Tuve la oportunidad de conversar con un sacerdote, prolijo y lúcido analista de la relación de la Iglesia en la sociedad, quien no disimuló su entusiasmo al emitir sus primeros comentarios acerca de la nueva Encíclica Magnífica Humanitas, publicada hace pocos días por el papa León XIV, señalando que la Encíclica es una respuesta directa del magisterio cristiano a la transformación digital con todos los retos que eso implica, mencionando también que no es un documento técnico sino uno profundamente humano, con todo el respaldo histórico de la Doctrina Social de la Iglesia. En esa línea fue muy claro al señalar que la Encíclica no condena la tecnología, sino que la interpela, cuestionando lo que el mercado olvida y los algoritmos ignoran.El punto es el que el papa al presentar su Encíclica advierte que la inteligencia artificial (IA) debe ser “desarmada”, agregando que hace esa aseveración porque este momento histórico exige palabras capaces de captar la atención; hay críticos que advierten que la posición del papa es radical, pues también advirtió de los paralelismos entre la tragedia de la institución de la esclavitud y las amenazas incipientes de “nuevas esclavitudes digitales”. Es oportuno señalar que en la nueva Encíclica, el papa incluyó lo que se considera una de las disculpas más contundentes del Vaticano por la posición de la Iglesia respecto de la esclavitud. Para León XIV existe en los actuales momentos una especie de inacción frente a los riesgos de la inteligencia artificial, aduciendo incluso cierto paralelismo entre la falta de respuesta actual y “la tardanza con la que tanto la sociedad como la Iglesia llegaron a denunciar el flagelo de la esclavitud”.Debe tomarse en cuenta que en su primer discurso ante los cardenales y a pocos días de ser designado como papa, León XIV identificó a la inteligencia artificial como uno de los principales retos que enfrenta en estos tiempos la humanidad, comparándola con una nueva revolución industrial, enfatizando que la Iglesia debe ofrecer una respuesta ética ante el avance de la inteligencia artificial. En ese contexto, el padre con quien conversaba de la nueva Encíclica fue terminante al señalar que el algoritmo que excluye al pobre del crédito no lo odia, simplemente no lo ve como persona, la plataforma que mantiene al adolescente pegado a la pantalla no quiere dañarlo, simplemente calcula tiempo de atención, el desplazado por la automatización de una empresa no es un mal ciudadano, simplemente no tiene cómo justificar que puede acceder a un crédito. Hay que reconocer la importancia del documento papal aún más con el avance abrumador de la IA que parece no tener límites. Pero el verdadero reto consiste en que su enunciado sirva de guía y orientación en momentos de grandes cambios tecnológicos y no se convierta en simple objeto de tertulia y curiosidad intelectual. En 2015 el papa Francisco lanzó su Encíclica sobre la crisis climática, años después se lamentaba la inacción de Gobiernos e instituciones frente al problema. (O)