Retroalimentar búsquedas externas a un diálogo, impostura hecha hábito. En Reclaiming conversation Sherry Turkle exhuma la anatomía de la distopía comunicacional. En el centro, el celular. La asincronía como modo de conversación principal. El texto o la voz, que desplazaron a la llamada, permiten la edición. Son ciegos a las pausas, silencios, tonos de la conversación sincrónica que semblantean mejor la emocionalidad del otro. Nos “editamos” para una mejor versión propia, más cuando la modalidad naturaliza el delay y la velocidad en la respuesta puede ser medida de ansiedad. La edición es “narcótica” porque al minimizar el conflicto de mala calidad nos priva del “bueno”: la metacognición como motor de crecimiento y aprendizaje. Vivo afuera. Viajo cuando puedo. Largué tema con amigos y fue como decir que el Apolo 11 es un montaje. ¡“Todo lo que tenés se lo debés al celular!”, suelta uno. Tengo 61. Hace algo más de una década que uso el celu en modo no analógico. A mis 50 el grueso de lo que tengo/soy, para bien o para mal, ya lo tenía/era. Menos mi bendición que se la debo a varias cosas, incluso a la providencia, pero no al celular.
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