La guerra civil española. Una historia global (Galaxia Gutenberg), con los historiadores Javier Rodrigo, Miguel Alonso y David Alegre como coordinadores, propone releer el conflicto desde una perspectiva transnacional que desborda los límites tradicionales del frente y la política interna. La obra sitúa la contienda en el contexto de las grandes convulsiones del siglo XX y pone el foco en aspectos a menudo relegados –la economía, la retaguardia o la propaganda– para explicar cómo la guerra española anticipó dinámicas que marcarían la historia contemporánea europea. Los coordinadores respondieron a las preguntas de la revista.La historiografía actual ha prestado atención a otros aspectos sobre el conflicto que no son los estrictamente políticos o militares. ¿Qué nuevas dimensiones incorpora esta obra para ofrecer una visión más amplia y compleja de la guerra?En nuestro libro también aparecen los temas clásicos sobre la guerra, como las dimensiones militar, internacional, política o geoestratégica del conflicto, solo que revisados desde una perspectiva actual, y al calor de las investigaciones más recientes. Pero también hemos incorporado nociones sobre la violencia, perpetradores y víctimas; sobre guerra de ocupación y guerra irregular; sobre identidades en conflicto y fenómenos de construcción cultural e identitaria como el género o la nación; sobre memorias en conflicto y negociación en la construcción del relato público de la Guerra Civil. Este es el libro que sitúa el estado real de la investigación sobre la guerra y lo proyecta hacia los próximos años de debates, acuerdos y desacuerdos.El libro aborda la Guerra Civil desde múltiples escalas: local, nacional e internacional, pero también desde las costumbres, la violencia, las identidades. ¿Por qué era imprescindible combinar esos niveles para entender lo que ocurrió entre 1936 y 1939?Porque actualmente por esos canales discurre la investigación más novedosa sobre la Guerra Civil, que analiza aspectos como las cadenas de mando de la violencia, los refugiados o la sanidad de guerra, la feminidad y la masculinidad, los miedos o la vida cotidiana de los combatientes. Las grandes preguntas sobre la política o la dimensión internacional están bien resueltas, y ya no es el tiempo de estudiar la violencia, tanto en los frentes como en las retaguardias, sin atender a las identidades de los perpetradores. Estos son los temas de la investigación actual, y como tales los hemos recogido aquí.Miembros de la Falange en León, 1936Aurimages¿Hasta qué punto las investigaciones más recientes han cambiado nuestra comprensión de la Guerra Civil respecto a interpretaciones tradicionales o consolidadas?Si no la han cambiado, desde luego sí que la han ampliado. Las investigaciones de, pongamos, los últimos veinte años han reforzado la mirada trasnacional sobre la guerra, han complejizado los análisis sobre las violencias de retaguardia, han subrayado más que antes la dimensión del conflicto en tanto que crisis humanitaria, han rescatado historias sociales y culturales, han expandido la mirada a una guerra irregular superpuesta a la guerra regular, y eso –lo cual no es poco–, ha contribuido a cuestionar miradas tan asentadas como la de la propia cronología del conflicto. No podemos entenderla hoy igual que hace treinta años, no digamos ya sesenta, cuando nace realmente la historiografía sobre la Guerra Civil.El volumen reúne a numerosos historiadores jóvenes. ¿Por qué era importante contar en este libro con una nueva generación de especialistas y qué aportan sus miradas a los estudios sobre la guerra?Porque hablamos de toda una generación que es la prueba más evidente del trabajo bien hecho por parte de la historiografía española desde la democratización del país y de la universidad; una generación que es un triunfo colectivo de todos, que se ha formado en entornos académicos globales de gran exigencia, con un amplio conocimiento de lenguas diversas y con una producción historiográfica que compite en los principales foros de debate. Ellos son los que han roto para siempre con los relatos sobre la supuesta “particularidad” de España, por mucho que dichos relatos sigan muy vigentes en la vida pública. Por eso es más importante que nunca hacer llegar a la sociedad voces como las de los investigadores de este volumen, que cuestionan viejas interpretaciones falaces de la historia de España, como las que atribuyen a los españoles un carácter naturalmente cainita o una supuesta incapacidad para acceder a la modernidad.Barricada en Barcelona en julio de 1936Dominio públicoEl libro sitúa la Guerra Civil dentro de procesos históricos más amplios. ¿Hasta qué punto el conflicto español anticipó dinámicas que después marcarían la Segunda Guerra Mundial?En la década de 1930 España fue un espacio atravesado por las mismas tensiones y problemas que se experimentaron en el entorno atlántico, europeo y mediterráneo. Por eso la guerra civil española fue una caja de resonancia global que, a través de las lecturas que se hicieron de ella, condicionó las actitudes sociales y políticas en latitudes muy diversas. No por casualidad, la forja del Pacto Antikomintern –base del Eje en la Segunda Guerra Mundial– tuvo lugar al calor del otoño de 1936, meses clave en el realineamiento de alianzas internacionales, sobre todo en lo referente a la relación entre Italia y Alemania.La lectura de los acontecimientos españoles también fue importante para Stalin, muy impactado por los efectos de las divisiones y conflictos de la izquierda española en su lucha contra los golpistas, lo que sin duda contribuyó a alimentar y radicalizar la campaña de terror impulsada por el Estado soviético entre 1936 y 1938.Un tema central en el libro es el de las formas de la violencia. ¿Qué precedentes existían en la historia europea moderna de esa violencia y que “innovaciones”, por decirlo de algún modo, aportó la Guerra Civil?Solo cabe tener presente que entre 1936 y 1938 en la Alemania nazi o en la Italia fascista se había asesinado a unos pocos centenares de opositores políticos, mientras que en España las cifras repuntan hasta las decenas de miles en el primer verano y el otoño de la guerra. Los únicos precedentes homologables en la tradición contrarrevolucionaria por la escala de los asesinatos habría que buscarlos en las guerras civiles finlandesa y rusa, tres lustros antes. Esta última particularidad, propia de cada momento político, hizo que la lucha por la legitimidad fuera mucho más enconada si cabe en España, lo que llevó a los golpistas a implementar una maquinaria de eliminación regulada y centralizada que buscó desde el principio ocultar las evidencias de sus crímenes, al menos hasta comienzos de 1937.En lo referente a la persecución y la violencia experimentadas en la retaguardia republicana, las tradiciones políticas y los fundamentos sobre los que operaban eran diversos, desde la lógica revolucionaria de ciertas organizaciones políticas hasta la represión jurídico-legal del propio Estado republicano.Combates en la ciudad de Teruel durante la Guerra Civil, 1937-1938.AGE FotostockEn el ensayo del libro dedicado a la violencia contra las mujeres se dice que estas no solo fueron castigadas por ser mujeres, sino también por no ser las mujeres que se esperaba que fueran. ¿Conecta esto con el actual discurso reaccionario sobre la mujer por parte de la extrema derecha, pero también otros discursos normativos sobre lo que significa ser “mujer”?No, el acceso de las mujeres a todos los aspectos de la vida pública en estas últimas décadas ha sido tan incontestable y masivo que por suerte resulta irreversible. La extrema derecha no puede de ningún modo articular sus discursos y proyecciones de futuro tan solo en base a lo que ha sido la norma en la tradición política conservadora, que apuntaba a un reparto natural de tareas donde a la mujer le correspondía acatar la autoridad del marido y cuidar de su hogar y que es lo que se sentía que estaba en juego en 1936.Evidentemente, esta corriente sigue existiendo en ese espacio político, pero hoy día no puede ser dominante: ni siquiera las votantes de opciones conservadoras o de extrema derecha acatarían una vuelta a situaciones de sumisión. Pero conviene no olvidar que las posturas respecto a la posición de la mujer en la década de 1930 eran muy similares tanto en la derecha como en la izquierda.Si un lector no especializado se acerca por primera vez a la Guerra Civil a través de este libro, ¿qué ideas fundamentales esperan que descubra o reconsidere?Sobre todo que resulta imposible hacer análisis reduccionistas de un conflicto radicalmente moderno como fue la Guerra Civil española, donde solo caben respuestas complejas, matizadas y con cierta densidad. También que puedan entender hasta qué punto supuso un parteaguas en la historia de España, algo sin precedentes, pero también que rompa con el tópico de la supuesta especificidad de España en la contemporaneidad europea, donde la violencia fue por desgracia un elemento esencial. Finalmente, el lector verá que no hay un bloque dedicado a los antecedentes o procesos que permiten explicar las formas que adoptó la Guerra Civil, pues estos se encuentran repartidos entre las aportaciones de algunos autores.Durante décadas se apostó mucho por los relatos de gran alcance que buscaban respuestas en las profundidades de la contemporaneidad española y sus conflictos seculares, similares por lo demás a los de otras sociedades de su entorno inmediato que no acabaron desgarradas por una guerra civil.El general Francisco Franco llega a Ceuta procedente de Canarias, para asumir el mando del ejército en 1936EFECreemos que el conflicto solo fue posible en su magnitud y crudeza por lo que sucedió en el verano de 1936: el fracaso de los golpistas en la conquista rápida del poder y la voluntad de resistencia de las autoridades republicanas, al tiempo que tras unos y otras quedó la sociedad española con grados muy diversos de adhesión y entusiasmo.¿Qué mitos o simplificaciones muy extendidos sobre la Guerra Civil creen que esta obra ayuda a desmontar?Pues realmente todos. Cualquier simplificación y mitificación al uso sobre la guerra sale aquí mal parada. Este libro reúne miradas complejas apoyadas sobre la investigación más puntera. No es una narrativa genérica ni una síntesis: es una compilación para poder sumar el máximo de voces posible, de los grandes temas que nutren los debates historiográficos. Las simplificaciones y los mitos se los dejamos a otros.En uno de los ensayos se lee que: “En la España de Franco, la memoria de la guerra fue un arma para condicionar el presente y el futuro”. ¿Cómo aborda la obra la legislación sobre la Memoria Histórica y las visiones revisionistas sobre la guerra?No abordamos la legislación, excepto en el análisis archivístico: uno de los ángulos oscuros, por cierto, de dicha legislación. Las visiones ahistóricas y propagandísticas quedan totalmente fuera del libro, vengan de donde vengan. Puesto que eso (la propaganda sesgada, presentista y teleológica) es lo que entendemos por “revisionismo” aplicado a la Guerra Civil y la dictadura de Franco desde principios del siglo XXI, lo que evidentemente aquí no tiene cabida. Es un debate que ya murió hace tiempo, mientras que este libro quiere sentar las bases interpretativas sobre la guerra en el presente.