La primera noche

Tras una hora de viaje, avanzamos por una pista de tierra flanqueada por árboles y recorremos 200 metros junto a un campo abierto, hasta divisar la granja. Es la 1:30 de una madrugada de invierno y la hilera de ventanas dispuestas a lo largo de las naves permanece iluminada. En pocos minutos vamos a entrar a una explotación industrial de cerdos ubicada en Lombardía, al norte de Italia.

He acudido, como fotoperiodista, con el equipo de investigación de Essere Animali. Sus operaciones encubiertas han expuesto, durante años, la violencia sistemática perpetrada contra cerdos, pollos, gallinas, terneros o peces —entre otros animales— en explotaciones ganaderas y piscifactorías.

Esta noche iniciamos un trabajo que durará tres semanas. Entraremos a varias explotaciones ganaderas durante la noche, sin autorización, con el objetivo de obtener material gráfico y exponerlo posteriormente al público.

Documentar con rigor las condiciones de vida de los animales explotados en granjas exige acceder a sus centros de cría sin autorización. Las coartadas usadas por activistas que consiguen acceder con permiso a sus instalaciones resultan insuficientes. Generalmente, los propietarios acaban condicionando el recorrido y vigilan cada movimiento, mostrando solo aquello que cumple con su escaparate comercial. Además, los controles oficiales suelen ser anunciados con antelación, lo que permite a los responsables maquillar las instalaciones y ocultar los problemas estructurales de la granja así como los incumplimientos a las normativas de bienestar animal. Este diagnóstico es compartido por los periodistas y activistas con quienes he trabajado, y coincide también con el análisis del coordinador de la organización, a quien consulto para entender la razón detrás de estas incursiones. Acceder de manera clandestina no es un recurso opcional, sino la única forma de mostrar la realidad.