El mundo de par en parEl presentador y analista estadounidense reflexiona en ‘El canto de las sirenas’ sobre c�mo nuestra capacidad de atenci�n ha sido vendida a los oligarcas tecnol�gicos: "Es el recurso m�s valioso del siglo XXI, m�s que el petr�leo"Actualizado Viernes,
marzo
15:36Algo ha cambiado en nuestras vidas. Todos reconocemos esa sensaci�n palpitante: la mente que salta de una cosa a otra, la incapacidad de sostener una idea m�s que unos segundos, el impulso casi autom�tico de consultar el m�vil sin saber muy bien por qu�. Basta echar un vistazo al and�n del metro o al cruzar un sem�foro para ver hileras de rostros iluminados por una pantalla. A menudo sorprendemos a un grupo de amigos en una terraza, cada uno inclinado sobre su dispositivo... hasta que, instantes despu�s, somos nosotros quienes cedemos al aviso que parpadea en nuestra propia mano. Algo ha cambiado en nuestras vidas, y Chris Hayes (Nueva York, 47 a�os) tambi�n lo ha notado.El periodista y analista pol�tico acaba de publicar El canto de las sirenas (Taurus), un ensayo sobre c�mo la atenci�n se ha convertido en nuestro bien m�s preciado y amenazado. Un texto que considera su propia forma de resistencia, algo as� como una br�jula para recuperar el control de su tiempo: "Mucha gente me pregunta cu�l es mi m�todo para hacer frente a la distracci�n. Mi respuesta siempre es: escribir", explica por videollamada. "Cuando tengo una fecha l�mite para entregar un trabajo, necesito concentrarme y ponerme a leer en profundidad, no en diagonal. Cada vez me resulta m�s dif�cil hacerlo sin esa disciplina autoimpuesta. Escribir es el medio que he encontrado; no todo el mundo puede hacerlo as�, pero a m� me funciona".Para saber m�sSu libro se abre con el mito cl�sico de Ulises y las sirenas como met�fora de la atenci�n. Si Ulises tuviera una cuenta de TikTok, �cree que habr�a sido capaz de resistirse a las sirenas?Creo que habr�a tenido que obligarse a hacer algo parecido a lo que hace en La Odisea, �no? (R�e). En cierto modo, hoy existen peque�as funciones que se venden precisamente como una forma de atarte al m�stil. En el iPhone, por ejemplo, puedes fijar l�mites de tiempo para las aplicaciones. Yo suelo utilizar un programa que bloquea la conexi�n a internet en mi ordenador durante determinadas horas. Todas esas herramientas son versiones 3.0 del m�stil. La cuesti�n es que, sin ellas, resulta bastante dif�cil no caer en la tentaci�n de mirar y hacer scroll durante largos periodos.Sostiene que la atenci�n se ha convertido en el recurso m�s valioso del siglo XXI. �M�s valiosa que el petr�leo o el colt�n?Te dir�a que s�, f�jate. Basta con mirar cu�les son las empresas m�s poderosas y rentables del mundo. Google es un buen ejemplo: obtiene casi todos sus beneficios vendiendo la atenci�n de sus usuarios. Y es, b�sicamente, la empresa m�s rentable jam�s creada. Adem�s, la atenci�n es finita por definici�n. Solo puede estar en un lugar o en otro. Esa limitaci�n es lo que le da valor, a diferencia de los datos. Con el auge del big data, se dec�a que los datos son el nuevo petr�leo, pero los datos son potencialmente infinitos. Lo que no es infinito es la cantidad de cosas a las que podemos prestar atenci�n en cada momento."Prohibir las redes sociales a los adolescentes se utiliza como sin�nimo de mantenerlos fuera de internet, cuando ellos deber�an estar ah�"El mito de las sirenas habla de seducci�n, pero tambi�n de p�rdida de control. �Qui�n est� hoy atado al m�stil... y qui�n lleva el tim�n? Dir�a que las sirenas, o lo que es lo mismo, el sonido de las notificaciones de las aplicaciones, son las que est�n al mando. Est�n consiguiendo lo que quieren: seducirnos, atraernos y, en el mito hom�rico, matarnos; en nuestro caso, extraer ingresos y valor de nosotros. El problema es que no tenemos suficientes mecanismos para atarnos. Circe advierte a Ulises de lo que va a ocurrir, y eso le permite trazar un plan. Creo que el primer paso, tanto individual como colectivo, es entender la din�mica, escuchar la advertencia y as� poder dise�ar una estrategia para gobernar el barco.Los gigantes tecnol�gicos y sus algoritmos monetizan la atenci�n. En Australia y en Europa se han planteado medidas para limitar el uso de las redes sociales entre menores de 16 a�os, un debate que tenemos ahora mismo en Espa�a...S�, algo he le�do. Creo que hay argumentos s�lidos en ambos lados. Es una cuesti�n controvertida. En cierto modo, merece la pena hacer el experimento y ver qu� ocurre. El problema de fondo es que el espacio digital ha quedado pr�cticamente en manos de corporaciones privadas. Pero prohibir las redes sociales a los adolescentes se utiliza como sin�nimo de mantenerlos fuera de internet, cuando internet es algo valioso e importante. Es el mayor repositorio de informaci�n humana, y ellos deber�an estar ah�. Lo que no deber�an es estar sometidos a un modelo de negocio que intenta lucrarse con su atenci�n. Adem�s de regular las redes, necesitamos reconstruir espacios donde se pueda aprender, conversar y relacionarse sin que todo est� dise�ado para capturar tu atenci�n. Se�alamos mucho a los j�venes, pero en pa�ses como el Reino Unido las ciberestafas afectan al 60% de los mayores de 65. �Existen diferencias generacionales a la hora de afrontar estas vulnerabilidades?En cierto modo, la generaci�n que creci� en lo que podr�amos llamar pobreza informativa es la que m�s dificultades tiene para proteger su atenci�n. Los baby boomers suelen tener activadas todas las notificaciones en el tel�fono. Su m�vil no deja de sonar y vibrar. Los m�s j�venes tienden a desactivarlas, porque han crecido en este entorno y han desarrollado defensas m�s naturales ante la urgencia. Si creciste en una �poca en la que, si llamabas a alguien y no estaba en casa, simplemente lo perd�as, ahora no quieres perderte nada. Creo que esa generaci�n ha tenido m�s dificultades para navegar este nuevo entorno.Llevamos a�os hablando de la econom�a de la atenci�n. Se han escrito decenas de ensayos sobre el tema. �Por qu� esta conversaci�n parece m�s urgente ahora?Es dif�cil se�alar una sola raz�n. Por un lado, hay una toma de conciencia creciente sobre el poder de los oligarcas tecnol�gicos. Las mismas empresas que han capturado nuestra atenci�n ahora nos dicen que van a transformar el mundo con la inteligencia artificial. Y mucha gente piensa: "No me gusta lo que hab�is hecho ya, �por qu� deber�a confiar en lo siguiente?". Tambi�n hay una reacci�n tard�a a la experiencia del Covid. Pasamos demasiado tiempo en espacios digitales y muchos salimos de ah� con una especie de resaca: la sensaci�n de que no es bueno para el alma ni para la sociedad pasar tanto tiempo en l�nea."Los datos son potencialmente infinitos; lo que es finito es la cantidad de cosas a las que podemos prestar atenci�n, y por eso resulta tan valiosa"En el libro plantea que incluso nuestras estructuras neurol�gicas est�n siendo moldeadas por esta nueva econom�a. �Hasta qu� punto vivimos un cambio evolutivo en nuestras capacidades de concentraci�n y socializaci�n?Creo que es algo profundo. La investigaci�n a�n es provisional y discutida, pero cada vez hay m�s estudios que sugieren que cuanto m�s tiempo pasamos en plataformas algor�tmicas, m�s nos cuesta concentrarnos a la larga. Tambi�n hay datos que apuntan a un descenso en nuestras habilidades cognitivas. Un paralelismo �til es el de la comida r�pida: es f�cil vender Coca-Cola o patatas fritas en cualquier lugar del mundo. Pero cuando ese tipo de alimentaci�n se introduce en una sociedad, empeoran los indicadores de salud.Figuras pol�ticas como Donald Trump han sabido capitalizar esta guerra con sus estrategias de comunicaci�n. �Nuestra falta de atenci�n al fondo del mensaje ha aupado a estos personajes pol�ticos al poder?Hay una relaci�n clara entre el entorno de atenci�n y el auge de figuras pol�ticas provocadoras. Ese estilo se alimenta tanto de los mecanismos algor�tmicos como de la feroz competencia por captar atenci�n. Quien est� dispuesto a provocar, polarizar y atraer incluso atenci�n negativa tiene una ventaja perversa en estos entornos. Dicho eso, tambi�n tiene costes: son figuras muy polarizadoras y eso limita su apoyo. Es un m�todo m�s eficaz para hacer campa�a que para gobernar.�Es entonces la polarizaci�n un subproducto inevitable de esta lucha por la atenci�n o una t�ctica deliberada?Toda pol�tica implica cierta polarizaci�n, porque se basa en la distinci�n. En Estados Unidos, la polarizaci�n empez� antes de esta versi�n de la econom�a de la atenci�n, pero el entorno actual act�a como un acelerador. El contenido que m�s atenci�n genera suele ser el m�s divisivo. No es necesariamente la causa original, pero s� un potente catalizador.�Cree que la izquierda y la derecha est�n jugando con las mismas reglas en este campo?Creo que la derecha, y en particular Trump, ha sido m�s h�bil en este sentido concreto. Pero eso tambi�n tiene contrapartidas: es una figura muy polarizadora y, ahora mismo, ronda el 39% en intenci�n de voto en Estados Unidos. No es una f�rmula infalible. Tambi�n hay ejemplos en la izquierda; se ha escrito mucho sobre c�mo L�pez Obrador domin� la atenci�n en M�xico de manera muy eficaz. Su partido fue uno de los pocos en el mundo que no sufri� el desgaste que s� experimentaron muchos gobiernos tras el periodo post-Covid.�Qu� ocurre cuando el debate p�blico deja de organizarse en torno a la verdad y pasa a hacerlo en torno al meme y el clip viral?Es horrible, un golpe brutal al discurso democr�tico. Soy consciente de que en todas las �pocas se ha dicho que el debate p�blico estaba degrad�ndose, es un argumento c�clico, pero el entorno actual es particularmente hostil a la deliberaci�n.Si la indignaci�n es el combustible m�s rentable... �queda sitio para la moderaci�n?La verdad es que me preocupa, pero tampoco quiero ser completamente pesimista. Hay gente que ha encontrado formas de crear contenidos profundos, sofisticados y matizados en este entorno. Yo mismo anoche estuve viendo en YouTube una larga conferencia sobre mec�nica cu�ntica. No todo es superficialidad. Lo importante es evitar la monocultura: necesitamos diversidad de formatos y f�rmulas de comunicaci�n. Solo as� podremos escapar de lo peor de esta l�gica de la atenci�n.Usted mismo trabaja en la televisi�n en prime time, compitiendo cada noche por el favor del p�blico y de los anunciantes. �C�mo lleva ser 'el hombre de la segunda pantalla' y presentar un programa mientras la audiencia mira el m�vil en su sof�?Es una pregunta interesante (R�e). S� que hablo para m�s de un mill�n de personas, pero no lo veo. No tengo un modelo mental claro de lo que hace el espectador mientras me escucha. Seguro que mucha gente me tiene de fondo mientras hace otras cosas. De hecho, me parecer�a fascinante ver im�genes de personas viendo mi programa en su entorno natural, mientras comparten historias o retuitean alguna publicaci�n.�C�mo percibe que ha cambiado el consumo de productos culturales en el �ltimo lustro?Parte de la industria del entretenimiento est� en crisis porque la atenci�n de los espectadores ha sido absorbida por las plataformas. Much�simo contenido en redes son fragmentos con copyright reutilizados en forma de v�deos cortos. El trabajo creativo de las productoras termina troceado y utilizado contra ellas mismas. Alguien deja de ver una serie nueva porque est� haciendo scroll viendo clips antiguos. En realidad, es un modelo de negocio muy perverso.Los periodistas estamos atrapados en ese mismo sistema, claro.Totalmente. Primero le ocurri� a la industria musical, luego a los peri�dicos, y ahora a la televisi�n y el cine. Las plataformas digitales controlan la distribuci�n y captan la atenci�n a base de interacciones, convirti�ndose en el actor dominante frente a quienes crean el contenido.Si tuviera que definir el 'anticanto de sirenas', algo que ayude a restablecer la atenci�n profunda frente al ruido digital... �qu� dir�a?Las tecnol�gicas son demasiado grandes y poderosas; habr�a que reducir su tama�o e influencia. Tambi�n necesitamos reconstruir espacios digitales c�vicos y no comerciales. Y, adem�s, un cambio cultural. Si miras fotos de hace 40 o 50 a�os, la gente fumaba en todas partes: en clase, en restaurantes, en aviones. Hubo una transformaci�n social y pol�tica que lo redujo dr�sticamente. No es exactamente lo mismo, pero podr�amos aspirar a algo similar: que sacar el tel�fono en una cena o en una conferencia resulte tan extra�o como encender un cigarrillo en el sal�n de un amigo.






