puramente esencial de nuestra naturaleza. Negarnos eso como persona es prescindir de una parte de nuestra identidad que nos hace únicos respecto al resto de la sociedad. Nos hace ser intransferibles en ese hueco que llenamos a lo largo de nuestra vida. La gran mayoría de seres humanos que han pasado por la existencia se han preguntado alguna vez el sentido de sus propias vidas. La clave de ello está en los propósitos, los cuales difieren dependiendo del individuo al que nos refiramos. Desde el éxito profesional hasta el bienestar personal, son varias las metas que cada uno puede marcarse.