Entregados al mundo de la moda, el malagueño Ismael López (34 años) y el siciliano Gabriele Di Martino (35 años) viajaban prácticamente todas las semanas. En su trabajo visitaban Barcelona, París, Milán o Estocolmo. En cada ciudad, durante su escaso tiempo libre, buscaban restaurantes singulares, pequeños negocios que tuviesen encanto. Cuando se cansaron de tanto avión, decidieron dejarlo todo. Se mudaron de Madrid a Málaga con la idea de crear un espacio que reuniese lo que más le había gustado de esas visitas gastronómicas. Fue el punto de partida de Rogada Wine Bar, un espacio que abrió en abril de 2025 en el barrio de la Trinidad con los vinos naturales como protagonistas. Una sencilla carta basada en productos cercanos como boquerones en vinagre (5 euros) y elaboraciones sencillas como el pepino en salmuera (5 euros) permite acompañarlos en el picoteo. Sus nueve mesas que exigen reserva, pero hay también dos barras que dan margen a la improvisación. El restaurante se encuentra en los límites del popular vecindario trinitario y no es casualidad. La pareja buscaba un lugar cerca del centro, pero que no estuviera en el corazón turístico de la ciudad. “No queríamos un turismo de masas, buscábamos un sitio más tranquilo, un público más de aquí”, señalan quienes apostaron por un local en los márgenes que antes había sido cafetería, frutería o tienda de móviles. Lo encontraron con su interior recubierto de madera al completo, salvo el techo. Ellos rascaron y eliminaron para descubrir el terrazo en el suelo y el hormigón en las columnas, que dejaron sin pintar. La presencia de metal, como los platillos donde sirven las gildas (3 euros) o los candelabros elaborados con tubos de acero reciclados que sobraron de la obra, completa un espacio crudo de decoración sencilla, alejado de estridencias y aspecto vintage. Abrió sus puertas el 1 de abril de 2025 bajo el nombre de Agrado, pero un problema con una salsa homónima les obligó a desordenar las letras y modificarlo, aunque su clientela habitual le sigue llamando como el primer día. En su hilo musical, con listas creadas junto a sus amigos, son habituales artistas como Thundercat, Pino D’Angiò, Kali Uchis o Rusowsky. A veces la música ni se oye entre el jaleo de las mesas, impulsado con frecuencia por los vinos naturales, que invitan a repetir y brindar. Son la esencia de Rogada, que arrancó con 15 referencias y un año después cuenta ya con más 60. Es un catálogo que resume bien el sector nacional, con bodegas procedentes de todo el país. Las hay malagueñas, como las propuestas de Samuel Párraga desde Coín o Simbad Romero desde Ronda. También cercanas, como las del equipo de En Movimiento, con base en Puerto Real (Cádiz) y un mimo especial por la uva palomino fino; o las de Barranco Oscuro, en la Alpujarra granadina. “Son increíbles”, destaca Gabriele, que dice estar obsesionado con uno de sus vinos, Rubaiyat, un syrah con barrica, potente y toques minerales. “Pero es que tienen hasta un riesling alpujarreño”, añade el italiano. Más allá, bodegas catalanas —como Cosmic Vinyaters o La Furtiva— y una gallega, Tachín, que suele trabajar con uva godello. Hay una pizarra que ofrece diez referencias por copas que van cambiando cada semana y, cuando surge, celebran catas con los productores. “Nos encanta ir a las bodegas para ver cómo es todo el proceso, pero también que ellos vengan y expliquen lo que hacen”, recalcan. Quesos, anchoas y helado Con la copa llena toca decidir el picoteo para acompañar. La carta está formada por platos diseñados para compartir. “No somos chefs, así que no hay elaboraciones difíciles o salsas complejas. Nos basamos sobre todo en el producto”, subraya Ismael, cuya labor está más centrada en la cocina. Es estrecha, pequeñita, pero da para preparar una mantequilla casera que se sirve de entrante junto a pan de pasa madre (3 euros) de Ilustre, un proyecto del propio barrio de La Trinidad. O para aderezar un delicioso pepino en salmuera acompañado de smetana —salsa parecida a la crème fraîche— y un punto de miel para contrastar los sabores dulces, salados y agrios. La tosta de anchoa y mantequilla ahumada de Rooftop (3,5 euros) es una de las mayores peticiones de los clientes al igual que las conservas de Felisa, con el atún rojo por bandera. La tabla de quesos (14 euros), que siempre lleva tres referencias —la mayoría nacionales, que eligen junto a Picnik Artisan Cheese, tienda especializada ubicada en el Soho malagueño— que sirven con frutos secos y fruta. Más allá, mejillones en escabeche (12 euros), canelones de espinacas y ricota (18 euros) o una reinvención de la clásica ensaladilla rusa a partir de boniato y bacalao ahumado (8 euros). Para el postre, por unos cinco euros, ganache de chocolate con aceite y sal, panacota de té macha e incluso helado de torta Inés Rosales elaborado por Canela en Rama. Rogada Wine BarDirección: Av. Dr. Gálvez Ginachero, 5,Teléfono: 614 47 20 47Horario: De martes a jueves de 19:30 a 23:30, viernes y sábados de 19.30 a 00.00Precio Medio: 25/35 euros.