En una estrecha calle llena de grafitis de Sarajevo, la capital de Bosnia y Herzogovina, un sendero que atraviesa un jardín cubierto de maleza conduce a una puerta blanca. Al otro lado de esa puerta se encuentra la sede social de una empresa que está a punto de adjudicarse contratos por valor de más de 1.000 millones de dólares.
La compañía AAFS Infrastructure and Energy está a punto de lograr una concesión para construir y explotar un gasoducto a través de los Balcanes que permitirá que el gas enviado desde EEUU sustituya a los suministros que llegan actualmente de Rusia. “Puede convertirse en el proyecto de infraestructura más importante de la historia de Bosnia y Herzegovina”, afirma uno de los altos cargos del país, quien, al igual que otros, pide permanecer en el anonimato para hablar de negociaciones delicadas.
La empresa no tiene ni siquiera experiencia de haber intentado un proyecto de esta envergadura. Lo que sí tiene son conexiones personales directas con Donald Trump.
Uno de los representantes de AAFS es un abogado de Washington que ha defendido a los Trump en diversos casos judiciales de carácter político. El otro es el hermano del exasesor de seguridad nacional del presidente. Ambos formaron parte de una campaña a la que Trump tiene especial cariño: el intento de revocar su derrota en las elecciones presidenciales del año 2020.










