Tras las elecciones andaluzas y la revelación de Zapatero, se ha consolidado el hundimiento del Partido Socialista y se acerca inexorable, para España, la hora de la verdad, que en la tradición española es la hora de la muerte, del ser o no ser. A la mayoría de lectores esta afirmación les parecerá un desatino. Temo que yerran. Francesco Fotia / ReutersLas próximas elecciones generales se plantearán por el presidente Sánchez con esta propuesta central: impulsar una mutación constitucional que desemboque en un Estado plurinacional de estructura confederal. ¿Por qué? Porque piensa que, tras el ominoso póker de derrotas socialistas en sendas elecciones autonómicas, el único programa con el que aún tiene alguna opción de ganar las próximas generales es una desinhibida y radical propuesta de ruptura total con la transición, la Constitución y el régimen del 78, más la implícita y posterior implantación de la tercera república. Piensa que un programa así le garantizará el apoyo de las derechas nacionalistas catalana y vasca, así como la continuidad de la coalición izquierdas-separatistas.Advierto, desde hace años, que este proceso se inició solapadamente, tiempo ha, a impulso del presidente Sánchez. Es un proceso en tres etapas y un epílogo:1ª etapa. Exaltación de la plurinacionalidad: Catalunya, Euskadi y Navarra (esta mientras no la fagocite Euskadi) son naciones; España no: es solo un Estado, un mero artilugio jurídico carente de alma.2ª etapa. Establecimiento de relaciones singulares entre las naciones históricas y el Estado.3ª etapa. Mutación constitucional del Estado autonómico a un Estado confederal, que vendrá obligada por la existencia de varias relaciones singulares.Epílogo: derrocamiento de la monarquía; su vigencia está indisolublemente unida a la existencia de la nación española.Tras las elecciones andaluzas y la revelación de Zapatero, se consolida el hundimiento del PSOE y se acerca para España la hora del ser o no serTodo lo cual implica la muerte de España como nación, es decir, como un ámbito de solidaridad primaria e inmediata en el que todos los españoles son iguales. Al haber varias naciones, la solidaridad entre los ciudadanos se constreñirá al ámbito de cada una de sus respectivas naciones o patrias, por recaer también exclusivamente en cada una de ellas su sentido de pertenencia. No pueden sentirse solidarios con los españoles quienes no se sienten tales, por carecer de sentido de pertenencia a España.Recapitulo. Lo hago sobre el llamado “problema catalán”, que para mí es el “problema español de la estructura territorial del Estado”. Así, pensé y sostuve durante años que Azaña tenía razón al propugnar un pacto político, pero con el paso del tiempo y en vista de lo sucedido, me he convencido de que la razón la tenía Ortega, para el que solo es posible la “conllevancia”, porque el “problema catalán” no tiene solución. Lo acepto. Ahora bien, los hechos me han obligado a dar un paso más: a constatar que la conllevancia provoca inevitablemente la destrucción de España como entidad histórica (como nación) y como proyecto político de futuro (como Estado).Y como quiero que España siga existiendo para las comunidades que quieran seguir juntas, de modo que el interés general de todas prevalezca sobre el interés particular de cualquiera de ellas, apuesto por atenernos a este plan: 1º. Culminar el Estado autonómico con arreglo a las pautas de un Estado federal. 2º. Aceptar sine ira et estudio que las comunidades que no lo aprueben y reivindiquen para sí una relación singular puedan separarse de España.Cuantos oyen esta propuesta la tildan con dureza de absurda e inviable. Pero persisto en ella, y el tiempo me dará la razón. Porque, una de dos: o se acepta la deriva confederal de España, que es su muerte, o se deja el campo libre para que se vayan las comunidades que no quieran ser españolas. Esto haría posible la continuidad de la España que quiera seguir viva como depositaria de su propia historia, como titular de su legado y sin la amenaza constante de la “dispersión intrapeninsular”, que temía Ortega en su “España invertebrada”.Pero, aunque sea sin esperanza, yo preferiría que no se fuese nadie. Veremos.