Dispersi�n y dificultad para concentrarse, irritabilidad, ansiedad, apat�a o incluso colapso. Todas hemos estado ah�, todas hemos sentido que el cuerpo y la mente no daban m�s de s� como una muestra clara de fatiga. Y es que la sobrecarga de tareas es una realidad y una consecuencia de la alta autoexigencia a la que nos vemos sometidas, tanto en el plano personal como en lo profesional. Queremos ser un 10 en el trabajo, estar siempre disponibles, acordarnos de todas las fechas y tareas importantes, cuidarnos y cuidar de los dem�s, etc. Un marat�n que, en lugar de insuflarnos energ�a, nos la drena. Y eso es insostenible.

"Ojal� el d�a tuviera m�s horas" es una frase que seguro nos hemos dicho m�s de una vez. Y menos mal que no las tiene. 24 horas deber�an ser suficientes. Si queremos cuidarnos desde una perspectiva realista, lo que deber�amos hacer primero es prestar atenci�n a nuestra energ�a, m�s que al tiempo. Porque, como afirma Amagoia Eizaguirre, conferenciante y experta en h�bitos saludables, constancia y desarrollo personal, "puedes tener una agenda perfectamente organizada y aun as� sentirte agotada, dispersa o sin ganas de nada. Cuando cumples con todo lo planificado, pero terminas el d�a vac�a, significa que no tienes un problema de gesti�n del tiempo, tienes un problema de gesti�n de la energ�a". Ella lo compara con un m�vil, que puede tener muchas apps instaladas y muy bien ordenadas, pero si la bater�a est� al 5%, no funcionar�.Dominar al ladr�n de energ�aAct�a de forma silenciosa, es sutil y est� socialmente aceptada. Hablamos de la autoexigencia disfrazada de responsabilidad, esa voz interna que nos dice que deber�amos poder con todo y que convierte cada d�a en una carrera de obst�culos. A Amagoia le gusta llamarla "ladr�n de energ�a" y lo vincula con el s�ndrome de la vida ocupada, ese que nos tiene haciendo cosas todo el tiempo, creyendo que somos productivas, y a agotarnos como una forma de compromiso. Aviso: esta pr�ctica drena nuestra energ�a como un gasto constante y silencioso.Porque no es lo que hacemos lo que nos agota, sino la presi�n con la que lo hacemos. Y muchas veces el cuerpo nos habla de forma directa -migra�as, problemas digestivos, musculares o de sue�o- para enviarnos el mensaje de que algo no va bien. "�Cu�l es el criterio con el que mido mi rendimiento?" "�Esta lista de tareas responde a mis prioridades o a un est�ndar externo de productividad?" Son la clase de preguntas que deber�amos hacernos para empezar a cuestionar nuestro rendimiento. Se trata de "negociar con la autoexigencia para elegir conscientemente d�nde ponemos la energ�a, en lugar de repartirla a ciegas", aconseja la experta.Identificar nuestro cronotipo, introducir h�bitos de recarga y permitirnos pararSentir ese vac�o -a pesar de cumplir objetivos- es la se�al que nos deber�a empujar a tomar otro camino y dejar de vivir en piloto autom�tico. Un buen punto de partida puede ser detectar los picos y valles de nuestra energ�a para saber cu�ndo somos m�s eficientes, creativas, cu�ndo necesitamos hacer tareas m�s livianas o cu�ndo debemos tomarnos un respiro. Para ello, Amagoia nos invita a observarnos sin juzgarnos y a anotar durante una semana c�mo sentimos nuestro nivel de energ�a -del 1 al 10- en tres momentos del d�a, ma�ana, mediod�a y tarde. Ah� es donde aparecer�n los patrones relacionados con nuestro cronotipo o reloj biol�gico natural: "Hay personas que son m�s b�ho que alondra, y cuando organizamos nuestra vida ignorando eso, remamos contracorriente. El piloto autom�tico se rompe cuando empezamos a prestar atenci�n", defiende Eizaguirre.Comprender el ciclo menstrual y sus fluctuaciones hormonales tambi�n permite a las mujeres optimizar su energ�a y prevenir el agotamiento al adaptar sus tareas a cada etapa, seg�n explica la terapeuta �ngela Vazi. As�, la fase menstrual (baja energ�a) es ideal para la revisi�n y el descanso; la folicular (alta vitalidad) potencia el inicio de proyectos y la estrategia; la ovulatoria favorece la sociabilidad y los eventos p�blicos; y la l�tea se orienta a consolidar y cerrar tareas pendientes. En definitiva, integrar el ciclo en la planificaci�n diaria ayuda a entender que la productividad real no debe competir contra el propio cuerpo, sino apoyarse en el descanso como parte del rendimiento.En el d�a a d�a tambi�n podemos realizar peque�as recargas. No debemos esperar a petar para conced�rnoslas, ni deben ser actos excepcionales o complejos. Basta con peque�os gestos, que Amagoia clasifica en tres grupos. El primero son los "snacks" de movimiento, pausas de dos o tres minutos para estirar, caminar o simplemente ponerse de pie y sacudir el cuerpo, ayudando a que la mente se despeje. Segundo, la respiraci�n con intenci�n, tres respiraciones profundas con los ojos cerrados que funcionan como un reset sorprendentemente potente. Y tercero, el cambio de escenario, aunque sea por cinco minutos: salir a la terraza, asomarse a la ventana o mirar lejos. El cerebro necesita esos peque�os cortes para volver a enfocarse.Y recuerda: parar no es de vagos, es un acto de inteligencia. Creer lo contrario es una trampa; "nadie cuestiona que un deportista de �lite descanse entre entrenamientos, de hecho, el descanso es parte del entrenamiento", defiende Amagoia. Aprender a parar ser� probablemente la habilidad m�s rentable que podamos desarrollar y la forma de cuidar nuestra energ�a para poder invertirla en lo que realmente importa.