En pleno tsunami informativo sobre los conciertos de Bad Bunny, el concierto de Maria del Mar Bonet en el Palau de la Música para presentar su disco L’aigua no cansa ha tenido que ganarse un espacio propio. Lo saben las personalidades que deciden morirse el mismo día que un personaje más conocido: la jerarquía de las noticias puede llegar a ser cruel. En el ámbito de la cultura, la selección natural obliga a administrar el espacio sabiendo que tiene más audiencia hablar de Bad Bunny que de las nuevas canciones de la Bonet. Por suerte, algunos medios han publicado crónicas del concierto del Palau y entrevistas de la cantante con un respeto que invita a creer que todo no está perdido. Maria del Mar Bonet Ana Jiménez / PropiasGracias a estas crónicas he sabido que, durante el concierto, Bonet cantó Me n’aniré de casa . Me habría enterado igual porque, el sábado, una espectadora (de mi quinta; hacía siglos que no sabía nada de ella) me envió un mensaje desde un número no indexado que decía: “En el Palau, Maria del Mar Bonet acaba de cantar Me n’aniré de casa . Muy emocionada, he recordado cuándo tú la cantabas con la guitarra”. ¿De verdad la había cantado? Sí, pero admito que no me acordaba (me niego a pensar que la espectadora sea un robot creado por la maligna Inteligencia Artificial). En las entrevistas, a Maria del Mar Bonet no han dejado de preguntarle por sus sesenta años de trayectoria –en octubre hará 50 años del concierto del Olympia, donde volverá a cantar—. Ella ha toreado la pregunta retrospectiva recurrente, dejando claro que tener trayectoria no debería convertirse en un pretexto para jubilarla anticipadamente y agradecerle los servicios prestados con una adulación paternalista y una lluvia de homenajes. La palabra trayectoria también es sinónimo de camino, órbita, trayecto, evolución, experiencia y de un recorrido que –el disco así lo confirma– todavía no ha acabado.En octubre se cumplen 50 años del concierto del Olympia, donde Maria del Mar Bonet volverá a cantarComo —no sé si por principios o por esnobismo— me niego a financiar los monopolios digitales de la musica, he comprado el CD (físico) de L’aigua no cansa en una de las pocas tiendas especializadas que quedan en Barcelona (Disco 100). Lo he disfrutado con la misma plenitud de aquellos conciertos en la plaza del Rei en los que Bonet tenía que esquivar las interrupciones de las campanas y carillones del barrio, o de los conciertos en el Romea - Jim , Petita festa , L’amor tot s’ho va l, Es fa llarg ...— con Quico Pi de la Serra. Lee tambiénEl disco confirma que la trayectoria de Bonet continúa, y que tiene un nivel de coherencia, sensibilidad, talento y madurez que, en un mundo adicto a la superficialidad compulsiva, la dopamina instantánea y la mitificación de la ignorancia, reconforta y emociona. Momentos en los que, escuchando sus nuevas canciones, de repente recuerdas que, acompañando la trayectoria de la artista, canté Me n’aniré de casa sin saber que, más de cincuenta años más tarde, una fiel admiradora de Bonet se acordaría.