Flor de Lava está compuesto (de izq. a der.) por Paula van Hissenhoven, Natalia Medina, Sabi Satizábal, María McCausland, Pilar Cabrera y Brina Quoya.Foto: Ricardo BordaResume e infórmame rápidoEscucha este artículoAudio generado con IA de Google0:00/0:00Semanas atrás tuve una invitación que atesoré: el cierre de un festival gratuito en el auditorio del Centro Colombo Americano, en pleno centro de Bogotá. Contó con la presentación de Asael Cuesta y Flor de Lava, pese a algunos retrasos por inconvenientes de producción. Afuera había una fila importante de esos bogotanos que con los años han ganado más que mi aprecio: seres intelectuales a los que les importa el arte, que lo buscan y lo aplauden, que no esperan reconocimiento ni estatus, sino llegar a vivir un momento que sabrán resguardar. Con un auditorio de más de 200 personas, las dos presentaciones lograron hacernos retener el aliento y aflorar esa filigrana de los sentimientos que cada vez se busca menos. Con Asael se colaron unas lágrimas entre la melodía de su voz y la historia de cómo una de sus asistentes —sin conocerlo— pagó sus pasajes para que pudiera participar de un encuentro nacional y así iniciar su carrera musical. Luego, el motivo que me congregaba: Flor de Lava, una agrupación de seis mujeres tan reales como hermosas, guerreras de la música y del poder de su verbo y su escena. Además pude conocer su nuevo lanzamiento, “Anestesia”, y enamorarme un poco más con sus palabras: "¿(...) cómo hacer si en todas partes alguien se quiebra? (...) y mientras tanto, del otro lado la vida duele, la vida pesa, nadie hace nada, ¿somos de piedra? (...) Yo vengo a tallar todo lo que encierra, vengo a derribar muros que me alejan. Me atrevo a sentir, aunque mucho duela. Vale más vivir sin tanta anestesia".Le puede interesar: El mundo al revés de los permisos de los espectáculos (Opinión)Ver cómo el arte puede abordar la crisis de la sociedad digital y el adormecimiento colectivo —y lograr que más de doscientas personas nos pusiéramos de pie a aplaudir— , me llevó inevitablemente a pensar en ese artista que Hannah Arendt, en su ensayo “La crisis de la cultura” (1961), describió como “el último individuo que queda en la sociedad de masas”. Y, comprobar que existen artistas que aún resisten lo que Byung-Chul Han diagnostica en “La salvación de lo bello”: esa tendencia del arte a exponerlo todo como una sobrecarga vacía, sin ese algo que te jala, sin esa tensión que convoca al otro y lo hace parte de la obra, en lugar de una verdad que trasciende. Agrupaciones como Flor de Lava son prueba de que también existe la música que no complace sin más, que no se detiene en destacar la vulnerabilidad emocional de la mujer como un producto o como un ente que factura, sino que se adentra en lo que duele, lo nombra y desde ahí invita a trascenderlo. Eso es lo sublime, aunque cada vez se busca menos.Le sugerimos: El reto de comprar una entrada para un gran evento de estadio (Opinión)Ahora, el arte y el entretenimiento no deben estar en pugna. El arte siempre ha sabido contener al entretenimiento, y ha permitido que cada quien decida cuál es su arte, cuál es su memoria y reflejo. Desconocerlo sería ignorar la otredad y la realidad de masas que siempre le han acompañado. Ya cada quien recordará —o no— que somos lo que hacemos y cómo impactamos. Eso sí, como cada vez parece más difícil sobrevivir cuando el mensaje que se transmite no complace a lo popular. Propongo entonces reemplazar el debate por unos llamados. Primero, al Estado y al legislador, para que protejan las herramientas que permiten redistribuir lo que los grandes producen y sostener la creación. Esto ya se logra tímidamente, con instrumentos como CoCrea —que puede cubrir hasta el 57,8 % de la inversión en un proyecto cultural— o la contribución parafiscal de la Ley del Espectáculo Público, que financia la infraestructura y circulación de las artes escénicas. Estas herramientas no pueden jamás ser privilegios, son la estructura que hace posible que un auditorio de 200 personas se ponga de pie un jueves cualquiera en Bogotá, y que una agrupación como Flor de Lava pueda seguir entregando esas palabras que nos fortalecen con encanto en medio del caos. El otro llamado es para los grandes empresarios del entretenimiento: celebramos su alcance e invitamos a que no se limiten solo a cuidar su negocio, que reconozcan que lo sostenible siempre será cuidar a su público y su gente. Lo que producen masivamente moldea socialmente, construye referencias y define qué cuenta como cultura. Por eso es tan importante que cada espectáculo tenga un área que se ocupe de la sostenibilidad, el ambiente y revise su impacto cultural y social. El llamado para quienes hacemos parte de este sector, de un lado u otro, es: cada acción y palabra que se transmite resonará con el arte y el entusiasmo que este produce. Puede socavar lo poco que queda de valores en una sociedad que no siempre se reconoce como una, o puede ofrecerse como refugio para transmitir lo que no siempre es “perfecto”, editado ni complaciente. Somos también lo que dejamos perder.Siga leyendo: La sostenibilidad del sector creativo está en juego (Opinión)Conoce másTemas recomendados: